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lunes, 19 de marzo de 2018

 
DOMINGO DE RESURRECCION (CICLO B)
 
Hoy se nos invita a alegrarnos con la Iglesia del mundo entero, para celebrar la más importante de todas las fiestas.  La fiesta de hoy es la base para nuestra fe, y es la razón de nuestra vida y el motivo de nuestra esperanza: ¡Jesús ha resucitado y está vivo!  La muerte no ha vencido a Jesús, sino que Él ha salido victorioso del sepulcro y ahora es el Señor de todos.
 
En este día culmina la misión para la que Cristo había venido al mundo. En este día llega a la culminación su entrega y su sacrificio. En este día, Jesús es revestido de gloria resucitando de entre los muertos.  Con Cristo, la muerte ha sido vencida. Ha sido necesario someterse a ella para poderla vencer. Así, aunque la muerte ha hablado, la última palabra la ha dicho el Padre resucitando a Jesús. La entrega generosa de su vida, la ofrenda de toda su vida hecha al Padre por nosotros, ha sido la semilla necesaria para la gloria, para la resurrección.
 
San Pablo, nos decía: “Han muerto; y su vida está escondida con Cristo en Dios.”   Ese morir es la superación del pecado. Ese morir es dejar atrás lo que veníamos pensando o haciendo al margen de Dios. Esa superación ha hecho de nosotros unas personas mejores, unos hombres y mujeres más acordes con la voluntad de Dios; ha supuesto un renunciar algo más a nosotros mismos para dejar que Dios habite en nuestros corazones. Eso nos ha renovado y ha hecho que, en ese aspecto concreto, hayamos podido unirnos a Cristo en su resurrección, en una vida nueva.
 
Creer en el Resucitado es creer que Jesús está vivo, que vive hoy junto a nosotros.
 
Nosotros nos preguntamos, ¿qué es la resurrección? Para Jesús, la resurrección, significa que su muerte en la cruz no fue lo último, sino que Él sigue vivo en la propia vida de Dios; y aunque de un modo distinto, continúa presente en la comunidad cristiana y en la historia humana.
 
Para nosotros significa, que el destino de Jesús ilumina el nuestro. En su resurrección el Dios de Jesús se declara como “el Dios de vivos”, que así como resucitó a Jesús, resucita también a todos los muertos. Con la resurrección de Jesús se abre un nuevo camino de vida más allá de nuestra muerte: la vida con Dios, que no puede ser rota ni por el dolor, ni por las desgracias de esta vida, ni por la muerte. La resurrección de Jesús pide y hace posible para nosotros una vida que es ya “vida eterna”.
 
La fiesta de hoy nos invita a vivir con esperanza nuestra fe en Jesús resucitado, porque con la resurrección de Jesús se nos abre una puerta de esperanza de participar un día con Él de su nueva vida, de la vida de resucitado.
 
Con la resurrección de Cristo, se abre una puerta para nosotros que nadie la puede cerrar.  Hoy podemos sentir que ningún poder de este mundo, nada ni nadie podrá cerrar esa puerta abierta para encontrarnos con Dios el día que termine nuestra vida, el día que dejemos nuestra condición mortal, las miserias en las que vivimos, para entrar en el mundo de paz y de amor de Dios.
 
Nuestra fe en Jesús resucitado es creer que Jesús vive, que camina con nosotros, es creer en Jesús lleno de fuerza y creatividad, que impulsa la vida de la humanidad hacia su último destino, hacia la configuración del Reino de Dios. Es creer que Jesús presente entre nosotros nos escucha “cuando hay dos o tres reunidos en mi nombre”, y que nuestra oración no es un monólogo sino un diálogo con alguien, que junto a nosotros nos comprende y nos quiere.
 
Creer en Jesús resucitado es encontrarnos con Jesús vivo, cercano a nuestras vidas, que nos enseña a ver la vida de otra manera, que nos da su espíritu capaz de cambiar nuestras vidas, de resucitar todo lo bueno que hay en nosotros e irnos liberando de todo lo que mata nuestra libertad.
 
Creer en Jesús resucitado es tener la experiencia personal de que hoy todavía aunque siguen en nuestro mundo la tortura, la extorsión, la crueldad y la injusticia, la última palabra la tiene el Resucitado, Señor de la vida y de la muerte, que vela por todos y nos exige justicia, paz, hermandad.
 
Jesús resucitado es nuestra esperanza, y es también quien pide nuestro compromiso, el poner nuestra persona, nuestra vida por los ideales que Él vivió, como Él puso la suya. Él es quien da verdadero sentido a nuestra vida. Tenemos un mismo destino con Él.
 
Hermanos, feliz pascua de Resurrección a todos, feliz, sí, felicidad para todos, porque hoy sí tiene sentido hablar de felicidad y de alegría. Sobre todo alegría, que la alegría del Señor Resucitado y de todos sus amigos que han sido, son y serán, inunde nuestro corazón.
 
 


martes, 13 de marzo de 2018


V DOMINGO DE CUARESMA (CICLO B)

 

Estamos ya en el último domingo de Cuaresma y nos preparamos para vivir intensamente la Semana Santa, por ello hoy las lecturas nos hablan de todo lo que le va a suceder a Jesús en los próximos días: su entrega al proyecto de Dios, su Pasión, muerte y resurrección.

La 1ª lectura, del profeta Jeremías, es una llamada a la responsabilidad personal para poner de manifiesto que aunque cambien las cosas, Dios no cambia y mantiene su promesa de salvación.

Hemos de ser fieles a Dios y buscar siempre el bien común, hemos de estar siempre atentos a descubrir la voz de Dios; hemos de estar siempre con la mente y el corazón abiertos para encontrarnos con Dios tanto en la prosperidad como en la adversidad, en compañía o en soledad.

Para poder encontrarnos con Dios no es esencial obedecer leyes, no deberíamos de amar a Dios porque hay una ley, un mandamiento que nos lo manda, sino que hemos de amar a Dios por convicción no por imposición.

Hay personas que creen que el hombre va a ser mejor con nuevas y mejores leyes, con más estudios, con mayores ingresos económicos, con mayor libertad, etc., y nos olvidamos que “hecha la ley, hecha la trampa”.  Se le ha hecho de todo al ser humano: torturarlo, perseguirlo, amarlo, llenarlo de cosas, de placeres, y al final descubrimos que hay una hierba mala que resiste todos los climas y culturas.  Necesitamos algo distinto y eso es lo que hoy nos dice la primera lectura: hay que ir a la raíz, directo al corazón.

El corazón es la sede de los pensamientos, decisiones y afectos más profundos y ahí es donde debemos permitir que entre Dios si de veras queremos acabar con el problema de mal. 

Sólo con un corazón transformado el hombre será capaz de acoger las propuestas de Dios y de conducir su vida de acuerdo con esos valores que le aseguran la armonía, la paz, la verdadera felicidad.  No es cumpliendo leyes como vamos a mejorar, a ser más felices, sino metiendo a Dios en nuestro corazón.

La 2ª lectura, de la carta a los Hebreos, nos describe con palabras conmovedoras y llenas de realismo la oración y la angustia de Jesús.

Jesús s solidario con todos los hombres, es solidario con todos los instantes de nuestra vida.  No estamos solos frente a los problemas, frente a nuestra fragilidad o debilidad; Cristo nos entiende, camina a nuestro lado, nos anima cuando no podemos caminar y nos muestra el camino que nosotros debemos recorrer para vivir esa vida plena que Dios nos quiere ofrecer.

Jesús nos enseña que el único criterio de nuestra vida debe ser el amor, esa fue la única arma que Él utilizó, aunque el amor enfrentado al mundo muchas veces nos lleve a la muerte, por ello el Señor también nos recomienda la oración.  Por la oración el Señor encontró fuerzas para obedecer, para decir “sí” y hacer los planes de Dios, incluso en los momentos más difíciles de su vida terrena.  Amor y oración es el camino que nos enseña Jesús para nuestra vida.

El evangelio de san Juan, nos describe el temor y la angustia de Jesús ante esa hora inevitable de su muerte.

Jesús es consciente de que el mundo rechaza a Dios, rechaza a un Dios Padre que quiere la igualdad y la hermandad de todos sus hijos.  El mundo prefiere muchas veces el poder, el dinero, la explotación de unos hacia otros y por eso Jesús tiene que aceptar la muerte que le espera pero confiando en Dios Padre.

El dolor, el sufrimiento y la muerte aparecen ante Jesús y también aparecen ante nosotros.  Todos los seres humanos nos enfrentamos tarde o temprano ante estas realidades.  Nadie puede escapar ni huir del sufrimiento y de la muerte.  Por ello necesitamos que el Señor nos ilumine para comprender y enfrentar con serenidad el sufrimiento y la muerte.

La cruz de Cristo nos dice que Dios quiere que luchemos contra todo aquello que genera sufrimiento inútil y muerte.  Luchar para que nadie sufra por ser o pensar diferente; luchar para que nadie muera de hambre o de sed; luchar para que las enfermedades sean vencidas.

Ciertamente que hay sufrimientos y dolores que no podemos evitar y tampoco podemos evitar la muerte, es entonces cuando hay que confiar en el amor de Dios, confiar en que la vida y el amor de Dios es más fuerte que la muerte.  Por ello hemos de ver la muerte como una transformación, como un paso de hacia la vida eterna: “Si el grano de trigo no muere, queda infecundo, pero si muere, da mucho fruto”.

La muerte de Jesús ilumina nuestra vida, nos enseña dónde está lo importante, nos impulsa a tomarnos en serio nuestra vida, nos invita a confiar y a abrirnos a los demás y especialmente a Dios.

MONICIONES PARA EL V DOMINGO DE CUARESMA (CICLO B)

 
MONICION DE ENTRADA:

Estamos ya muy cerca de los días de la muerte y la resurrección del Señor.

Hoy nuestro encuentro dominical nos invita especialmente a poner nuestros ojos en Jesús, que por amor acepta hundirse en la oscuridad de la muerte, y que así nos da la vida, transforma nuestros corazones, nos hace capaces de seguirlo.

Que esta celebración sea un acto de fe en el camino de Jesús.  Y que sea también un compromiso de cambiar nuestra forma de pensar y de vivir, para pensar y vivir como Jesús.

MONICION A LA PRIMERA LECTURA:

El profeta Jeremías anuncia el amor de Dios en toda su plenitud: establecerá nueva alianza con los hombres, la escribirá en sus corazones y les otorgará su perdón.  Aún más, los hará su pueblo y será su Dios por siempre.

MONICION A LA SEGUNDA LECTURA:

El autor de la carta a los hebreos sintetiza la vida de Cristo en su pasión: aprendió a obedecer, es decir, a aceptar la voluntad de Dios en su persona.  Sólo de ese modo, se convirtió en el modelo y salvador de sus hermanos.

ANTES DE LA ACLAMACION:

Con ocasión de la visita de unos griegos a Jesús, Juan anota el mensaje de Cristo al respecto: verlo no es suficiente.  Para conocerlo, hace falta descubrir la voluntad de Dios y aprender a morir para vivir como la semilla de trigo.

Oración universal: Presentemos a Jesús nuestra oración.  Él es nuestra resurrección y nuestra vida.

Responderán diciendo: Kyrie, eleison.

-Para que el dolor, el mal y la dureza de corazón sean vencidos por la fuerza del amor.  Oremos.

-Para que los que viven en la desesperanza encuentren luz en Jesucristo y manos dispuestas a ayudarlos.  Oremos.

-Para que cada vez haya en la Iglesia más jóvenes dispuestos a seguir a Jesucristo en el sacerdocio.  Oremos.

-Para que seamos capaces de transformar nuestro modo de pensar y de vivir, para pensar y vivir como Jesús.  Oremos.

-Para que Cristo que vino a traer la paz, destruya todos esos muros que separan esposos, padres, hijos, hermanos... para que llegue al mundo la amistad y el amor que todos deseamos.

Escúchanos, Señor, Jesús, y transforma nuestro corazón para hacerlo semejante al tuyo.  Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

martes, 6 de marzo de 2018


IV DOMINGO DE CUARESMA (CICLO B)
 

El cuarto domingo de Cuaresma es el domingo llamado “laetare”, es decir, de la alegría.  Las lecturas de este domingo nos presentan el motivo principal de esta alegría: El amor de Dios por nosotros.
 

La 1ª lectura, del segundo libro de las Crónicas, nos presenta a Dios como aquel que quiere ser nuestro amigo, pero Dios se queja porque muchas veces nos olvidamos de Él y lo traicionamos.  Lo peor que podemos hacer es olvidarnos de Dios, no acordarnos que Dios está detrás de nuestros éxitos; confiar sólo en nuestras propias fuerzas, darle la espalda al amor de Dios.
 

Si en nuestro mundo existe el mal es porque abandonamos a Dios; si existe corrupción e injusticias es porque abandonamos a Dios, nuestras infidelidades y nuestros pecados están llevando a este mundo a la ruina.
 

Todo el mal, la corrupción de tantas personas, tanto mal que hay en el mundo se puede evitar si dejamos de pecar.  Cuando nos olvidamos de Dios y le volteamos la espalda nos podemos convertir en verdaderos monstruos.  Entonces la vida se nos complica y se nos hace difícil porque pagamos las consecuencias de olvidarnos de Dios. 
 

Si estamos unidos a Dios, todo lo podemos en Él. Y lo que es más importante: vivimos y nos mantenemos en el amor.  Dios sigue preocupándose siempre por nosotros, aunque nosotros nos olvidemos de Él. Dios confía en nuestra fidelidad a Él, Dios confía en nosotros, Dios espera mucho de cada uno de nosotros.  Mantengámonos siempre fieles a Dios.
 

La 2ª lectura, de San Pablo a los Efesios, nos dice que el amor y la misericordia de Dios son muy grandes.
 

Dios es inmensamente rico en misericordia.  Esa es la gran riqueza de Dios, su infinito amor.  Nosotros, los hombres, medimos las riquezas con otra medida.  Normalmente ponemos por encima de todo al dinero.  Y decimos: “tanto tienes, tanto vales”.  Otras veces lo único que nos preocupa en esta vida es el prestigio ante los demás, el buen nombre, el aplauso, la fama.  Y hacemos lo que sea para conseguir estas cosas.  Pero Dios tiene una medida diferente.  Dios mide según el amor.  El verdadero amor nunca pasa de moda ni se acaba.  Por eso Dios nunca pasa de moda, es eterno, porque Dios es amor.  Y todo el que vive y muere por amor, participa de Dios y es verdaderamente rico, realmente feliz. 
 

En esta Cuaresma hemos de hacernos ricos, pero ricos en amar como Dios y dejarnos amar como Él nos ama.
 

El Evangelio de san Juan, nos presenta una plática de Jesús con Nicodemo y le dice: “Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea no perezca, son que tenga vida eterna”.
 

Esta es la Buena Nueva: Dios nos ama. A todos y a cada uno. Dios te quiere; no importa quien seas, ni cómo seas. Dios te quiere, aunque no lo merezcas. No lo merece nadie. Aunque nadie te quiera, aunque nadie perdone tu indignidad, tu carácter, tus fallas…. Dios te quiere, porque Él no nos quiere por nuestros méritos, sino por su entrañable misericordia. Y esta es la Buena Noticia, la mejor noticia: Dios te quiere hasta entregar a su hijo por ti. Mira a la Cruz verás hasta donde llega el amor de Dios por ti.
 

Dios te quiere. Estés soltero, casado, viudo, divorciado o lo que sea… Dios te quiere. Seas guapo, feo, desfigurado, discapacitado…; tanto si la vida te ha ido bien como si has tenido y tienes todos los problemas y fracasos del  mundo; si estás satisfecho de tu historia como si tienes la impresión de que todo lo tuyo ha sido un fracaso que ya no podrás cambiar, porque lo tuyo es causa perdida, Dios te quiere. Tanto si eres una persona respetable como si no lo eres. Dios te quiere. Tanto si estas seguro de tu fe como si estás lleno de dudas. Seas quien seas y como seas Dios te ama tanto que entregó a su propio Hijo para que, si crees en Él, tengas vida, y vida eterna.
 

Nosotros podríamos preguntarnos, pero, ¿así, sin más me ama Dios?  Sí, así nos ama Dios, nosotros lo que tenemos que hacer es con  toda humildad, abrirle la puerta de nuestra vida, para acoger su amor gratuito y acercarnos a Él para que su luz nos ilumine.
 

Nuestro mundo está lleno de luces, de estrellas que pretenden iluminarnos: las estrellas de cine, de la televisión, de la política, del deporte, etc.  Pero esas estrellas más que iluminar lo que hacen es deslumbrarnos y dejarnos a oscuras.
 

La luz de nuestra vida nos tiene que venir de Jesucristo y Él no va a ser elevado al estrellato de la fama, sino elevado en la cruz.  Lo que nos va a salvar es el amor de Dios, pero el amor de Dios se manifestó en su Hijo crucificado.  En Él está nuestra salvación.
 

El Crucificado es el lugar donde Dios nos ha revelado todo su amor. Míralo. Déjate iluminar por su luz. Acoge el amor que en ella se nos entrega para que tengamos vida eterna.

MONICIONES PARA EL IV DOMINGO DE CUARESMA
 

MONICION DE ENTRADA:

Hemos pasado ya la mitad de la Cuaresma.  La Pascua está cerca.  A lo largo de estas semanas, con buena voluntad, nos hemos esforzado por renovar nuestra vida, acercándonos más al Evangelio y uniéndonos más a Jesús.  Y lo seguiremos haciendo, convencidos de que merece la pena llenarnos del amor, de la luz, de la vida que Él nos ofrece.
 

MONICION A LA PRIMERA LECTURA:

El exilio de Israel a Babilonia puede verse como castigo o camino para que el Señor muestre su misericordia.  Crónicas lo interpreta así: cuando todo está perdido, Dios se deja ver aun en la política y diplomacia internacionales.
 

MONICION A LA SEGUNDA LECTURA:

Pablo hace saber a los cristianos de Efeso que no hay destino o determinismo en la vida del hombre, sino voluntad de Dios.  Nadie debe sentirse bueno por lo que hace o es, sino agradecido por ser escogido para serlo y hacerlo.
 

ANTES DE LA ACLAMACION:

Dios ama tanto al mundo que ha enviado a su Hijo para salvarlo.  Acepta esto quien cree.  Pero cree sólo quien es capaz de vivir e iluminar a otros con palabras y obras.  Por ello, el cristiano no vive para juzgar sino para iluminar.

 
Oración universal: Oremos en este tiempo de conversión y de renovación de nuestra fe y nuestra esperanza.

Responderán diciendo: Kyrie, eleison.

 
-Por el Papa y los obispos, por los sacerdotes y los diáconos, por los que trabajan en los consejos pastorales, por los catequistas, por los responsables de movimientos evangelizadores, por todos los que realizan alguna tarea en la Iglesia.  Oremos.

-Por los hombres y mujeres que trabajan en la política, en los sindicatos, en obras sociales, en tareas de promoción humana.  Oremos.

-Por los hombres y mujeres que en todo el mundo se preparan para recibir el bautismo en la Vigilia Pascual.  Oremos.

-Por los jóvenes que se preparan para ejercer el ministerio sacerdotal, por todos los que se sienten especialmente llamados al servicio en la Iglesia.  Oremos.

-Por nosotros, que durante esta Cuaresma queremos renovar nuestra fe y nuestra vida cristiana.  Oremos.

-Por las almas de aquellos que han muerto a causa de las guerras, acógelas Señor en tu Reino de Paz y Justicia.  Oremos

Escúchanos, Señor Jesús, y ten piedad de nosotros y del mundo entero.  Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
 

EXHORTACIÓN DE DESPEDIDA

Salgamos de la Iglesia con la gran esperanza de que la Redención está a punto de cumplirse. El Señor Jesús se ofrece para que nos salvemos. Y junto a la dificultad de la Cruz esta la gloria de la Resurrección. Será la Luz que nos salvará a todos. Es pues motivo de alegría. Nunca la Cuaresma ha de ser tiempo de tristeza.

martes, 27 de febrero de 2018


III DOMINGO DE CUARESMA (CICLO B) 
 
La liturgia de este tercer domingo de Cuaresma nos habla de la eterna preocupación de Dios por llevarnos hacia la vida nueva.  Por ello, la Palabra de Dios nos ofrece hoy algunas sugerencias para la conversión y la renovación de nuestra vida. 
 
La 1ª lectura del libro del Éxodo, nos muestra la preocupación de Dios por llevar al pueblo por el buen camino y para ello hace un pacto, una alianza con su pueblo y le entrega los Mandamientos. 
 
 
Los Mandamientos son una serie de indicaciones para conducir nuestra vida por el camino de la felicidad.  Son indicaciones fundamentales para nuestra existencia: nuestra relación con Dios y nuestra relación con las personas. 
 
Los Mandamientos son preceptos que expresan el mínimo respeto que debemos tener con los demás y son la base para una correcta relación entre los hombres.  La envidia, el falso testimonio, el robo, el adulterio, matar, no respetar a los mayores, no son solamente una falta grave contra el prójimo, sino que a partir de este momento, son también un pecado contra Dios. 
 
Los primero tres Mandamientos, regulan las relaciones del pueblo con Dios: Dios será el único Dios.  Su nombre será respetado; se le consagrará un día de descanso semanalmente a Dios. 
 
Los siete restantes Mandamientos regulan la convivencia con los seres humanos: respeto a los padres, a la vida, al matrimonio, a los bienes y a la fama.  Estos Mandamientos nos invitan a no ser violentos, agresivos, intolerantes, indiferentes ante las necesidades de los demás.  Todo lo que atenta contra la vida, la dignidad, los derechos de nuestros hermanos, es algo que genera muerte, sufrimientos, esclavitud, para nosotros y para todos los que nos rodean y no contribuye a que se haga realidad los proyectos de vida y felicidad que Dios quiere para nosotros. 
 
Los Mandamientos no son para limitar nuestra libertad, sino que son “señales” con las cuales Dios nos ayuda a recorrer el camino del bien, de la libertad y de la vida verdadera.  En este tiempo de Cuaresma, somos invitados a volvernos hacia Dios y a descubrir su papel fundamental en nuestra vida. 
 
La 2ª lectura, de San Pablo a los Corintios, nos invita a descubrir que la salvación, la felicidad no se encuentra en el poder, en la riqueza o ser importantes ante el mundo, sino en la aceptación de la cruz, es decir, en amar, en poner nuestra vida al servicio de los sencillos y humildes. 
 
Los seres humanos buscamos, muchas veces, seguir a líderes vencedores, que se imponen a la fuerza y que muestran su poder y su sabiduría, a veces incluso con prepotencia; sin embargo, Dios se nos muestra en la figura de Jesús, abandonado por sus amigos, condenado por las autoridades y muerto en la cruz.  Dios nos ofrece un proyecto de vida y de salvación que pasa por la muerte de la cruz.  La fuerza y la “sabiduría de Dios” se manifiesta en la fragilidad, en la pequeñez, en la pobreza, en la humildad.  Si Dios se manifiesta así, no busquemos nosotros ser importantes, ni tener autoridad, ni ser protagonistas; busquemos el escándalo de la cruz para obtener la felicidad y la vida en plenitud. 
 
El Evangelio de san Juan nos enseña hoy que el Templo debe ser un lugar de encuentro con Dios y de oración. 
 
¿Cuál es el verdadero culto que Dios espera de nosotros?  El culto que Dios quiere es que en nuestra vida escuchemos las propuestas que Dios nos hace y que esas propuestas las vivamos llevando una vida de entrega, de servicio a nuestros hermanos.  Que lo que celebramos y vivimos en la Iglesia se traduzca en ayudar a los pobres, a los marginados, a los enfermos, es decir, que hagamos vida lo que aquí celebramos. 
 
Nosotros también nos podemos convertir en mercaderes religiosos.  Y lo somos cuando damos limosna, nos confesamos y comulgamos pero para que nos salga bien un examen, un negocio, un asunto cualquiera.  Y ¡cómo nos enojamos con Dios! cuando no nos concede lo que le pedimos.  Y estos enojos nos separan del Señor. 
 
Hay otro mercantilismo religioso mucho peor que es cuando acudimos a la religión, o para engañarnos a nosotros mismos, o para engañar a los demás.  Cuando hay un rencor en nuestro corazón, o una situación injusta en nuestros negocios y vamos a comulgar para tranquilizar nuestra conciencia y no ver el verdadero problema que tenemos.
 
Cuantas veces queremos que Dios sea nuestro cómplice cuando tratamos de justificar desde la religión nuestras injusticias, dándole a Dios unas monedas para su Templo o para los pobres, para poder continuar con nuestros asuntos chuecos. 
 
Cuantas veces también nuestra celebración de los sacramentos no tienen un verdadero sentido cristiano, y bautizamos por costumbre, y hacemos la primera comunión porque todos lo hacen y nos casamos por la Iglesia porque es más bonita la ceremonia.  ¿No nos estaremos convirtiendo en mercaderes del Templo con todo esto?

MONICIONES PARA EL III DOMINGO DE CUARESMA (CICLO B)
 

MONICION DE ENTRADA:

Nos hemos reunido, como todos los domingos, aquí en la Iglesia.  Es nuestra casa, la casa de la comunidad cristiana, la casa de la familia de los hijos de Dios.  Es nuestra casa, la casa de la Iglesia, porque aquí nos reunimos nosotros, con Jesucristo, convocados por Él.  Nos lo dirá Él mismo en el evangelio de hoy: Él es el único templo. Él es quien nos acerca a Dios, Él es la presencia de Dios entre nosotros.

Por eso, hemos venido aquí, a nuestra casa, para estar con Jesús, para escucharlo, para alimentarnos de su vida.

 
MONICION A LA PRIMERA LECTURA:

Dios aprecia del humano el respeto que éste le da a Él o al hombre, su imagen.  Al proponer los mandamientos, Éxodo propone soluciones concretas a los males de la humanidad y sugiere la mejor forma de encontrar a Dios.

 
MONICION A LA SEGUNDA LECTURA:

Para salvar al hombre, Dios no necesita grandeza o razonamientos sutiles; le basta proponer a su hijo Cristo crucificado.  Algunos lo aceptan; otros lo toman como razón suficiente para alejarse o lo consideran ¡una barbaridad!
 

ANTES DE LA ACLAMACION:

El culto no es ocasión para vender, comprar o negociar, sino ambiente para buscar y encontrar a Dios. Por tal motivo, Jesús asegura que su cuerpo (y no el templo) será, desde ahora, el lugar del culto definitivo que lleva a Dios.
 

Oración universal: Juntemos nuestras voces en la oración por todo el mundo y por nuestras necesidades.

Responderán diciendo: Kyrie, eleison. 

-Por la Iglesia, por todos los cristianos: que en este tiempo de Cuaresma crezcamos en fidelidad a la Palabra de Dios y nos dejemos convertir por el Señor, que nos habla al corazón.  Oremos.

-Por cada uno de nosotros: para que nunca antepongamos nada al amor de Dios y de los hermanos.  Oremos.

-Por los que gobiernan las naciones: para que busquen el bien del pueblo y la justicia por encima de todo.  Oremos.

-Por los más pobres, por los que más sufren: para que encuentren en Jesucristo elevado en la cruz la fuerza que los ayude a superar su situación, y en nosotros la solidaridad activa que necesitan.  Oremos.

-Por los gobernantes y los políticos para que se dejen guiar por la fuerza y la sabiduría que viene de Dios. Oremos.

Escucha, Señor, las oraciones de este pueblo que se siente amado por ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos.