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lunes, 27 de abril de 2026

 



La liturgia de este quinto domingo de Pascua nos invita a reflexionar sobre la Iglesia y la necesidad de que como comunidad cristiana estemos organizados, tomando parte activa en los diferentes ministerios de la Iglesia para seguir a Cristo Camino, Verdad y Vida.

La 1ª lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles nos ha relatado la institución de los primeros Ministerios en la Iglesia. Hemos leído cómo los Apóstoles decidieron delegar en“siete hombres de buena fama, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría”, para que los ayudaran en el servicio a las comunidades cristianas que se iban formando, de manera que ellos pudieran dedicarse mejor“a la oración y al servicio de la palabra”.

En la Iglesia, no sólo los sacerdotes, religiosos y religiosas tienen funciones de servicio en la Iglesia, sino que también vosotros, los laicos, podéis y debéis realizar funciones de servicio en la Iglesia.  Y este derecho os viene por el simple hecho de estar bautizados.  Por el Bautismo formáis parte del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia, y por la Confirmación sois fortalecidos por el Espíritu Santo y enviados por el Señor a evangelizar, así como a ejercer funciones de servicio dentro de la misma Iglesia.

Es un derecho y un deber que vosotros los laicos, como bautizados, ejerzáis un apostolado y un servicio a la Iglesia.

Pero la Iglesia, aun cuando debe dedicarse en primer lugar a la oración y al anuncio de la Palabra de Dios, no puede descuidar su preocupación por el bienestar de los que sufren las consecuencias de la pobreza, de la injusticia social, de la enfermedad.  La Iglesia tiene que cuidar y asistir, desde un auténtico amor cristiano y en nombre de Cristo, a quienes necesitan de nuestra ayuda, viendo en el necesitado el Rostro del mismo Cristo a quien hemos de amar sirviéndolo.

La 2ª lectura de la primera carta de san Pedro nos dice que en la Iglesia, cada cristiano es una piedra viva y Cristo es la piedra angular.  La piedra angular es la piedra central en un arco, sin la cual el arco no se sostiene; es la piedra más importante.  Por lo tanto, si Cristo es la piedra angular, quiere decir que Él es la clave de nuestra vida, de la vida de la Iglesia.

Pero, no podemos olvidar, que nosotros somos piedras vivas; es decir, miembros activos en la edificación de la Iglesia.  La Iglesia tiene que ser una comunidad viva de cristianos, en la que cada uno desempeña una función o ministerio.

Hemos de preguntarnos: ¿Cristo, es la piedra angular de mi vida?, es decir, para nosotros los cristianos, Cristo ¿es la referencia fundamental de mi vida?  ¿Te sientes parte viva de la Iglesia? 

Si Cristo es la piedra angular de nuestra vida, la referencia fundamental, entonces ¿Por qué estamos colaborando con nuestro silencio y nuestra apatía a construir una sociedad, un mundo, tan alejado de los valores del Evangelio?  ¿Estamos siendo, verdaderamente piedras vivas?

El Evangelio de san Juan nos presenta a Jesús como el único camino para llegar a Dios Padre.  Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

Van pasando los años y nos damos cuenta que permanecemos fieles a muy pocas cosas.  Venimos a la cita con el Señor, cada domingo, a pesar de que amigos o vecinos hayan abandonado la fe, porque nos damos cuenta que somos débiles, necesitados de la ayuda de Dios, necesitados de esperanza, y creemos que sólo en Dios podemos encontrar la felicidad y la esperanza.

Vivimos tiempos en los que necesitamos alimentar la esperanza.  Las crisis económicas, la subida de precios, las dificultades en el trabajo, la preocupación por la educación de los hijos, la violencia, etc.  Son tantos los problemas sociales y personales que a menudo nos podemos sentir agobiados, desconcertados, desesperanzados.  Y venimos a la Iglesia para encontrar luz y consuelo y escuchar esas palabras reconfortantes de Jesús que nos dice: No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí”.  Sabemos que con Jesús nada malo nos puede ocurrir, aunque caminemos por caminos oscuros, aunque no veamos salida, el Señor siempre está a nuestro lado, su vara y su cayado nos dan seguridad, sus palabras nos reconfortan y nos animan a seguir tras sus pasos.

El Señor nos anima a nos desesperar, a tomar la cruz de cada día, esa cruz hecha de contrariedades, de inconvenientes, de problemas y a seguir adelante, tras Él, porque Él es el Camino que nos lleva a la plenitud, Él es la Verdad que nos revela quienes somos y quién es Dios, y Él la Vida que tanto deseamos.

Este domingo, el Señor nos invita a que no vayamos por la vida siguiendo caminos falsos que hacen que nos perdamos; que busquemos la verdad, porque todos necesitamos la verdad para poder vivir, que no nos dejemos engañar por ese ambiente de falsedad en el que vivimos, donde todo es relativo y engañoso, que trabajemos y defendamos la vida desde su comienzo hasta su final.

No vayamos por la vida desorientados y desnortados.