Vistas de página en total

martes, 1 de mayo de 2018


MONICIONES PARA EL VI DOMINGO DE PASCUA

MONICION DE ENTRADA:

Parece que ha pasado ya mucho tiempo desde que celebrábamos la gran fiesta de Pascua.  Sin embargo, continuamos dentro del tiempo de Pascua: nos quedan quince días, hasta el domingo de Pentecostés.  Es que la fiesta más importante de la fe cristiana, la Pascua, ¡necesita de muchos días para ser bien celebrada!

Pediremos, en la primera oración de la Misa de hoy, “continuar celebrando con amor y alegría la victoria de Cristo resucitado”.  Que así sea, en este mes de mayo, con la ayuda de María.

MONICION A LA PRIMERA LECTURA:

Los cristianos no tenemos en exclusiva a Dios.  A veces, solamente nos tocará ver su acción entre los no cristianos, como pasó a Pedro.  Esto no debe incomodarnos sino recordarnos que Dios no prefiere, sino ama y salva.

MONICION A LA SEGUNDA LECTURA:

La palabra “amor” es tan hueca hoy que, con ella, justificamos tanto nuestros peores apetitos como nuestra chocante sensiblería.  Juan nos ayuda a discernir.  El amor de Dios debe hacernos actuar como El y vivir como Cristo.

ANTES DEL ALELUYA:

Los cristianos afirmamos amar a Dios, aunque esto no siempre es verdad.  Amarlo no es sólo decirlo, sino vivirlo y mostrarlo.  Amar no es, necesariamente, acariciar a otro; también es renunciar a oprimirlo y saber sacrificarse por él.

Oración universal: Teniendo por intercesor delante del Padre a Jesucristo resucitado y sabiendo que es el Espíritu quien ora en nosotros, pidamos por las necesidades de todos los hombres.

Responderán diciendo: Jesús resucitado, escúchanos.

-Para que todos los seguidores de Jesús resucitado, para que toda la Iglesia en sus diversos aspectos, cumplamos el mandamiento: “que se amen unos a otros como yo los he amado”.  Oremos.

-Para que entre los seguidores de las grandes religiones del mundo exista comprensión y diálogo, mayor fidelidad de todos a la guía del Espíritu de Dios.  Oremos.

-Por los enfermos.  Para que todos encuentren en su camino la presencia confortable de Jesús vivo.  Oremos.

-Por quienes atienden a los enfermos, en centros sanitarios o en su casa.  Para que en esta tarea se sepan instrumentos del amor de Dios.  Oremos.

-Por los niños y niñas que en estos domingos comulgan por primera vez.  Y por los jóvenes que celebran su confirmación.  Para que en todos ellos Jesucristo y su amor sea fuerza y alimento.  Oremos.

-Por los que viven solos, desamparados, por los que se sienten faltos de cariño, para que encuentren un corazón que les brinde ese amor que nos viene de lo alto.  Oremos.

Padre, tú nos has revelado la gran alegría: Jesús y su Evangelio.  Ayúdanos a hacer presente esta gran esperanza entre todos los hombres, en toda ocasión y lugar.  Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

 

martes, 24 de abril de 2018


HOMILÍA PARA EL V DOMINGO DE PASCUA (CICLO B)

La liturgia de este quinto domingo de Pascua nos invita a reflexionar sobre nuestra unión con Cristo y nos dice que sólo unidos a Cristo podremos alcanzar la vida verdadera que Dios nos ha prometido.

La 1ª lectura de los Hechos de los Apóstoles, nos habla de San Pablo.  San Pablo era un perseguidor de los cristianos, pero tiene una importante experiencia camino de Damasco: se encuentra con Cristo resucitado.  Este acontecimiento cambia radicalmente su vida y de perseguidor de Jesús se convierte en un gran apóstol del Señor.

Para la comunidad cristiana no era fácil admitir a Pablo en la Iglesia de entonces, no era fácil confiar en el que había sido un gran enemigo y un fanático de los cristianos.  Sin embargo, la fuerza del Evangelio de perdonar y de amar se impone para aceptar a Pablo como un nuevo cristiano y poder unirse a la comunidad cristiana.

Nuestra vocación como cristianos no es seguir a Cristo aisladamente, sino formando parte de una familia de hermanos que compartimos la misma fe y que hacemos juntos el mismo camino del amor.

El cristiano no es un ser aislado, sino una persona que es miembro de un cuerpo, el Cuerpo de Cristo, formando parte de una comunidad, de la Iglesia.  No se es cristiano por libre, sino injertado en una comunidad.

Es en diálogo y compartiendo con los demás hermanos de la comunidad como nuestra fe nace, crece y madura y es en la comunidad, unidos por los lazos del amor y de la fraternidad, como nos realizamos plenamente como cristianos.

La comunidad cristiana está formada por personas, personas que tienen debilidades y fallas, pero también personas entregadas y que viven en gracia de Dios.  Por ello, en una comunidad cristiana pueden surgir conflictos, tensiones porque podemos tener diferencias entre unos y otros miembros de la comunidad, pero porque existan esas diferencias, esto no nos puede servir de pretexto para abandonar la comunidad y creer que podemos ir por la vida como cristianos en solitario.

La Iglesia es una comunidad formada por hombres y mujeres, con debilidades y fragilidades, pero es, sobre todo una comunidad asistida, conducida y guiada por el Espíritu Santo.

En la 2ª lectura de la primera carta de San Juan, se nos pedía insistentemente que dejemos a un lado las buenas palabras y el preocuparnos de nuestra buena imagen ya que nuestra vocación, a lo que nos llama el Señor, nuestra meta, es amar de verdad y amar con obras.

La vida de un árbol se ve por sus frutos.  Si realizamos obras de amor, si nuestros gestos de bondad y de solidaridad transmiten alegría y esperanza, si nuestras acciones hacen de nuestro mundo un mundo un poco mejor, es porque estamos en comunión con Dios y la vida de Dios está en nosotros y si la vida de Dios está en nosotros, esta vida se manifiesta no en palabras sino en gestos concretos de amor.

 

El Evangelio de san Juan nos dice que Jesús es la vid y nosotros los sarmientos.  Si queremos dar frutos tenemos que permanecer unidos a Él.  Sin estar unidos a Cristo no podemos dar frutos, no podemos sobrevivir como cristianos.

Hay momentos en nuestra vida en los que hemos intentado vivir sin contar con Dios, sin estar unidos a Él, hemos pensado que podíamos conseguirlo todo, sólo con nuestras propias fuerzas, pero la realidad es que sin Dios no somos nada, sin Dios no podemos conseguir nada.  Es el orgullo y la vanidad los que nos hacen pensar que podemos prescindir de Dios y que todo lo podemos lograr por nosotros mismos.  Grave error pensar así.

Solamente unidos a Cristo podremos dar frutos y hay que buscar dar buenos frutos.  Una tentación que podemos tener en la vida es cansarnos de ser buenos, cansarnos de dedicarnos a hacer el bien.  Este cansancio nos puede llevar al desencanto ante tanta lucha y tan pocos resultados, a abandonar los grandes ideales y los buenos proyectos; es un cansancio que nos conduce a la flojera, cobardía y a la apatía.

Por ello, cada día tenemos que esforzarnos por “dar frutos”, por trabajar con empeño.  El mundo, la Iglesia, la familia, las personas que más quieres necesitan de ti, de tus frutos.  No puedes dejar de dar frutos porque si no moriremos espiritualmente.

Dar frutos es una exigencia para todo cristianos que vive unido a Cristo.  No nos convirtamos en “sarmientos secos”, es decir en personas que un día nos comprometimos con Cristo, pero después lo dejamos de seguir.  Quitemos de nuestra vida esos obstáculos que nos impiden estar unidos al Señor y que la vida de Cristo circule en nosotros.

No pretendamos ser felices solo con nuestro esfuerzo, sin Cristo.  Dios necesita nuestro esfuerzo para hacernos felices, pero nosotros necesitamos a Dios para alcanzar la plenitud de vida.

 

 

MONICIONES PARA EL V DOMINGO DE PASCUA (CICLO B)
 

V DOMINGO DE PASCUA (CICLO B)

MONICION DE ENTRADA:

Nuestra celebración dominical de la Eucaristía es siempre un momento de encuentro con el Señor resucitado.  Todos los domingos del año nos reunimos los cristianos, desde el principio de la Iglesia, para que el Señor nos haga vivir su vida y nos dé fuerza para ser de verdad fieles a su Evangelio.

Pero ahora, en estos domingos de Pascua, nuestro encuentro tiene un valor y un sentido especial: un sentido y un valor más fuerte, más vivo, más intenso.  Porque estamos celebrando los días de la resurrección de Jesús.

MONICION A LA PRIMERA LECTURA:

Los cristianos desarrollan mejor su misión si acomodan el mensaje a su ambiente.  Polemizar puede servir a la fe, pero conviene tener caminos mejores para difundir el Evangelio.  Evitar el choque como Pablo, también es recurso.

MONICION A LA SEGUNDA LECTURA:

Quizá en algunos casos, el creyente dude estar en lo cierto.  Aunque eso suceda, la caridad será siempre el criterio que califique su adhesión a Dios.  Por ello, Juan dice que los hechos, no las palabras, son la medida de la fe.

ANTES DEL ALELUYA:

El crecimiento espiritual de la persona o comunidad cristiana no depende de su culto o número de adeptos, sino de los frutos que dan.  Para aclararlo mejor, Jesús invita a sus seguidores a unírsele “como las ramas al árbol”.

Oración Universal: Unidos con Jesús, como los sarmientos a la vid, podemos orar con toda confianza.

Responderán diciendo: Jesús resucitado, escúchanos.

-Para que la Iglesia se renueve constantemente para que sea más fiel al Evangelio de Jesucristo.  Oremos.

-Para que los cristianos vitalicemos nuestra fe y renovemos nuestro Bautismo.  Oremos.

-Para que los gobernantes de todas las naciones se esfuercen al servicio de la paz, la justicia y el bienestar para todos.  Oremos.

-Para que los trabajadores, aquí y en todo el mundo, vean reconocidos sus derechos.  Oremos.

-Para que los que no tienen trabajo encuentren la ayuda necesaria para conseguirlo y poder vivir dignamente.  Oremos.

-Para que todos los que participamos en esta Eucaristía seamos cada día más fieles a las promesas del Bautismo que renovamos en la noche Pascual.  Oremos.

-Por los gobernantes y los dirigentes de las naciones para que su labor no se quede en palabras y atiendan a su pueblo de verdad y con obras. Oremos.

Escucha, Jesús resucitado, nuestra oración, para que la alegría de tu vida alcance a todo el mundo.  Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

 

martes, 17 de abril de 2018


IV DOMINGO DE PASCUA (CICLO B)
Celebramos hoy el IV domingo de Pascua, llamado el domingo del Buen Pastor. El “Buen Pastor” es una imagen literaria que emplea el mismo Jesucristo para referirse a sí mismo.

La 1ª lectura, del Libro de los Hechos de los Apóstoles, nos presenta cómo Pedro, a causa de la curación de un paralítico tiene que comparecer ante las autoridades para dar explicaciones sobre los sucedido y Pedro aprovecha la oportunidad para decir tanto a las autoridades políticas y religiosas como a todo el pueblo que Jesús es el único Salvador, y no existe nadie más fuera de Él que pueda salvarnos.  Sólo Cristo puede salvarnos.

No nos dejemos engañar por otras personas, por otros caminos, por otras ideologías que nos presentan propuestas falsas de salvación.  
A veces el camino que Jesús nos señala para alcanzar la salvación entra en contradicción con los caminos de salvación que nos proponen los líderes políticos, los líderes de la moda o de la opinión pública; y hay que elegir: o somos coherentes con nuestra fe y con nuestros compromisos cristianos u optamos por esos caminos falsos de salvación que nos propone el mundo.  Pero no olvidemos que el camino que nos propone Jesús es el único camino que nos conduce al encuentro con Dios y a gozar en plenitud de una vida plena y definitiva.
Pareciera que no siempre la humanidad ha sabido bien elegir el camino y esto se nota en que nuestra sociedad, aunque se dice cristiana, eso no nos ha impedido el recurso a las armas para solucionar los problemas, los genocidios, es decir, la matanza de personas por el simple hecho de que son diferentes, el terrorismo, las guerras religiosas, el capitalismo salvaje, etc. 
Los criterios que nos rigen para empezar un negocio, para hacer algo importante en nuestra vida, o para edificar nuestra sociedad, esos criterios están muchas veces demasiado lejos de los valores del Evangelio.  Y no olvidemos que Cristo debe ser siempre la piedra angular sobre la cual construimos nuestra vida y nuestra sociedad.  No nos olvidemos de que todo hemos de hacerlo en nombre de Jesucristo.
La 2ª lectura, de la primera carta de san Juan, nos recuerda que Dios nos ama con un amor sin límites y por eso somos hijos de Dios.  Ser hijos de Dios significa que todos los hombres tenemos la misma “categoría”, el derecho al mismo respeto y podemos exigir ser tratados todos de la misma manera porque nadie es más hijo de Dios que otro, todos podemos decir: “¡soy hijo de Dios!”
¿Cómo debemos responder los hijos de Dios al amor que Él nos tiene?  El hijo de Dios es aquel que responde al amor de Dios viviendo coherentemente su fe, esto quiere decir, respetando y cumpliendo los mandamientos de Dios; viviendo el amor al prójimo, a ejemplo de Jesucristo.
Vivir como hijos de Dios implica que muchas veces hemos de tomar opciones y hay que desechar aquellas opciones que están en contradicción con los valores de Dios aunque esto suponga que nos desprecien, se rían o no nos tomen en cuenta.  No olvidemos que Jesús también fue rechazado por eso mismo.  Los cristianos no debemos tener miedo de ser coherentes con nuestra fe.
El Evangelio de san Juan, nos muestra a Jesús como el Buen Pastor.  Él no es sólo un pastor, sino el verdadero y auténtico Pastor, el único líder capaz de orientar y dar verdadera vida a los hombres.
Hoy en día, la publicidad y los medios de comunicación social nos imponen el tipo y la marca de pantalones que hay que vestir, la bebida que debemos tomar, la canción que debemos cantar.  Nos imponen costumbres, ideas, valores, estilo de vida, etc.  Los resultados: personas que viven “según la moda” y que no actúan por propia iniciativa.  Hombres y mujeres que creen ser felices teniendo aquellos objetos, ideas y conductas que se les imponen desde fuera.  No es fácil ser libre ante tanta presión y terminamos perdiendo nuestra personalidad y la sustituimos por la personalidad que nos imponen.
Ante tanta presión, corremos el riesgo de no escuchar nuestra voz interior y sentirnos solos.  Es triste ver a tantas personas esforzándose por vivir un estilo de vida impuesto desde fuera porque creen que eso les da bienestar y felicidad.
Estamos sustituyendo la oración por la televisión, el silencio interior por el ruido, la escucha del Evangelio por el periódico, actuar según nuestra conciencia por la sumisión ciega a la moda.  Así, que difícil es que escuchemos la voz del Buen Pastor que nos quiere orientar y ayudar a vivir una vida plena.
Nosotros como cristianos creemos que sólo Jesús puede ser nuestro único guía.  Sólo desde Él podemos aprender a vivir, porque Él es nuestro Buen Pastor.

IV DOMINGO DE PASCUA (CICLO B)

 
MONICION DE ENTRADA:

Semana tras semana, en este tiempo pascual, vamos contemplando cómo Jesucristo resucitado está presente entre nosotros.

La celebración de este cuarto domingo de Pascua centra nuestra atención en Jesucristo como Buen Pastor que nos conoce, que nos guía, que da su vida por nosotros.

Él es el centro de nuestra vida, nos acompaña siempre.  Dispongámonos, pues, a escuchar su palabra y a celebrar la Eucaristía, momento privilegiado de su presencia en la Iglesia y en el mundo.
 

MONICION A LA PRIMERA LECTURA:

No debe haber mayor satisfacción para el cristiano que ser interrogado sobre su fe.  Su respuesta, como la del apóstol Pedro, debe ser serena: “Creo en el nombre de Jesús”.  Lo demás... o sobra o repite lo mismo.
 

MONICION A LA SEGUNDA LECTURA:

“Ver a Dios” es deseo de muchos creyentes, cuya inquietud registra la Escritura.  La Primera carta de Juan lo aclara bien: lo fundamental es ser hijos de Dios; el asemejarnos a Él y verlo de cerca vendrá después.
 

ANTES DEL ALELUYA:

Usando la imagen del pastor que conoce a su rebaño, Jesús habla de la relación que lo une a sus seguidores.  Tal conocimiento no es simple esfuerzo mental, sino una manera de amar y estar cercano a quien se ama.
 

Oración universal: Oremos a Jesús resucitado, nuestro pastor y guía.

Responderán diciendo: Jesús resucitado, escúchanos.

 
-Para que la Iglesia sea luz de vida y de esperanza para todos los hombres.  Oremos.

-Para que la Buena Noticia del Evangelio alcance a todos los rincones de la tierra. Oremos.

-Para que aumenten entre nosotros las vocaciones sacerdotales y religiosas.  Oremos.

-Para que los maestros y educadores realicen su tarea con acierto y dedicación.  Oremos.

-Para que todos los hombres y mujeres de buena voluntad trabajemos para lograr una más justa distribución de la riqueza.  Oremos.

-Por todos los que sufren: enfermos, solos, moribundos, afligidos, para que sepan que hay un Pastor que vela por ellos y nunca los va a abandonar. Oremos.

 
Escucha, Jesús resucitado, nuestra oración y derrama sobre nosotros tu Espíritu Santo.  Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

 

martes, 10 de abril de 2018


III DOMINGO DE PASCUA (CICLO B)

 
Continuamos con el camino de la Pascua, celebrando la resurrección del Señor, celebrando la vida nueva que tenemos gracias al Bautismo.  Como cristianos tenemos que mostrar al mundo que Jesús está vivo y continúa ofreciendo a todos los hombres esa vida nueva y la salvación.
 

La 1ª lectura, del libro de los Hechos de los Apóstoles, nos presenta el testimonio de los apóstoles sobres Jesús.  Pedro muestra a sus oyentes cómo Jesús está vivo y ofreces a todos los hombres la salvación.  Pero para obtener esa salvación hay que acoger las propuestas de vida que Jesús nos ofrece.
 

Para nosotros los cristianos, Jesús no es una figura del pasado que quedó muerto, sino que es alguien que está vivo y presente en el mundo, ofreciéndonos siempre una vida verdadera y plena.
 

Jesús está vivo, pero para que descubramos a Jesús vivo en nuestra vida es necesario que demos testimonio de Él.  Jesús está vivo y lo manifestamos vivo cada vez que amamos al prójimo, cada vez que somos capaces de compartir, de ser solidarios, de perdonar, de ayudar a los más necesitados.
 

Jesús está vivo y lo manifestamos vivo, cuando nosotros los cristianos somos capaces de trabajar por la paz, por la justicia, por la libertad, por el nacimiento de un mundo más humano y mejor.  Jesús está vivo y lo manifestamos vivo cuando somos capaces de ofrecer esperanza a todos los seres humanos, cuando hacemos que encuentren luz todos aquellos que viven en la oscuridad; cuando todos podemos tener voz y decidir libremente a la hora de construir nuestro futuro.
 

Pero para que se haga realidad ese mundo nuevo que Dios desea, hemos de hacer realidad el llamado al arrepentimiento y a la conversión que nos hacía hoy san Pedro.  Tenemos que dejar atrás la ignorancia, porque la ignorancia nos hace hacer cosas que no siempre son las que Dios desea que hagamos. Por ignorancia comentemos muchísimos pecados, por ello es necesario que, en cada momento de nuestra vida, nos convirtamos a Jesús y a sus valores y estemos siempre disponibles para llevar a cabo la obra de la salvación.
 

La 2ª lectura, de la primera carta de San Juan, nos dice que no es posible conocer a Jesús y no creer en Él; no es posible creer en Él y no vivir según sus enseñanzas.  Sólo el que vive como Él, el que cumple sus mandamientos puede decir que conoce al Señor.  San Juan llama mentiroso al que dice que conoce a Cristo pero no le afecta para nada en su vida.
 

Es una mentira decir que amamos a Dios y, luego en nuestra vida despreciar los valores que Dios nos propone y vivir la vida al margen de Dios y sus mandamientos.
 

Un creyente que dice amar a Dios pero en su vida lo único que hace es crear injusticias, conflictos, opresión, sufrimiento, vive en la mentira; un creyente que dice “conocer a Dios” y fomenta la violencia, el odio, la intransigencia, la intolerancia, está muy lejos de Dios; un creyente que dice tener “fe” y rechaza el amor, el compartir, el servicio, el venir a misa, está muy lejos de Dios y además es un mentiroso.
 

El Evangelio, según san Lucas, nos asegura que Jesús esta vivo.  ¿Cómo podemos encontrar a Jesús resucitado?
 

El Evangelio nos dice, en primer lugar, que lo podemos encontrar en las Escrituras.  Cuando la comunidad se reúne para escuchar la Palabra de Dios, Cristo está presente y nos explica el sentido de las Escrituras.
 

En segundo lugar, podemos encontrarnos con Jesús resucitado en la fracción del Pan, es decir, en la Eucaristía.
 

La comunidad que celebra la Eucaristía debe aprender a compartir.  Hay que compartir los ideales, la fe y los bienes.  Cuando nos apropiamos de algo, el Espíritu de Dios no está en nosotros.
 

La comunidad que celebra la Eucaristía debe aprender a convivir.  Hay que ser amigos y hermanos.  Si comulgamos el mismo pan no podemos hacer que nadie se sienta despreciado, marginado o enemigo.
 

La comunidad que celebra la Eucaristía debe aprender a servir.  Después de comulgar no podemos ser insolidarios y preocuparnos solamente de nosotros mismos, porque si hacemos esto la comunión más que provecho para nuestra vida será un escándalo.
 

La comunidad que celebra la Eucaristía debe aprender a comprometerse para que a todos los seres humanos se les reconozca su dignidad de Hijo de Dios. 
 

Celebrando así la Eucaristía, y sin mentiras, con una coherencia entre vida y fe, podremos ser testigos en el mundo de que Cristo está vivo y ha resucitado y no es un fantasma.

MONICIONES PARA EL III DOMINGO DE PASCUA.

 
MONICION DE ENTRADA:
En el camino de la vida cada uno va haciendo experiencia de Jesús, lo encontramos resucitado, caminando con nosotros, participando de todo lo que hacemos y vivimos.  Y hoy, domingo, nos reunimos para compartirlo, como lo hacían los primeros discípulos.  Y Él vuelve a hacerse presente en la reunión.  Él está aquí y nos da su paz.  Alegrémonos, pues, y celebrémoslo.
 
Aspersión: Iniciamos nuestra celebración con el signo de la aspersión con el agua.  Esta agua que nos recuerda nuestro bautismo, nuestro sumergirnos en la corriente de vida nueva que brota de Jesucristo resucitado.
Que Dios todopoderoso nos purifique del pecado y, por la celebración de esta Eucaristía, nos haga dignos de participar del banquete de su Reino.  Amén.
 
MONICION A LA PRIMERA LECTURA:
Pedro apóstol explica a los piadosos judíos que ellos negaron al Enviado de Dios y propiciaron el asesinato del Autor de la vida.  Aunque en ello hubo ignorancia, ahora puede haber arrepentimiento y conversión.
 
 
MONICION A LA SEGUNDA LECTURA:
El pecado no debe causar desesperación sino ser ocasión para confiar en Jesús.  Abogado ante el Padre.  Al obrar así, además de recibir perdón, experimentaremos el amor de Dios y practicaremos sus mandamientos.
 
ANTES DEL ALELUYA:
Apenas resucitado, Jesús enseña a sus discípulos a interpretar la Escritura: ley, profetas y salmos hablan del Mesías; y a la comunidad del Mesías toca mostrar a los demás su mensaje sobre la conversión y el perdón.
 
Oración Universal: Oremos a Jesús resucitado, nuestro pastor y nuestro guía.
Responderán diciendo: Jesús resucitado, escúchanos.
-Recordemos ante el Señor a los que sufren enfermedades físicas o mentales, a los que no encuentran salida a su sufrimiento y a sus familias, para que les dé abundantemente el amor y la esperanza.  Oremos.
-Por las personas que no tienen trabajo y por los jóvenes que trabajan con contratos injustos, para que el Señor les dé audacia para luchar y a todos nos haga ser solidarios.  Oremos.
-Por los que trabajan la tierra, para que el Señor les dé la fuerza para continuar viviendo de su trabajo y reciban el apoyo de quienes gobiernan.  Oremos.
-Por los novios, por los niños y jóvenes que reciben estos días los sacramentos del bautismo, de la confirmación y de la eucaristía, para que los bendiga Dios y puedan vivir siempre el gozo de saberse amados por El.  Oremos.
-Por todos los hombres que viven inmersos en el miedo, la apatía, la duda, para que la resurrección del Señor les traiga la confianza y les devuelva la paz. Oremos.
Señor Jesús, escucha nuestra oración y llénanos de tu Espíritu Santo, para que vivamos con mucha alegría estas fiestas de Pascua.  Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.