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martes, 22 de mayo de 2018


LA SANTISIMA TRINIDAD (CICLO B)

 

Celebramos hoy el domingo de la Santísima Trinidad. Un misterio central del cristianismo. Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es Uno y, al mismo tiempo, Tres. Un misterio que quizá es difícil de entender y de explicar, pues no podemos concebir cómo se puede ser al mismo tiempo uno y tres. Hay una sola naturaleza divina y tres personas con esa naturaleza divina. Un solo Dios verdadero y tres personas.

En la 1ª lectura del libro del Deuteronomio, Dios se revela como el Dios que viene a nuestro encuentro, que nos habla, que nos indica el camino seguro para alcanzar la libertad y la vida; se revela como el Dios que está atento a nuestros problemas.

A veces, en nuestra vida, nos sentimos solos y sin saber qué hacer, tenemos dudas, miserias y problemas.  Ante todo esto tenemos que estar seguros que Dios es y será siempre para nosotros una luz de esperanza que ilumina nuestro camino y que nos permite afrontar nuestros problemas con paz y serenidad.

¿En quién y en qué ponemos nuestra esperanza? ¿En esos dioses que tantas veces nos atraen (el dinero, el poder, la fama, el reconocimiento social, la moda...), que tantas veces atraen nuestra atención y que no son, verdaderamente, garantía de vida y de felicidad? ¿Esos dioses nos traen libertad y esperanza o esclavitud?

La 2ª lectura de san Pablo a los Romanos, nos muestra una vez más que Dios no es un Dios distante e inaccesible.  Hay ocasiones en nuestra vida que buscamos a Dios y pareciera que no conseguimos descubrir su presencia, pues incluso en esos momentos, es preciso no olvidarnos que Dios nunca abandona a sus hijos que ninguno de nosotros le somos indiferente.

El evangelio de san Mateo, aparece la fórmula trinitaria de nuestro bautismo.  Fuimos bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Pero ¿qué significa el misterio de la Santísima Trinidad?  El misterio de la Santísima Trinidad significa que Dios es un Padre que ama, Jesús lo llama Padre, que ama desde siempre y seguirá amando siempre, de Él sólo brota amor.

Dios es Hijo. Jesús se llama el Hijo de Dios, “El Padre y yo somos uno”, Él es el eternamente amado antes de la creación del mundo. Es el Hijo, el que acoge el amor del Padre, es la respuesta eterna a su amor. Jesús nos dice que Dios es amor compartido.

Dios es Espíritu Santo. ”Les enviaré mi Espíritu.” Es el Amor eterno entre el Padre y el Hijo amado. Dios es un misterio de comunión y de amor, un foco de amor insondable. El misterio de Dios es dar y recibir amor.

En esta festividad de la Santísima Trinidad hemos de preguntarnos si de veras creemos en este Dios que es amor, en este Dios que no es un ser solitario sino comunitario, porque a veces, pareciera que no todos creemos en el mismo Dios.
 
El ser humano tiene la tentación de hacerse siempre un dios a la medida de sus intereses y necesidades, y esto lo hemos conocido demasiado a menudo también los cristianos. Un dios que apoya al poder inhumano, un dios que justifica la riqueza de unos pocos, un dios que pide sacrificios, ese dios no es el Dios de Jesús, sino un ídolo.  

Celebrar el Misterio de la Santísima Trinidad es celebrar a un Dios que es cercano, un Dios misericordioso, un Dios que toma la iniciativa para amarnos.

En este Dios que nos describen las lecturas de hoy es en el que tenemos que creer y no en el dios que nosotros nos fabricamos.  Hemos de creer en un Dios amor que nos compromete a todos los que nos llamamos cristianos a que frente al egoísmo y la avaricia de riquezas, compartamos lo que tenemos; frente al orgullo y al odio, perdonemos y seamos constructores de paz; frente a los deseos de poder, seamos servidores.

La fiesta de hoy nos recuerda a todos que al igual que Dios no es un ser solitario, nosotros tenemos que hacer de este mundo una comunidad, una familia, a imagen de la familia de Dios. Ese fue el intento de Jesús. La Familia de Dios, el Reino de Dios.

La soledad, el aislamiento, la desunión, la separación, no están en el proyecto de Dios y se oponen al proyecto de nuestro Dios que es comunión que es familia que es amor.

MONICIONES SANTISIMA TRINIDAD (CICLO B)

MONICION DE ENTRADA:

Acabado ya el tiempo de Pascua, celebramos hoy la fiesta de la Santísima Trinidad.  Es como una llamada a la contemplación de nuestro Dios.  Ese Dios que es el origen y el término de nuestras vidas, ese Dios que se ha hecho hombre como nosotros y nos ha mostrado un amor fiel hasta la muerte, ese Dios que es Espíritu que penetra y transforma nuestro mismo espíritu.

Alabemos, hermanos, la grandeza de nuestro Dios y agradezcamos su amor inmenso para con nosotros.

MONICION A LA PRIMERA LECTURA:

Deuteronomio señala que se conoce a Dios al ser liberados del dolor.  Israel conoció a Dios al ser rescatados de la opresión.  Lo mismo pasará a quien salga de cuanto lo oprime y aprenda a vivir la voluntad de Dios expresada en mandamientos.

MONICION A LA SEGUNDA LECTURA:

Participar de Dios y de su misterio es anhelo al cual aspiran hombres y movimientos religiosos.  San Pablo aclara a los cristianos de Roma que, en su bautismo, se les ha concedido la filiación divina.  Ahora, podemos invocarlo como Padre.

ANTES DEL ALELUYA:

Mateo presenta el encuentro de Cristo con sus discípulos en un monte de Galilea.  Ahí los comisiona recorrer la tierra, llegar a todas las culturas y mostrar que Dios da su amor comunitario a cuantos quieran recibir el bautismo.

Oración universal: A Dios, el Padre de amor, presentemos con fe y confianza nuestras plegarias por nosotros y por todos los hombres.

Responderán diciendo: Padre, escúchanos.

 

-Por la Iglesia de nuestro país, y por todos los que la formamos.  Oremos.

-Por la unidad de todas las Iglesias cristianas.  Oremos.

-Por los monasterios de vida contemplativa, y por los monjes y monjas que viven en ellos dedicados a la oración y a la alabanza de Dios.  Oremos.

-Por los movimientos y grupos de jóvenes cristianos.  Oremos.

-Por la paz y la concordia entre todos los pueblos de la tierra.  Oremos.

-Por los gobernantes y toda nuestra comunidad.  Oremos.

-Por nosotros y por nuestras comunidades cristianas.  Oremos.

-Por los empresarios para que se esfuercen en mantener y crear puestos de trabajo para todos.  Oremos.

Escucha, Padre, nuestra oración y derrama tu bondad sobre el mundo entero.  Por Jesucristo nuestro Señor.

EXHORTACIÓN DESPEDIDA.

Somos un pueblo unido, no individuos solitarios e insolidarios. Ese ejemplo de unidad en el amor, de cercanía, de familia, nos lo da la Trinidad Santa, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Salgamos, también, unidos a proclamar por calles y plazas la esencia y la naturaleza de nuestro Dios.

martes, 15 de mayo de 2018


PENTECOSTES (CICLO B)

Hoy celebramos el día de Pentecostés, el día de la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles y sobre la Iglesia.  Con la venida del Espíritu Santo comienza la misión de la Iglesia; los apóstoles pasan del miedo a la valentía para dar testimonio de Jesús. 

La 1ª lectura de los Hechos de los Apóstoles, nos decía cómo el Espíritu Santo cuando vino sobre los Apóstoles, se manifestó con el don de la “glosolalia”, es decir que les dio a los Apóstoles la posibilidad de hablar en distintos idiomas y de hacerse entender por todos.  El Espíritu Santo es enviado por Dios Padre para que todos los hombres, aunque seamos de diferentes razas y culturas, podamos entendernos y vivir en fraternidad. 

Pentecostés es el polo opuesto al episodio en el Antiguo Testamento de la Torre de Babel: los hombres quisieron construir una torre tan alta que llegara al cielo para hacerle la competencia a Dios; pero Dios confundió sus lenguas de modo que no podían entenderse.   

En nuestro mundo actual, vemos que hay una gran diversidad en todo: idiomas, costumbres, colores, paisajes, gobiernos, religiones.  Pareciera que el mundo ante tanta diversidad le cuesta trabajo encontrar caminos de entendimiento y de fraternidad. 

El día de Pentecostés fue enviado el Espíritu Santo, en nombre de Dios Padre, para hacer posible el entendimiento entre las personas, a hacer realidad la fraternidad.  El lenguaje del amor lo entiende todo el mundo.  El orgullo, la soberbia, crea división entre las personas; el Espíritu Santo crea comunión, cercanía, diálogo, fraternidad.  Cuando hay división se dificulta la acción del Espíritu Santo en nuestra vida.  Hay que dejar de vivir encerrado en uno mismo para dejar que actúe el lenguaje del Espíritu Santo que es el lenguaje del amor. 

La 2ª lectura de la primera carta de San Pablo a los Corintios, nos dice que en cada uno de nosotros se manifiesta el Espíritu Santo para el bien común.  Esa es la finalidad primera del Espíritu Santo, el bien común; por eso aunque existan diversidad de dones, de servicios, de funciones, pero hay un mismo Espíritu. 

Los dones que recibimos no pueden ser utilizados en beneficio propio, sino que deben ser puestos al servicio de todos.  Los dones que recibimos tampoco pueden ser para generar conflictos y divisiones, sino que deben servir para el bien común, el bien de la sociedad, el bien de la comunidad cristiana. 

En una sociedad, en una comunidad cristiana, todos somos necesarios.  Cuando hay división y no hay fraternidad entre nosotros, es señal de que no estamos dejando actuar al Espíritu Santo y estamos actuando por nuestra cuenta sin tener presente a Dios.

El evangelio de san Juan, nos decía que “al anochecer, encerrados y con miedo estaban los discípulos cuando se presentó Jesús en medio de ellos”. 

A veces, nosotros, estamos en una situación igual.  Nos sentimos “al anochecer” de nuestra ilusiones y esperanzas, llenos de tristeza, añorando el pasado, sumergidos en el pesimismo, en el desaliento, lamentándonos todo el día.  Y vivimos “con las puertas cerradas”, es decir, aislados, sin nada que decir, ni esperar y “con miedo” de hacer algo positivo por nuestra vida, miedo de proclamar la Palabra de Dios, miedo de actuar como cristianos. 

“Se presentó Jesús en medio de ellos”.  Cuando dejamos actuar al Espíritu Santo en nuestras vidas las puertas se abren, el miedo se acaba.   

Como aquéllos discípulos, ¿qué haremos hoy? ¿Encerrarnos en nuestras casas?, ¿en nosotros mismos?, ¿callar?, ¿aguantar la tristeza?, ¿seguir con nuestro miedo?  

Muchas cosas pedimos a Dios, que nos cure en la enfermedad, que nos de salud, que nos ayude a encontrar trabajo, que no nos falte el dinero, que no le pase nada malo a nuestra familia, etc. etc.,  tantas y tantas cosas, y sin embargo nos bastaría con pedirle una cosa: su Espíritu.  El Espíritu Santo y sus dones de amor, paz, alegría, servicialidad.   

Sólo el Espíritu nos puede permitir vivir y tener las mismas actitudes que Jesús.   Y de eso se trata para los cristianos, tener los mismos sentimientos y actitudes que el Hijo.  Para poder formar parte de la familia de Dios.  Ese debe ser nuestro único deseo.   Por eso hoy, con el Hijo y en el Espíritu nos atrevemos a llamar a Dios, Abba, Padre, y a pedirle con todo nuestro corazón: envíanos tu Espíritu, llena los corazones de tus fieles con el fuego de tu amor.
 

En este día de Pentecostés, y siempre, pidamos al Señor que venga su Espíritu Santo, para que fortalezca nuestra fe, para que nos haga testigos valientes de su amor en el mundo.

MONICIONES PARA PENTECOSTES (CICLO B)

 
MONICION DE ENTRADA:
El Espíritu del Señor resucitado nos convoca a esta asamblea de hermanos.  Él, el Espíritu que renueva la faz de la tierra, está presente entre nosotros hoy, en este domingo de Pentecostés, el último día de las fiestas de Pascua.

MONICION A LA PRIMERA LECTURA:
El Espíritu Santo llega a los cristianos en Pentecostés y los vuelve comunidad santa y portadora de la verdad.  Al recibirlo, el cristiano no es “uno más” en la comunidad humana, sino miembro y mensajero de la comunidad de Dios.

MONICION A LA SEGUNDA LECTURA:
La Iglesia es una comunidad de personas, habilitadas por el Espíritu para diferentes ministerios.  Por ello, la actividad de los cristianos en el mundo no debe ser la de un organismo religioso, sino el motor que lo anime para ir a Dios.

MONICION A LA SECUENCIA:
Leeremos hoy, antes de escuchar el evangelio, una antigua plegaria al Espíritu Santo.  Unámonos a ella desde el fondo del corazón, pidiéndole que venga a nosotros, y nos renueve y nos acompañe.

ANTES DEL ALELUYA:
El evangelista Juan describe las funciones del Espíritu en la comunidad cristiana: es Consolador, Maestro de la verdad, Testigo de Jesús, Guía, Profeta y Evangelizador.  Sólo escuchándolo, los creyentes llegan a ser “cristianos perfectos”.

Oración universal: Invoquemos ahora al Espíritu, el Padre de los pobres, el Don de vida que fecunda nuestra existencia y renueva el camino de la humanidad.
 

Responderán diciendo: Ven, Espíritu Santo.

-Para que haya paz, concordia, justicia y libertad en todos los pueblos de la tierra.  Oremos.

-Para que en el corazón de todos los hombres crezcan sentimientos de fraternidad, de solidaridad, de perdón cuando sea necesario.  Oremos.

-Para que los países ricos sean realmente generosos con los países menos favorecidos.  Oremos.

-Para que todos los hombres de buena voluntad se sientan acompañados por el amor de Dios. Oremos.

-Para que el Papa, nuestro obispo y todos los creyentes seamos luz para nuestros hermano. Oremos.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor.  Amén

martes, 8 de mayo de 2018


LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR (CICLO B)

 
Celebramos hoy el día de la Ascensión del Señor a los cielos.  Las lecturas que hemos proclamado hoy nos hablan de esa vuelta de Jesús al Padre. 
 
La 1ª lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles, nos ha narrado la Ascensión del Señor al cielo y el encargo que nos hace a todos nosotros de continuar haciendo realidad su proyecto liberador en medios de los hombres.
 
Mientras los Apóstoles miraban fijos al cielo, dos hombres vestidos de blanco les dijeron: “Galileos, ¿qué hacen allí, parados, mirando al cielo?”  Nosotros también podemos vivir nuestra fe solo de rezos y buenos deseos, pasándonos la vida mirando al cielo. 
 
No podemos solamente mirar al cielo, hemos de estar atentos también a los problemas y a las angustias de los hombres de nuestro mundo.  No podemos ser indiferentes a las miserias, los sufrimientos y las esperanzas de nuestros hermanos.  Debemos mirar al cielo, pero, siendo también solidarios con todos los hombres, con todos los problemas de nuestra sociedad, trabajando codo a codo con todos, compartiendo lo que somos y tenemos, gozando y sufriendo con los logros y errores de nuestra generación, construyendo y edificando una sociedad mejor y más justa, cada uno desde donde está y con lo que es.  En definitiva, tenemos que ayudar a transformar este mundo desde los valores de Cristo y su evangelio.
 
La 2ª lectura de san Pablo a los Efesios, nos invita a la esperanza.  Nuestra esperanza es vivir en plena comunión con Dios.  Pero para ello, hemos de tomar conciencia de que no estamos solos, sino que vamos por la vida unidos a nuestros hermanos y formando parte de un mismo cuerpo que es Cristo.  En ese cuerpo, que formamos todos, Cristo es la cabeza y vive en la Iglesia y es en la Iglesia donde hoy se hace presente Cristo para todos nosotros.
 
En nuestra peregrinación por el mundo, tenemos que tener siempre presente “la esperanza a la que hemos sido llamados”: la resurrección.  Formamos un “cuerpo” con Cristo destinados a la vida plena y eterna.
 
Decir que formamos parte del “Cuerpo de Cristo” significa que debemos vivir en comunión con Dios, pero también significa vivir en comunión, en solidaridad con todos nuestros hermanos, miembros del mismo “cuerpo”, alimentados por la misma vida.
 
Tenemos, como cristianos, que hacernos presentes en el mundo para llevar a plenitud el proyecto liberador de Dios.  Esta tarea de liberación estará acabada cuando para todos los creyentes, Cristo sea “uno en todos”.
 
En el Evangelio de San Marcos vemos como Jesús se fue al Padre después de una vida gastada al servicio del Reino de Dios y le deja a sus discípulos la tarea de anunciar el Reino y transformar, renovar y hacer más humano este mundo en el que vivimos.
 
La Ascensión del Señor marca el final de la misión terrena de Cristo, pero también marca el comienzo de nuestra misión, el comienzo de la Iglesia.
 
La Ascensión de Jesús nos pide a cada persona una superación.  Nos pide que nos vayamos perfeccionando, que cada día vayamos mejorando en nuestra manera de vivir.  Por eso nuestra vida debe ser un compromiso continuo para ser sus discípulos.  Debemos ser signos vivos en medio de nuestro mundo de que Cristo ha resucitado y este hecho ha cambiado la historia del hombre.
 
Muchos hombres y mujeres se han transformado, se han superado al acoger el Evangelio, al recibir la Palabra de Dios; han logrado cosas imposibles, impensables.  Muchos han renunciado a sus bienes; otros a la violencia; otros al egoísmo; otros al rencor hacia sus semejantes; otros han obtenido la salud; otros se han puesto al servicio de los más necesitados; otros han dejado que su vida se llene de Dios y han cambiado sus actitudes destructivas y negativas o contrarias al amor de Dios.
 
Aquella persona que acoge el mensaje de Jesús y hace del Evangelio su programa de vida, encuentra que su vida tiene sentido, encuentra que se ha llenado de Dios y muchas cosas pueden transformarse en él. 
 
Acoger el mensaje del Señor significa que Dios nos ayuda a vivir este tiempo con paciencia y paz, sin caer en el fatalismo o la desesperanza.  Hoy hay hambre y violencia en el mundo, pero hay también más conciencia por hacerlo más humano, por luchar por una vida más justa para todos, que es el deseo de Dios.
 
Que la fiesta de hoy: la Ascensión del Señor, nos ayude a vivir en el servicio a Dios y a los hermanos para que podamos participar un día de la gloria del cielo.

MONICIONES PARA LA ASCENSION DEL SEÑOR (CICLO B)

 
MONICION DE ENTRADA:

La fiesta de la Ascensión que hoy celebramos nos ayuda a contemplar la gloria de Cristo resucitado.

Nos ayuda porque no nos presenta un Cristo lejano sino un Cristo cercano: El sigue con nosotros, encarnado en nuestra vida de cada día; pero, a la vez, se nos presenta como vencedor del pecado y de la muerte, como fuente de vida y de esperanza; y nos señala el término del camino hacia donde toda la humanidad se dirige llamada por Dios.

 
MONICION A LA PRIMERA LECTURA:

Los creyentes no ayudarán en la tierra si están lamentándose de la subida de Jesús al Padre.  Por ello, más que investigar la fecha de la renovación del mundo, les toca buscar al Espíritu de Dios y dar testimonio activo de Jesús.

MONICION A LA SEGUNDA LECTURA:

Los cristianos son prolongación de la presencia de Cristo en la tierra.  Por tanto, a ellos toca sembrar en los hombres inquietud por lo definitivo, esperanza de alcanzar a Dios y evidencia de que su reinado ha comenzado a realizarse.

ANTES DEL ALELUYA:

La presencia del cristiano en el mundo no puede ser neutra o desapercibida.  Debe notarse al hablar de Jesús y al obrar en favor de la humanidad.  Sólo así, el cristiano mostrará la pasta de que está hecho y la fe que lo acompaña.

Oración universal: Dispuestos a ser testigos de Jesús por todo el mundo y ante toda persona, pidamos sinceramente a Dios que su Reino llegue a toda la humanidad.

Responderán diciendo: Jesús resucitado, escúchanos.

 

-Para que la Iglesia sea siempre fiel a la misión encomendada por Jesús.  Para que su anuncio del Evangelio responda siempre a la realidad que viven los hombres de cada barrio, de cada pueblo, de cada país.  Oremos.

-Para que las celebraciones del bautismo, de la confirmación y de las primeras comuniones sean motivo de renovación para nuestras parroquias y movimientos.  Oremos.

-Para que la novedad de la resurrección que celebramos los cristianos estos días nos mueva a orar por la renovación de la humanidad.  Oremos.

-Por todos los dirigentes de las naciones; para que favorezcan los medios de diálogo, de convivencia, de comprensión, para conducir hacia la paz a todos los hombres. Oremos.

Escucha, Padre, estas oraciones que te hace el pueblo que tú has liberado, para que de este modo toda la humanidad pueda gozar de la novedad de vida que nos da Jesucristo nuestro Señor.  Que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.

martes, 1 de mayo de 2018

VI DOMINGO DE PASCUA
Las lecturas de este sexto domingo de Pascua nos presentan el amor como el programa prioritario de los cristianos.  Este es el mandamiento por excelencia para los que queremos ser seguidores de Jesús.
La 1ª lectura de los Hechos de los Apóstoles nos dice claramente que la salvación que Dios ofrece a la humanidad es para todos los seres humanos.  Para Dios lo importante no es pertenecer a una raza, a un partido político, a un grupo social, sino la disponibilidad para acoger la oferta de salvación que Él nos quiere dar.
Las únicas personas que no se salvan son aquellas que se cierran por orgullo o por autosuficiencia a los planes de Dios.
El Dios que ama a todos los hombres, nos invita a acoger a todos los hermanos, también a los diferentes, los que nos resultan incómodos, los que son del partido diferente a que yo milito, los que no piensan igual que yo.  A todo ser humano hay que acogerlo con bondad, comprensión, amor.  No nos toca a nosotros decidir quien es bueno y quien es malo, quien es santo y quien es un diablo.  Dios nos invita a que acojamos a todos, a que a todos los invitemos a formar parte de nuestra comunidad cristiana, sea cual sea su situación personal o social.  Estamos llamados a no excluir, a no marginar a nadie, a no ser intolerantes con nadie, a no tener prejuicios contra nadie.
Es fácil hablar de respeto, pero es más fácil matarlo con nuestros rencores, enemistades, egoísmos e injusticias.  Muchas veces amamos por interés. Dios ama a todos, el amor de Dios es universal.  La fe es universal y el mensaje de Jesús es universal.  Seamos nosotros un reflejo de ese amor de Dios.
La 2ª lectura de la primera carta de San Juan, nos presenta una de las más profundas y completas definiciones de Dios: “Dios es amor”.
Todos esos momentos que en nuestra vida sentimos alegría, felicidad, paz, etc., son signos concretos del amor de Dios, de su presencia  a nuestro lado, de su preocupación por nosotros.  Si de algo debemos estar seguros, si de algo debemos tener certeza es que Dios es amor y que Él nos ama con un amor sin límite. 
Por ello nos invitaba san Juan a “nacer de Dios”, es decir, dejar que la vida de Dios circule en nosotros, que cada vez que vez que respiremos nos llenemos de la presencia de Dios en nuestra vida.  Debemos darnos cuenta que somos hijos de Dios no tanto por haber sido bautizados sino porque optamos libremente por Dios, porque día a día nos llenamos más de la presencia de Dios en nuestra vida.
El Evangelio de San Juan nos decía: “Como el Padre me ama, así los amo yo”.  Jesús es el rostro visible del amor invisible de Dios Padre.  Jesús es la personificación perfecta del amor de Dios.
Por amor Dios creó este mundo con toda su belleza.  Por amor Dios creó al ser humano y nos creó con tanto amor que nos hizo libres.  Nosotros, cada ser humano, somos obra del amor de Dios, somos fruto del amor y así deberíamos de vernos unos a otros en lugar de despreciarnos y despreciar a los demás con nuestros rencores, odios, envidias, etc.  ¡Qué diferentes serían nuestras relaciones si en vez de despreciarnos unos a otros, nos viésemos todos como lo que somos, hijos queridos de Dios!  Quizás empezaríamos a ver al mundo, a los demás y a nosotros mismos con otros ojos, quizás nos veríamos con otra mirada, una mirada más comprensiva, más bondosa, más humana. 
¿Cómo nos ama Dios y cómo deberíamos de amarnos nosotros?  El amor de Dios es un amor gratuito: sin razones, sin motivos, sin intereses, puro regalo, no es un pago por nuestros méritos, sino puro don.  “No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido”. 
El amor de Dios es un amor generoso: que lo da todo, se da del todo y se da a todos. 
Es un amor incondicional: que ama sin condiciones.  Que nunca nos quitará el crédito de su amistad, ni aún en el caso que nosotros no correspondamos a su amor.  Un amor que nos ama por encima de nuestras cualidades y comportamientos. 
Es un amor sin límites: sin condicionamientos humanos.  Ni siquiera la muerte es su límite, porque “el amor no pasa nunca”.  Sin límites de intensidad, hasta el extremo: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”.   
Así debe ser el amor que debemos vivir los seres humanos, sólo un amor así nos realiza como personas y nos hace hijos de Dios. 
Alegrémonos hoy en el Señor, porque Él nos ha amado primero.  Démosle gracias por tanto amor y que su amor llegue a plenitud en cada uno de nosotros.