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martes, 15 de mayo de 2018


MONICIONES PARA PENTECOSTES (CICLO B)

 
MONICION DE ENTRADA:
El Espíritu del Señor resucitado nos convoca a esta asamblea de hermanos.  Él, el Espíritu que renueva la faz de la tierra, está presente entre nosotros hoy, en este domingo de Pentecostés, el último día de las fiestas de Pascua.

MONICION A LA PRIMERA LECTURA:
El Espíritu Santo llega a los cristianos en Pentecostés y los vuelve comunidad santa y portadora de la verdad.  Al recibirlo, el cristiano no es “uno más” en la comunidad humana, sino miembro y mensajero de la comunidad de Dios.

MONICION A LA SEGUNDA LECTURA:
La Iglesia es una comunidad de personas, habilitadas por el Espíritu para diferentes ministerios.  Por ello, la actividad de los cristianos en el mundo no debe ser la de un organismo religioso, sino el motor que lo anime para ir a Dios.

MONICION A LA SECUENCIA:
Leeremos hoy, antes de escuchar el evangelio, una antigua plegaria al Espíritu Santo.  Unámonos a ella desde el fondo del corazón, pidiéndole que venga a nosotros, y nos renueve y nos acompañe.

ANTES DEL ALELUYA:
El evangelista Juan describe las funciones del Espíritu en la comunidad cristiana: es Consolador, Maestro de la verdad, Testigo de Jesús, Guía, Profeta y Evangelizador.  Sólo escuchándolo, los creyentes llegan a ser “cristianos perfectos”.

Oración universal: Invoquemos ahora al Espíritu, el Padre de los pobres, el Don de vida que fecunda nuestra existencia y renueva el camino de la humanidad.
 

Responderán diciendo: Ven, Espíritu Santo.

-Para que haya paz, concordia, justicia y libertad en todos los pueblos de la tierra.  Oremos.

-Para que en el corazón de todos los hombres crezcan sentimientos de fraternidad, de solidaridad, de perdón cuando sea necesario.  Oremos.

-Para que los países ricos sean realmente generosos con los países menos favorecidos.  Oremos.

-Para que todos los hombres de buena voluntad se sientan acompañados por el amor de Dios. Oremos.

-Para que el Papa, nuestro obispo y todos los creyentes seamos luz para nuestros hermano. Oremos.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor.  Amén

martes, 8 de mayo de 2018


LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR (CICLO B)

 
Celebramos hoy el día de la Ascensión del Señor a los cielos.  Las lecturas que hemos proclamado hoy nos hablan de esa vuelta de Jesús al Padre. 
 
La 1ª lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles, nos ha narrado la Ascensión del Señor al cielo y el encargo que nos hace a todos nosotros de continuar haciendo realidad su proyecto liberador en medios de los hombres.
 
Mientras los Apóstoles miraban fijos al cielo, dos hombres vestidos de blanco les dijeron: “Galileos, ¿qué hacen allí, parados, mirando al cielo?”  Nosotros también podemos vivir nuestra fe solo de rezos y buenos deseos, pasándonos la vida mirando al cielo. 
 
No podemos solamente mirar al cielo, hemos de estar atentos también a los problemas y a las angustias de los hombres de nuestro mundo.  No podemos ser indiferentes a las miserias, los sufrimientos y las esperanzas de nuestros hermanos.  Debemos mirar al cielo, pero, siendo también solidarios con todos los hombres, con todos los problemas de nuestra sociedad, trabajando codo a codo con todos, compartiendo lo que somos y tenemos, gozando y sufriendo con los logros y errores de nuestra generación, construyendo y edificando una sociedad mejor y más justa, cada uno desde donde está y con lo que es.  En definitiva, tenemos que ayudar a transformar este mundo desde los valores de Cristo y su evangelio.
 
La 2ª lectura de san Pablo a los Efesios, nos invita a la esperanza.  Nuestra esperanza es vivir en plena comunión con Dios.  Pero para ello, hemos de tomar conciencia de que no estamos solos, sino que vamos por la vida unidos a nuestros hermanos y formando parte de un mismo cuerpo que es Cristo.  En ese cuerpo, que formamos todos, Cristo es la cabeza y vive en la Iglesia y es en la Iglesia donde hoy se hace presente Cristo para todos nosotros.
 
En nuestra peregrinación por el mundo, tenemos que tener siempre presente “la esperanza a la que hemos sido llamados”: la resurrección.  Formamos un “cuerpo” con Cristo destinados a la vida plena y eterna.
 
Decir que formamos parte del “Cuerpo de Cristo” significa que debemos vivir en comunión con Dios, pero también significa vivir en comunión, en solidaridad con todos nuestros hermanos, miembros del mismo “cuerpo”, alimentados por la misma vida.
 
Tenemos, como cristianos, que hacernos presentes en el mundo para llevar a plenitud el proyecto liberador de Dios.  Esta tarea de liberación estará acabada cuando para todos los creyentes, Cristo sea “uno en todos”.
 
En el Evangelio de San Marcos vemos como Jesús se fue al Padre después de una vida gastada al servicio del Reino de Dios y le deja a sus discípulos la tarea de anunciar el Reino y transformar, renovar y hacer más humano este mundo en el que vivimos.
 
La Ascensión del Señor marca el final de la misión terrena de Cristo, pero también marca el comienzo de nuestra misión, el comienzo de la Iglesia.
 
La Ascensión de Jesús nos pide a cada persona una superación.  Nos pide que nos vayamos perfeccionando, que cada día vayamos mejorando en nuestra manera de vivir.  Por eso nuestra vida debe ser un compromiso continuo para ser sus discípulos.  Debemos ser signos vivos en medio de nuestro mundo de que Cristo ha resucitado y este hecho ha cambiado la historia del hombre.
 
Muchos hombres y mujeres se han transformado, se han superado al acoger el Evangelio, al recibir la Palabra de Dios; han logrado cosas imposibles, impensables.  Muchos han renunciado a sus bienes; otros a la violencia; otros al egoísmo; otros al rencor hacia sus semejantes; otros han obtenido la salud; otros se han puesto al servicio de los más necesitados; otros han dejado que su vida se llene de Dios y han cambiado sus actitudes destructivas y negativas o contrarias al amor de Dios.
 
Aquella persona que acoge el mensaje de Jesús y hace del Evangelio su programa de vida, encuentra que su vida tiene sentido, encuentra que se ha llenado de Dios y muchas cosas pueden transformarse en él. 
 
Acoger el mensaje del Señor significa que Dios nos ayuda a vivir este tiempo con paciencia y paz, sin caer en el fatalismo o la desesperanza.  Hoy hay hambre y violencia en el mundo, pero hay también más conciencia por hacerlo más humano, por luchar por una vida más justa para todos, que es el deseo de Dios.
 
Que la fiesta de hoy: la Ascensión del Señor, nos ayude a vivir en el servicio a Dios y a los hermanos para que podamos participar un día de la gloria del cielo.

MONICIONES PARA LA ASCENSION DEL SEÑOR (CICLO B)

 
MONICION DE ENTRADA:

La fiesta de la Ascensión que hoy celebramos nos ayuda a contemplar la gloria de Cristo resucitado.

Nos ayuda porque no nos presenta un Cristo lejano sino un Cristo cercano: El sigue con nosotros, encarnado en nuestra vida de cada día; pero, a la vez, se nos presenta como vencedor del pecado y de la muerte, como fuente de vida y de esperanza; y nos señala el término del camino hacia donde toda la humanidad se dirige llamada por Dios.

 
MONICION A LA PRIMERA LECTURA:

Los creyentes no ayudarán en la tierra si están lamentándose de la subida de Jesús al Padre.  Por ello, más que investigar la fecha de la renovación del mundo, les toca buscar al Espíritu de Dios y dar testimonio activo de Jesús.

MONICION A LA SEGUNDA LECTURA:

Los cristianos son prolongación de la presencia de Cristo en la tierra.  Por tanto, a ellos toca sembrar en los hombres inquietud por lo definitivo, esperanza de alcanzar a Dios y evidencia de que su reinado ha comenzado a realizarse.

ANTES DEL ALELUYA:

La presencia del cristiano en el mundo no puede ser neutra o desapercibida.  Debe notarse al hablar de Jesús y al obrar en favor de la humanidad.  Sólo así, el cristiano mostrará la pasta de que está hecho y la fe que lo acompaña.

Oración universal: Dispuestos a ser testigos de Jesús por todo el mundo y ante toda persona, pidamos sinceramente a Dios que su Reino llegue a toda la humanidad.

Responderán diciendo: Jesús resucitado, escúchanos.

 

-Para que la Iglesia sea siempre fiel a la misión encomendada por Jesús.  Para que su anuncio del Evangelio responda siempre a la realidad que viven los hombres de cada barrio, de cada pueblo, de cada país.  Oremos.

-Para que las celebraciones del bautismo, de la confirmación y de las primeras comuniones sean motivo de renovación para nuestras parroquias y movimientos.  Oremos.

-Para que la novedad de la resurrección que celebramos los cristianos estos días nos mueva a orar por la renovación de la humanidad.  Oremos.

-Por todos los dirigentes de las naciones; para que favorezcan los medios de diálogo, de convivencia, de comprensión, para conducir hacia la paz a todos los hombres. Oremos.

Escucha, Padre, estas oraciones que te hace el pueblo que tú has liberado, para que de este modo toda la humanidad pueda gozar de la novedad de vida que nos da Jesucristo nuestro Señor.  Que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.

martes, 1 de mayo de 2018

VI DOMINGO DE PASCUA
Las lecturas de este sexto domingo de Pascua nos presentan el amor como el programa prioritario de los cristianos.  Este es el mandamiento por excelencia para los que queremos ser seguidores de Jesús.
La 1ª lectura de los Hechos de los Apóstoles nos dice claramente que la salvación que Dios ofrece a la humanidad es para todos los seres humanos.  Para Dios lo importante no es pertenecer a una raza, a un partido político, a un grupo social, sino la disponibilidad para acoger la oferta de salvación que Él nos quiere dar.
Las únicas personas que no se salvan son aquellas que se cierran por orgullo o por autosuficiencia a los planes de Dios.
El Dios que ama a todos los hombres, nos invita a acoger a todos los hermanos, también a los diferentes, los que nos resultan incómodos, los que son del partido diferente a que yo milito, los que no piensan igual que yo.  A todo ser humano hay que acogerlo con bondad, comprensión, amor.  No nos toca a nosotros decidir quien es bueno y quien es malo, quien es santo y quien es un diablo.  Dios nos invita a que acojamos a todos, a que a todos los invitemos a formar parte de nuestra comunidad cristiana, sea cual sea su situación personal o social.  Estamos llamados a no excluir, a no marginar a nadie, a no ser intolerantes con nadie, a no tener prejuicios contra nadie.
Es fácil hablar de respeto, pero es más fácil matarlo con nuestros rencores, enemistades, egoísmos e injusticias.  Muchas veces amamos por interés. Dios ama a todos, el amor de Dios es universal.  La fe es universal y el mensaje de Jesús es universal.  Seamos nosotros un reflejo de ese amor de Dios.
La 2ª lectura de la primera carta de San Juan, nos presenta una de las más profundas y completas definiciones de Dios: “Dios es amor”.
Todos esos momentos que en nuestra vida sentimos alegría, felicidad, paz, etc., son signos concretos del amor de Dios, de su presencia  a nuestro lado, de su preocupación por nosotros.  Si de algo debemos estar seguros, si de algo debemos tener certeza es que Dios es amor y que Él nos ama con un amor sin límite. 
Por ello nos invitaba san Juan a “nacer de Dios”, es decir, dejar que la vida de Dios circule en nosotros, que cada vez que vez que respiremos nos llenemos de la presencia de Dios en nuestra vida.  Debemos darnos cuenta que somos hijos de Dios no tanto por haber sido bautizados sino porque optamos libremente por Dios, porque día a día nos llenamos más de la presencia de Dios en nuestra vida.
El Evangelio de San Juan nos decía: “Como el Padre me ama, así los amo yo”.  Jesús es el rostro visible del amor invisible de Dios Padre.  Jesús es la personificación perfecta del amor de Dios.
Por amor Dios creó este mundo con toda su belleza.  Por amor Dios creó al ser humano y nos creó con tanto amor que nos hizo libres.  Nosotros, cada ser humano, somos obra del amor de Dios, somos fruto del amor y así deberíamos de vernos unos a otros en lugar de despreciarnos y despreciar a los demás con nuestros rencores, odios, envidias, etc.  ¡Qué diferentes serían nuestras relaciones si en vez de despreciarnos unos a otros, nos viésemos todos como lo que somos, hijos queridos de Dios!  Quizás empezaríamos a ver al mundo, a los demás y a nosotros mismos con otros ojos, quizás nos veríamos con otra mirada, una mirada más comprensiva, más bondosa, más humana. 
¿Cómo nos ama Dios y cómo deberíamos de amarnos nosotros?  El amor de Dios es un amor gratuito: sin razones, sin motivos, sin intereses, puro regalo, no es un pago por nuestros méritos, sino puro don.  “No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido”. 
El amor de Dios es un amor generoso: que lo da todo, se da del todo y se da a todos. 
Es un amor incondicional: que ama sin condiciones.  Que nunca nos quitará el crédito de su amistad, ni aún en el caso que nosotros no correspondamos a su amor.  Un amor que nos ama por encima de nuestras cualidades y comportamientos. 
Es un amor sin límites: sin condicionamientos humanos.  Ni siquiera la muerte es su límite, porque “el amor no pasa nunca”.  Sin límites de intensidad, hasta el extremo: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”.   
Así debe ser el amor que debemos vivir los seres humanos, sólo un amor así nos realiza como personas y nos hace hijos de Dios. 
Alegrémonos hoy en el Señor, porque Él nos ha amado primero.  Démosle gracias por tanto amor y que su amor llegue a plenitud en cada uno de nosotros.

MONICIONES PARA EL VI DOMINGO DE PASCUA

MONICION DE ENTRADA:

Parece que ha pasado ya mucho tiempo desde que celebrábamos la gran fiesta de Pascua.  Sin embargo, continuamos dentro del tiempo de Pascua: nos quedan quince días, hasta el domingo de Pentecostés.  Es que la fiesta más importante de la fe cristiana, la Pascua, ¡necesita de muchos días para ser bien celebrada!

Pediremos, en la primera oración de la Misa de hoy, “continuar celebrando con amor y alegría la victoria de Cristo resucitado”.  Que así sea, en este mes de mayo, con la ayuda de María.

MONICION A LA PRIMERA LECTURA:

Los cristianos no tenemos en exclusiva a Dios.  A veces, solamente nos tocará ver su acción entre los no cristianos, como pasó a Pedro.  Esto no debe incomodarnos sino recordarnos que Dios no prefiere, sino ama y salva.

MONICION A LA SEGUNDA LECTURA:

La palabra “amor” es tan hueca hoy que, con ella, justificamos tanto nuestros peores apetitos como nuestra chocante sensiblería.  Juan nos ayuda a discernir.  El amor de Dios debe hacernos actuar como El y vivir como Cristo.

ANTES DEL ALELUYA:

Los cristianos afirmamos amar a Dios, aunque esto no siempre es verdad.  Amarlo no es sólo decirlo, sino vivirlo y mostrarlo.  Amar no es, necesariamente, acariciar a otro; también es renunciar a oprimirlo y saber sacrificarse por él.

Oración universal: Teniendo por intercesor delante del Padre a Jesucristo resucitado y sabiendo que es el Espíritu quien ora en nosotros, pidamos por las necesidades de todos los hombres.

Responderán diciendo: Jesús resucitado, escúchanos.

-Para que todos los seguidores de Jesús resucitado, para que toda la Iglesia en sus diversos aspectos, cumplamos el mandamiento: “que se amen unos a otros como yo los he amado”.  Oremos.

-Para que entre los seguidores de las grandes religiones del mundo exista comprensión y diálogo, mayor fidelidad de todos a la guía del Espíritu de Dios.  Oremos.

-Por los enfermos.  Para que todos encuentren en su camino la presencia confortable de Jesús vivo.  Oremos.

-Por quienes atienden a los enfermos, en centros sanitarios o en su casa.  Para que en esta tarea se sepan instrumentos del amor de Dios.  Oremos.

-Por los niños y niñas que en estos domingos comulgan por primera vez.  Y por los jóvenes que celebran su confirmación.  Para que en todos ellos Jesucristo y su amor sea fuerza y alimento.  Oremos.

-Por los que viven solos, desamparados, por los que se sienten faltos de cariño, para que encuentren un corazón que les brinde ese amor que nos viene de lo alto.  Oremos.

Padre, tú nos has revelado la gran alegría: Jesús y su Evangelio.  Ayúdanos a hacer presente esta gran esperanza entre todos los hombres, en toda ocasión y lugar.  Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

 

martes, 24 de abril de 2018


HOMILÍA PARA EL V DOMINGO DE PASCUA (CICLO B)

La liturgia de este quinto domingo de Pascua nos invita a reflexionar sobre nuestra unión con Cristo y nos dice que sólo unidos a Cristo podremos alcanzar la vida verdadera que Dios nos ha prometido.

La 1ª lectura de los Hechos de los Apóstoles, nos habla de San Pablo.  San Pablo era un perseguidor de los cristianos, pero tiene una importante experiencia camino de Damasco: se encuentra con Cristo resucitado.  Este acontecimiento cambia radicalmente su vida y de perseguidor de Jesús se convierte en un gran apóstol del Señor.

Para la comunidad cristiana no era fácil admitir a Pablo en la Iglesia de entonces, no era fácil confiar en el que había sido un gran enemigo y un fanático de los cristianos.  Sin embargo, la fuerza del Evangelio de perdonar y de amar se impone para aceptar a Pablo como un nuevo cristiano y poder unirse a la comunidad cristiana.

Nuestra vocación como cristianos no es seguir a Cristo aisladamente, sino formando parte de una familia de hermanos que compartimos la misma fe y que hacemos juntos el mismo camino del amor.

El cristiano no es un ser aislado, sino una persona que es miembro de un cuerpo, el Cuerpo de Cristo, formando parte de una comunidad, de la Iglesia.  No se es cristiano por libre, sino injertado en una comunidad.

Es en diálogo y compartiendo con los demás hermanos de la comunidad como nuestra fe nace, crece y madura y es en la comunidad, unidos por los lazos del amor y de la fraternidad, como nos realizamos plenamente como cristianos.

La comunidad cristiana está formada por personas, personas que tienen debilidades y fallas, pero también personas entregadas y que viven en gracia de Dios.  Por ello, en una comunidad cristiana pueden surgir conflictos, tensiones porque podemos tener diferencias entre unos y otros miembros de la comunidad, pero porque existan esas diferencias, esto no nos puede servir de pretexto para abandonar la comunidad y creer que podemos ir por la vida como cristianos en solitario.

La Iglesia es una comunidad formada por hombres y mujeres, con debilidades y fragilidades, pero es, sobre todo una comunidad asistida, conducida y guiada por el Espíritu Santo.

En la 2ª lectura de la primera carta de San Juan, se nos pedía insistentemente que dejemos a un lado las buenas palabras y el preocuparnos de nuestra buena imagen ya que nuestra vocación, a lo que nos llama el Señor, nuestra meta, es amar de verdad y amar con obras.

La vida de un árbol se ve por sus frutos.  Si realizamos obras de amor, si nuestros gestos de bondad y de solidaridad transmiten alegría y esperanza, si nuestras acciones hacen de nuestro mundo un mundo un poco mejor, es porque estamos en comunión con Dios y la vida de Dios está en nosotros y si la vida de Dios está en nosotros, esta vida se manifiesta no en palabras sino en gestos concretos de amor.

 

El Evangelio de san Juan nos dice que Jesús es la vid y nosotros los sarmientos.  Si queremos dar frutos tenemos que permanecer unidos a Él.  Sin estar unidos a Cristo no podemos dar frutos, no podemos sobrevivir como cristianos.

Hay momentos en nuestra vida en los que hemos intentado vivir sin contar con Dios, sin estar unidos a Él, hemos pensado que podíamos conseguirlo todo, sólo con nuestras propias fuerzas, pero la realidad es que sin Dios no somos nada, sin Dios no podemos conseguir nada.  Es el orgullo y la vanidad los que nos hacen pensar que podemos prescindir de Dios y que todo lo podemos lograr por nosotros mismos.  Grave error pensar así.

Solamente unidos a Cristo podremos dar frutos y hay que buscar dar buenos frutos.  Una tentación que podemos tener en la vida es cansarnos de ser buenos, cansarnos de dedicarnos a hacer el bien.  Este cansancio nos puede llevar al desencanto ante tanta lucha y tan pocos resultados, a abandonar los grandes ideales y los buenos proyectos; es un cansancio que nos conduce a la flojera, cobardía y a la apatía.

Por ello, cada día tenemos que esforzarnos por “dar frutos”, por trabajar con empeño.  El mundo, la Iglesia, la familia, las personas que más quieres necesitan de ti, de tus frutos.  No puedes dejar de dar frutos porque si no moriremos espiritualmente.

Dar frutos es una exigencia para todo cristianos que vive unido a Cristo.  No nos convirtamos en “sarmientos secos”, es decir en personas que un día nos comprometimos con Cristo, pero después lo dejamos de seguir.  Quitemos de nuestra vida esos obstáculos que nos impiden estar unidos al Señor y que la vida de Cristo circule en nosotros.

No pretendamos ser felices solo con nuestro esfuerzo, sin Cristo.  Dios necesita nuestro esfuerzo para hacernos felices, pero nosotros necesitamos a Dios para alcanzar la plenitud de vida.

 

 

MONICIONES PARA EL V DOMINGO DE PASCUA (CICLO B)
 

V DOMINGO DE PASCUA (CICLO B)

MONICION DE ENTRADA:

Nuestra celebración dominical de la Eucaristía es siempre un momento de encuentro con el Señor resucitado.  Todos los domingos del año nos reunimos los cristianos, desde el principio de la Iglesia, para que el Señor nos haga vivir su vida y nos dé fuerza para ser de verdad fieles a su Evangelio.

Pero ahora, en estos domingos de Pascua, nuestro encuentro tiene un valor y un sentido especial: un sentido y un valor más fuerte, más vivo, más intenso.  Porque estamos celebrando los días de la resurrección de Jesús.

MONICION A LA PRIMERA LECTURA:

Los cristianos desarrollan mejor su misión si acomodan el mensaje a su ambiente.  Polemizar puede servir a la fe, pero conviene tener caminos mejores para difundir el Evangelio.  Evitar el choque como Pablo, también es recurso.

MONICION A LA SEGUNDA LECTURA:

Quizá en algunos casos, el creyente dude estar en lo cierto.  Aunque eso suceda, la caridad será siempre el criterio que califique su adhesión a Dios.  Por ello, Juan dice que los hechos, no las palabras, son la medida de la fe.

ANTES DEL ALELUYA:

El crecimiento espiritual de la persona o comunidad cristiana no depende de su culto o número de adeptos, sino de los frutos que dan.  Para aclararlo mejor, Jesús invita a sus seguidores a unírsele “como las ramas al árbol”.

Oración Universal: Unidos con Jesús, como los sarmientos a la vid, podemos orar con toda confianza.

Responderán diciendo: Jesús resucitado, escúchanos.

-Para que la Iglesia se renueve constantemente para que sea más fiel al Evangelio de Jesucristo.  Oremos.

-Para que los cristianos vitalicemos nuestra fe y renovemos nuestro Bautismo.  Oremos.

-Para que los gobernantes de todas las naciones se esfuercen al servicio de la paz, la justicia y el bienestar para todos.  Oremos.

-Para que los trabajadores, aquí y en todo el mundo, vean reconocidos sus derechos.  Oremos.

-Para que los que no tienen trabajo encuentren la ayuda necesaria para conseguirlo y poder vivir dignamente.  Oremos.

-Para que todos los que participamos en esta Eucaristía seamos cada día más fieles a las promesas del Bautismo que renovamos en la noche Pascual.  Oremos.

-Por los gobernantes y los dirigentes de las naciones para que su labor no se quede en palabras y atiendan a su pueblo de verdad y con obras. Oremos.

Escucha, Jesús resucitado, nuestra oración, para que la alegría de tu vida alcance a todo el mundo.  Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.