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martes, 13 de marzo de 2018


MONICIONES PARA EL V DOMINGO DE CUARESMA (CICLO B)

 
MONICION DE ENTRADA:

Estamos ya muy cerca de los días de la muerte y la resurrección del Señor.

Hoy nuestro encuentro dominical nos invita especialmente a poner nuestros ojos en Jesús, que por amor acepta hundirse en la oscuridad de la muerte, y que así nos da la vida, transforma nuestros corazones, nos hace capaces de seguirlo.

Que esta celebración sea un acto de fe en el camino de Jesús.  Y que sea también un compromiso de cambiar nuestra forma de pensar y de vivir, para pensar y vivir como Jesús.

MONICION A LA PRIMERA LECTURA:

El profeta Jeremías anuncia el amor de Dios en toda su plenitud: establecerá nueva alianza con los hombres, la escribirá en sus corazones y les otorgará su perdón.  Aún más, los hará su pueblo y será su Dios por siempre.

MONICION A LA SEGUNDA LECTURA:

El autor de la carta a los hebreos sintetiza la vida de Cristo en su pasión: aprendió a obedecer, es decir, a aceptar la voluntad de Dios en su persona.  Sólo de ese modo, se convirtió en el modelo y salvador de sus hermanos.

ANTES DE LA ACLAMACION:

Con ocasión de la visita de unos griegos a Jesús, Juan anota el mensaje de Cristo al respecto: verlo no es suficiente.  Para conocerlo, hace falta descubrir la voluntad de Dios y aprender a morir para vivir como la semilla de trigo.

Oración universal: Presentemos a Jesús nuestra oración.  Él es nuestra resurrección y nuestra vida.

Responderán diciendo: Kyrie, eleison.

-Para que el dolor, el mal y la dureza de corazón sean vencidos por la fuerza del amor.  Oremos.

-Para que los que viven en la desesperanza encuentren luz en Jesucristo y manos dispuestas a ayudarlos.  Oremos.

-Para que cada vez haya en la Iglesia más jóvenes dispuestos a seguir a Jesucristo en el sacerdocio.  Oremos.

-Para que seamos capaces de transformar nuestro modo de pensar y de vivir, para pensar y vivir como Jesús.  Oremos.

-Para que Cristo que vino a traer la paz, destruya todos esos muros que separan esposos, padres, hijos, hermanos... para que llegue al mundo la amistad y el amor que todos deseamos.

Escúchanos, Señor, Jesús, y transforma nuestro corazón para hacerlo semejante al tuyo.  Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

martes, 6 de marzo de 2018


IV DOMINGO DE CUARESMA (CICLO B)
 

El cuarto domingo de Cuaresma es el domingo llamado “laetare”, es decir, de la alegría.  Las lecturas de este domingo nos presentan el motivo principal de esta alegría: El amor de Dios por nosotros.
 

La 1ª lectura, del segundo libro de las Crónicas, nos presenta a Dios como aquel que quiere ser nuestro amigo, pero Dios se queja porque muchas veces nos olvidamos de Él y lo traicionamos.  Lo peor que podemos hacer es olvidarnos de Dios, no acordarnos que Dios está detrás de nuestros éxitos; confiar sólo en nuestras propias fuerzas, darle la espalda al amor de Dios.
 

Si en nuestro mundo existe el mal es porque abandonamos a Dios; si existe corrupción e injusticias es porque abandonamos a Dios, nuestras infidelidades y nuestros pecados están llevando a este mundo a la ruina.
 

Todo el mal, la corrupción de tantas personas, tanto mal que hay en el mundo se puede evitar si dejamos de pecar.  Cuando nos olvidamos de Dios y le volteamos la espalda nos podemos convertir en verdaderos monstruos.  Entonces la vida se nos complica y se nos hace difícil porque pagamos las consecuencias de olvidarnos de Dios. 
 

Si estamos unidos a Dios, todo lo podemos en Él. Y lo que es más importante: vivimos y nos mantenemos en el amor.  Dios sigue preocupándose siempre por nosotros, aunque nosotros nos olvidemos de Él. Dios confía en nuestra fidelidad a Él, Dios confía en nosotros, Dios espera mucho de cada uno de nosotros.  Mantengámonos siempre fieles a Dios.
 

La 2ª lectura, de San Pablo a los Efesios, nos dice que el amor y la misericordia de Dios son muy grandes.
 

Dios es inmensamente rico en misericordia.  Esa es la gran riqueza de Dios, su infinito amor.  Nosotros, los hombres, medimos las riquezas con otra medida.  Normalmente ponemos por encima de todo al dinero.  Y decimos: “tanto tienes, tanto vales”.  Otras veces lo único que nos preocupa en esta vida es el prestigio ante los demás, el buen nombre, el aplauso, la fama.  Y hacemos lo que sea para conseguir estas cosas.  Pero Dios tiene una medida diferente.  Dios mide según el amor.  El verdadero amor nunca pasa de moda ni se acaba.  Por eso Dios nunca pasa de moda, es eterno, porque Dios es amor.  Y todo el que vive y muere por amor, participa de Dios y es verdaderamente rico, realmente feliz. 
 

En esta Cuaresma hemos de hacernos ricos, pero ricos en amar como Dios y dejarnos amar como Él nos ama.
 

El Evangelio de san Juan, nos presenta una plática de Jesús con Nicodemo y le dice: “Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea no perezca, son que tenga vida eterna”.
 

Esta es la Buena Nueva: Dios nos ama. A todos y a cada uno. Dios te quiere; no importa quien seas, ni cómo seas. Dios te quiere, aunque no lo merezcas. No lo merece nadie. Aunque nadie te quiera, aunque nadie perdone tu indignidad, tu carácter, tus fallas…. Dios te quiere, porque Él no nos quiere por nuestros méritos, sino por su entrañable misericordia. Y esta es la Buena Noticia, la mejor noticia: Dios te quiere hasta entregar a su hijo por ti. Mira a la Cruz verás hasta donde llega el amor de Dios por ti.
 

Dios te quiere. Estés soltero, casado, viudo, divorciado o lo que sea… Dios te quiere. Seas guapo, feo, desfigurado, discapacitado…; tanto si la vida te ha ido bien como si has tenido y tienes todos los problemas y fracasos del  mundo; si estás satisfecho de tu historia como si tienes la impresión de que todo lo tuyo ha sido un fracaso que ya no podrás cambiar, porque lo tuyo es causa perdida, Dios te quiere. Tanto si eres una persona respetable como si no lo eres. Dios te quiere. Tanto si estas seguro de tu fe como si estás lleno de dudas. Seas quien seas y como seas Dios te ama tanto que entregó a su propio Hijo para que, si crees en Él, tengas vida, y vida eterna.
 

Nosotros podríamos preguntarnos, pero, ¿así, sin más me ama Dios?  Sí, así nos ama Dios, nosotros lo que tenemos que hacer es con  toda humildad, abrirle la puerta de nuestra vida, para acoger su amor gratuito y acercarnos a Él para que su luz nos ilumine.
 

Nuestro mundo está lleno de luces, de estrellas que pretenden iluminarnos: las estrellas de cine, de la televisión, de la política, del deporte, etc.  Pero esas estrellas más que iluminar lo que hacen es deslumbrarnos y dejarnos a oscuras.
 

La luz de nuestra vida nos tiene que venir de Jesucristo y Él no va a ser elevado al estrellato de la fama, sino elevado en la cruz.  Lo que nos va a salvar es el amor de Dios, pero el amor de Dios se manifestó en su Hijo crucificado.  En Él está nuestra salvación.
 

El Crucificado es el lugar donde Dios nos ha revelado todo su amor. Míralo. Déjate iluminar por su luz. Acoge el amor que en ella se nos entrega para que tengamos vida eterna.

MONICIONES PARA EL IV DOMINGO DE CUARESMA
 

MONICION DE ENTRADA:

Hemos pasado ya la mitad de la Cuaresma.  La Pascua está cerca.  A lo largo de estas semanas, con buena voluntad, nos hemos esforzado por renovar nuestra vida, acercándonos más al Evangelio y uniéndonos más a Jesús.  Y lo seguiremos haciendo, convencidos de que merece la pena llenarnos del amor, de la luz, de la vida que Él nos ofrece.
 

MONICION A LA PRIMERA LECTURA:

El exilio de Israel a Babilonia puede verse como castigo o camino para que el Señor muestre su misericordia.  Crónicas lo interpreta así: cuando todo está perdido, Dios se deja ver aun en la política y diplomacia internacionales.
 

MONICION A LA SEGUNDA LECTURA:

Pablo hace saber a los cristianos de Efeso que no hay destino o determinismo en la vida del hombre, sino voluntad de Dios.  Nadie debe sentirse bueno por lo que hace o es, sino agradecido por ser escogido para serlo y hacerlo.
 

ANTES DE LA ACLAMACION:

Dios ama tanto al mundo que ha enviado a su Hijo para salvarlo.  Acepta esto quien cree.  Pero cree sólo quien es capaz de vivir e iluminar a otros con palabras y obras.  Por ello, el cristiano no vive para juzgar sino para iluminar.

 
Oración universal: Oremos en este tiempo de conversión y de renovación de nuestra fe y nuestra esperanza.

Responderán diciendo: Kyrie, eleison.

 
-Por el Papa y los obispos, por los sacerdotes y los diáconos, por los que trabajan en los consejos pastorales, por los catequistas, por los responsables de movimientos evangelizadores, por todos los que realizan alguna tarea en la Iglesia.  Oremos.

-Por los hombres y mujeres que trabajan en la política, en los sindicatos, en obras sociales, en tareas de promoción humana.  Oremos.

-Por los hombres y mujeres que en todo el mundo se preparan para recibir el bautismo en la Vigilia Pascual.  Oremos.

-Por los jóvenes que se preparan para ejercer el ministerio sacerdotal, por todos los que se sienten especialmente llamados al servicio en la Iglesia.  Oremos.

-Por nosotros, que durante esta Cuaresma queremos renovar nuestra fe y nuestra vida cristiana.  Oremos.

-Por las almas de aquellos que han muerto a causa de las guerras, acógelas Señor en tu Reino de Paz y Justicia.  Oremos

Escúchanos, Señor Jesús, y ten piedad de nosotros y del mundo entero.  Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
 

EXHORTACIÓN DE DESPEDIDA

Salgamos de la Iglesia con la gran esperanza de que la Redención está a punto de cumplirse. El Señor Jesús se ofrece para que nos salvemos. Y junto a la dificultad de la Cruz esta la gloria de la Resurrección. Será la Luz que nos salvará a todos. Es pues motivo de alegría. Nunca la Cuaresma ha de ser tiempo de tristeza.

martes, 27 de febrero de 2018


III DOMINGO DE CUARESMA (CICLO B) 
 
La liturgia de este tercer domingo de Cuaresma nos habla de la eterna preocupación de Dios por llevarnos hacia la vida nueva.  Por ello, la Palabra de Dios nos ofrece hoy algunas sugerencias para la conversión y la renovación de nuestra vida. 
 
La 1ª lectura del libro del Éxodo, nos muestra la preocupación de Dios por llevar al pueblo por el buen camino y para ello hace un pacto, una alianza con su pueblo y le entrega los Mandamientos. 
 
 
Los Mandamientos son una serie de indicaciones para conducir nuestra vida por el camino de la felicidad.  Son indicaciones fundamentales para nuestra existencia: nuestra relación con Dios y nuestra relación con las personas. 
 
Los Mandamientos son preceptos que expresan el mínimo respeto que debemos tener con los demás y son la base para una correcta relación entre los hombres.  La envidia, el falso testimonio, el robo, el adulterio, matar, no respetar a los mayores, no son solamente una falta grave contra el prójimo, sino que a partir de este momento, son también un pecado contra Dios. 
 
Los primero tres Mandamientos, regulan las relaciones del pueblo con Dios: Dios será el único Dios.  Su nombre será respetado; se le consagrará un día de descanso semanalmente a Dios. 
 
Los siete restantes Mandamientos regulan la convivencia con los seres humanos: respeto a los padres, a la vida, al matrimonio, a los bienes y a la fama.  Estos Mandamientos nos invitan a no ser violentos, agresivos, intolerantes, indiferentes ante las necesidades de los demás.  Todo lo que atenta contra la vida, la dignidad, los derechos de nuestros hermanos, es algo que genera muerte, sufrimientos, esclavitud, para nosotros y para todos los que nos rodean y no contribuye a que se haga realidad los proyectos de vida y felicidad que Dios quiere para nosotros. 
 
Los Mandamientos no son para limitar nuestra libertad, sino que son “señales” con las cuales Dios nos ayuda a recorrer el camino del bien, de la libertad y de la vida verdadera.  En este tiempo de Cuaresma, somos invitados a volvernos hacia Dios y a descubrir su papel fundamental en nuestra vida. 
 
La 2ª lectura, de San Pablo a los Corintios, nos invita a descubrir que la salvación, la felicidad no se encuentra en el poder, en la riqueza o ser importantes ante el mundo, sino en la aceptación de la cruz, es decir, en amar, en poner nuestra vida al servicio de los sencillos y humildes. 
 
Los seres humanos buscamos, muchas veces, seguir a líderes vencedores, que se imponen a la fuerza y que muestran su poder y su sabiduría, a veces incluso con prepotencia; sin embargo, Dios se nos muestra en la figura de Jesús, abandonado por sus amigos, condenado por las autoridades y muerto en la cruz.  Dios nos ofrece un proyecto de vida y de salvación que pasa por la muerte de la cruz.  La fuerza y la “sabiduría de Dios” se manifiesta en la fragilidad, en la pequeñez, en la pobreza, en la humildad.  Si Dios se manifiesta así, no busquemos nosotros ser importantes, ni tener autoridad, ni ser protagonistas; busquemos el escándalo de la cruz para obtener la felicidad y la vida en plenitud. 
 
El Evangelio de san Juan nos enseña hoy que el Templo debe ser un lugar de encuentro con Dios y de oración. 
 
¿Cuál es el verdadero culto que Dios espera de nosotros?  El culto que Dios quiere es que en nuestra vida escuchemos las propuestas que Dios nos hace y que esas propuestas las vivamos llevando una vida de entrega, de servicio a nuestros hermanos.  Que lo que celebramos y vivimos en la Iglesia se traduzca en ayudar a los pobres, a los marginados, a los enfermos, es decir, que hagamos vida lo que aquí celebramos. 
 
Nosotros también nos podemos convertir en mercaderes religiosos.  Y lo somos cuando damos limosna, nos confesamos y comulgamos pero para que nos salga bien un examen, un negocio, un asunto cualquiera.  Y ¡cómo nos enojamos con Dios! cuando no nos concede lo que le pedimos.  Y estos enojos nos separan del Señor. 
 
Hay otro mercantilismo religioso mucho peor que es cuando acudimos a la religión, o para engañarnos a nosotros mismos, o para engañar a los demás.  Cuando hay un rencor en nuestro corazón, o una situación injusta en nuestros negocios y vamos a comulgar para tranquilizar nuestra conciencia y no ver el verdadero problema que tenemos.
 
Cuantas veces queremos que Dios sea nuestro cómplice cuando tratamos de justificar desde la religión nuestras injusticias, dándole a Dios unas monedas para su Templo o para los pobres, para poder continuar con nuestros asuntos chuecos. 
 
Cuantas veces también nuestra celebración de los sacramentos no tienen un verdadero sentido cristiano, y bautizamos por costumbre, y hacemos la primera comunión porque todos lo hacen y nos casamos por la Iglesia porque es más bonita la ceremonia.  ¿No nos estaremos convirtiendo en mercaderes del Templo con todo esto?

MONICIONES PARA EL III DOMINGO DE CUARESMA (CICLO B)
 

MONICION DE ENTRADA:

Nos hemos reunido, como todos los domingos, aquí en la Iglesia.  Es nuestra casa, la casa de la comunidad cristiana, la casa de la familia de los hijos de Dios.  Es nuestra casa, la casa de la Iglesia, porque aquí nos reunimos nosotros, con Jesucristo, convocados por Él.  Nos lo dirá Él mismo en el evangelio de hoy: Él es el único templo. Él es quien nos acerca a Dios, Él es la presencia de Dios entre nosotros.

Por eso, hemos venido aquí, a nuestra casa, para estar con Jesús, para escucharlo, para alimentarnos de su vida.

 
MONICION A LA PRIMERA LECTURA:

Dios aprecia del humano el respeto que éste le da a Él o al hombre, su imagen.  Al proponer los mandamientos, Éxodo propone soluciones concretas a los males de la humanidad y sugiere la mejor forma de encontrar a Dios.

 
MONICION A LA SEGUNDA LECTURA:

Para salvar al hombre, Dios no necesita grandeza o razonamientos sutiles; le basta proponer a su hijo Cristo crucificado.  Algunos lo aceptan; otros lo toman como razón suficiente para alejarse o lo consideran ¡una barbaridad!
 

ANTES DE LA ACLAMACION:

El culto no es ocasión para vender, comprar o negociar, sino ambiente para buscar y encontrar a Dios. Por tal motivo, Jesús asegura que su cuerpo (y no el templo) será, desde ahora, el lugar del culto definitivo que lleva a Dios.
 

Oración universal: Juntemos nuestras voces en la oración por todo el mundo y por nuestras necesidades.

Responderán diciendo: Kyrie, eleison. 

-Por la Iglesia, por todos los cristianos: que en este tiempo de Cuaresma crezcamos en fidelidad a la Palabra de Dios y nos dejemos convertir por el Señor, que nos habla al corazón.  Oremos.

-Por cada uno de nosotros: para que nunca antepongamos nada al amor de Dios y de los hermanos.  Oremos.

-Por los que gobiernan las naciones: para que busquen el bien del pueblo y la justicia por encima de todo.  Oremos.

-Por los más pobres, por los que más sufren: para que encuentren en Jesucristo elevado en la cruz la fuerza que los ayude a superar su situación, y en nosotros la solidaridad activa que necesitan.  Oremos.

-Por los gobernantes y los políticos para que se dejen guiar por la fuerza y la sabiduría que viene de Dios. Oremos.

Escucha, Señor, las oraciones de este pueblo que se siente amado por ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

martes, 20 de febrero de 2018


II DOMINGO DE CUARESMA (CICLO B)

 
La liturgia de este segundo domingo de Cuaresma nos hace ver que la fe no es siempre un camino de rosas; conlleva renuncias y exigencias. Y muchas veces, esas renuncias nos tocan lo más querido, lo más sagrado para nosotros.
 
La 1ª lectura del libro del Génesis, nos presenta la figura de Abraham.  Para Abraham, Dios es el valor máximo, lo más importante. Para él lo más importante es cumplir los planes de Dios aunque lo que pida Dios pueda resultar exagerado.  A veces hemos pasado por situaciones difíciles en nuestra vida y por pruebas duras y quizás nos hemos preguntado ¿por qué me sucede esto a mí?  Incluso en esas pruebas, a lo mejor, hemos llegado a dudar de Dios, dudar de nuestra fe, de su amor, de su justicia.  Nos hemos preguntado ¿por qué permites esto?
 
Abraham es un buen ejemplo para nosotros ya que no entendía lo que Dios le estaba pidiendo, pero obedeció a Dios, no entendía pero tampoco cuestionaba a Dios.  Dios sabe lo que hace, Dios proveerá.  Y es que Dios exige y exige el máximo de nosotros.  Puede exigirlo porque Él siempre nos da el máximo.
 
Abraham nos enseña a confiar en Dios, incluso cuando todo parece caerse a nuestro alrededor y cuando los camino de Dios no los entendemos y no los comprendemos.  Cuando los sufrimientos nos llevan a la desesperación, es necesario seguir caminando con serenidad, confiando en Dios que es nuestra esperanza y que tiene un proyecto de vida para nosotros y para el mundo.
 
Lo que nos pasa a nosotros es que a diferencia de Abraham, en nuestra vida Dios no siempre ocupa el lugar central, el lugar más importante.  Con frecuencia, el dinero, el poder, la posición social, ocupan el lugar de Dios y estas cosas condicionan nuestros intereses, nuestras opciones, nuestros valores.  Como Abraham, hemos de hacer que toda nuestra vida gire y se construya sobre Dios.  Abraham es un buen ejemplo para nosotros en esta Cuaresma porque a veces, tenemos un fe débil y confiamos poco en Dios, para que le demos a Dios el lugar que se merece en nuestra vida.
 
La 2ª lectura, de San Pablo a los Romanos, nos recuerda cómo Dios nos ama con un amor inmenso y eterno.
 
Dios nos ama con un amor profundo, total, que nadie ni nada consigue apagar o eliminar.  Ese amor se manifiesta en Jesucristo que murió por nosotros.  Por eso, cuando pasemos por momentos de desilusión, de sentirnos solos, de sentirnos mal, cuando parece que todo el mundo está contra nosotros y que nadie nos entiende, no tengamos miedo, porque Dios nos ama.
 
Hemos de descubrir ese grande amor de Dios por nosotros para que tengamos el coraje y la valentía de enfrentar con serenidad y con el corazón lleno de paz esas situaciones difíciles de nuestra vida.  Como creyentes no tenemos que tener miedo de nada porque Dios nos ama y cuando seamos conscientes de este amor podremos enfrentar sin miedo la lucha por la paz y la justicia y luchar contra la opresión porque confiamos en que Dios nos ama y nos salva.
 
El Evangelio de San Marcos, nos ha presentado el episodio de la Transfiguración de Jesús.  Jesús se tiene que transfigurar ante sus discípulos porque éstos aunque han visto sus milagros no terminan de estar seguros quién es Jesús.
 
Nosotros también en nuestra vida de cristianos pasamos a menudo por momentos de dudas, de cansancio.  No aceptamos la misión de Jesús porque nos parece difícil o porque nos complica mucho la vida.
 
A veces también, estamos cansado de nuestra fe, desilusionados ante la cantidad de problemas sin resolver en nuestra vida.  Desconfiamos de todo y de todos ante el panorama de nuestro mundo lleno de injusticias y de violencia y ante el sufrimiento de tantos inocentes.  Queremos confiar en Jesús pero, a veces, nos cuesta tanto seguir a Jesús, nos cuesta tanto desprendernos de nuestras seguridades, de nuestra imagen, de nuestro poder, de nuestra seguridad económica.  Como a los discípulos nos cuesta aceptar que la cruz sea el camino para la gloria; nos cuesta dar sin medida, perdonar, ponernos al servicio de los demás.
 
La Transfiguración de Jesús nos dice que no nos desanimemos porque si seguimos a Dios no vamos a fracasar porque Él nos va a dar la vida definitiva, la felicidad sin fin.
 
Recuperemos pues la esperanza, el ánimo y la ilusión y para ello, es necesario que en este tiempo de Cuaresma escuchemos con mayor atención a Dios que nos habla y que nos invita a seguir a Jesús ahora, hoy y siempre hasta que descansemos en los brazos de Dios Padre.

 

II DOMINGO DE CUARESMA (CICLO B)
 

MONICION DE ENTRADA:

En este segundo domingo de Cuaresma la Iglesia pone ante nosotros cada año la figura de Jesucristo transfigurado.

Igual que quienes emprendemos una marcha, al contemplar desde lejos la cima que quieren alcanzar, se sienten animados para afrontar las dificultades del camino, así también los discípulos de Jesús:  viendo el rostro glorioso de Cristo, pedimos comprender mejor que la pasión  -el esfuerzo doloroso-  es el camino que conduce a la resurrección.
 

MONICION A LA PRIMERA LECTURA:

Si matar personas ha sido y es aún común por razones civiles y también religiosas, tal uso debe terminar, afirma Génesis.  Dios acepta la obediencia del creyente, pero no la muerte; ¡ni por mano del ofendido ni por razón de la ley!

 
MONICION A LA SEGUNDA LECTURA:

Pablo asegura a los cristianos de Roma que Dios está con ellos.  Los creyentes lo saben al descubrir que Cristo, su Hijo, ha muerto por ellos.  Por ello, esperan vivir su misma resurrección.  ¿Qué o a quién pueden temer?

 
ANTES DE LA ACLAMACIÓN:

La transfiguración de Jesús ante sus discípulos señala que Él es el Mesías.  Serlo no significa triunfar, sino morir por ellos.  Sin embargo, sólo entiende tal relación quien está dispuesto a escuchar a Cristo y aprende a seguir el mismo camino.
 

Oración universal: En Jesús, en su cruz, está nuestra vida y la de la humanidad entera.  Por eso ahora, llenos de fe, oramos confiadamente para que esta vida alcance a todo el mundo.

Responderán diciendo: Kyrie, eleison.

 
-Por la Iglesia: que al anunciar la salvación que nos ha dado Jesucristo, no olvide la realidad que vive nuestro mundo y así contribuya a la liberación de todos los hombres.  Oremos.

-Por todos aquellos que se preparan para recibir en la Pascua que se acerca los sacramentos de la iniciación cristiana: que su camino catequético les haga descubrir la alegría de la fe.  Oremos.

-Por los más pobres de nuestro mundo, por los que más sufren: que vean aliviado su dolor con nuestra solidaridad y encuentren, un día, la gloria de Jesucristo que les ama.  Oremos.

-Por todos nosotros, que hemos venido a celebrar la muerte y resurrección del Señor: que esta Eucaristía ayude a nuestra conversión para seguir más de verdad a Jesús.  Oremos.

-Para que el Señor derrame el espíritu de oración y de generosidad en los hogares cristianos, a fin de que surjan abundantes vocaciones sacerdotales para el servicio de la Iglesia y para la predicación del Evangelio.  Oremos.

 
Escucha, Señor, nuestra oración, y ten piedad de nosotros.  Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.