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martes, 6 de febrero de 2018


VI DOMINGO ORDINARIO (CICLO B)

Las lecturas de este domingo son una invitación a que no marginemos a nadie por ningún motivo ya que todos somos hijos de Dios.  Dios no excluye a nadie sino que nos acepta a todos y nos invita a formar parte de la comunidad cristiana.

La 1ª lectura del libro del Levítico, nos presenta, según la ley, la manera como trataban a los leprosos.  A partir de una imagen desfigurada de Dios, de una imagen falsa de Dios, de una imagen de Dios hecha a nuestro antojo, los hombres somos capaces de inventar leyes que discriminen y excluyan en nombre de Dios a otros seres humanos de sus derechos más elementales.

No podemos crear un Dios a nuestra medida, un Dios que piense y actúe según nuestros criterios injustos, prepotentes que excluyen y marginan.  No debemos de creer en un Dios que actúe de acuerdo a nuestros esquemas mentales y prejuicios.  Tenemos que creer en un Dios que rompe toda nuestra manera de pensar y de actuar y que a veces o quizás muchas veces no actúa según nuestra lógica ni nuestra manera de actuar.

Esta lectura de hoy nos invita a repensar nuestras actitudes y comportamientos hacia nuestros hermanos, ya que, a veces, por querer ser muy legales y muy justos estamos marginando o excluyendo a muchas personas de sus derechos.  En ocasiones, incluso, en nombre de Dios estamos alejando a las personas, condenándolas, catalogándolas de pecadoras, y así les estamos impidiendo que puedan llegar a tener una experiencia cercana de Dios o que se acerquen a la comunidad parroquial.

Nosotros como cristianos no podemos marginar a nadie por sus ideas, por su forma de pensar o actuar, sino que hay que acercarse a todos y tenderle la mano a todos como lo hizo Jesús con todo aquel que se encontraba en el camino de la vida.  Nosotros podemos tender siempre la mano generosa al marginado, cumpliendo la Ley suprema del amor cristiano.

La 2ª lectura de San Pablo a los Corintios, nos da un principio de conducta cristiana que, si lo llevásemos a la práctica, evitaríamos muchos problemas en nuestra familia, en nuestro trabajo y en nuestra sociedad.  Nos decía san Pablo: “que nadie impongan su propio interés sino que tengamos presente el interés de los demás”.
 
Hoy reclamamos y exigimos el derecho a nuestra libertad, pero hemos de preguntarnos: ¿la libertad es un valor absoluto?  Hemos de buscar el bien común por encima del bien personal.

El hombre actual no está muy acostumbrado a sacrificar sus propios intereses por los de todos, sus propios gustos por el bien de los demás, sus propias conveniencias por las que convienen a todos. Antes bien, busca complacerse a sí mismo y a los de su grupo reducido, aun a costa del bien de todos. No es éste un planteamiento cristiano; el cristiano somete su voluntad a la voluntad de Dios, su propio bien al bien de la comunidad.

Cada cristiano debe ser capaz de prescindir de sus intereses y esquemas personales, a fin de dar prioridad a los proyectos de Dios; cada cristiano debe ser capaz de superar el egoísmo y la comodidad, a fin de hacer de su propia vida un servicio y una entrega de amor a los hermanos.

El cristiano sabe que, en ciertas circunstancias, puede ser invitado a renunciar a los propios derechos, a la propia libertad, a los propios proyectos porque la caridad o el bien de los hermanos así lo exigen. Aunque un determinado comportamiento sea legítimo, el cristiano debe evitarlo si ese comportamiento hace mal a alguien.

El Evangelio de san Marcos, nos presenta a Jesús compadeciéndose de un leproso y tendiéndole la mano y curándolo.  Jesús no discrimina a nadie.

Hoy existen leyes que discriminan y marginan a muchas personas.  Como cristianos no podemos estar de acuerdo con esas leyes y mucho menos pactar con ellas. 

La gran marginación de nuestra sociedad actual es la pobreza de muchos miles de millones de seres humanos.  Hay personas que dejan de comer para que no le suba el colesterol o porque están de dieta, mientras, hay otras muchas personas que tienen que comer la mitad de lo que comemos porque no tienen más, otros sólo comen una cuarta parte de lo que comemos y otros muchos no tienen que comer.

Esta es la realidad de nuestro mundo actual donde más de las tres cuartas partes de la población mundial pasa hambre. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida que asegure su salud, su bienestar y el de su familia, especialmente en cuanto a alimentación, vestido, vivienda y atención médica y a los necesarios servicios sociales.

En la primera hora de la guerra del Golfo Pérsico se gastaron lo que las Naciones Unidas recogen para construir y dar vida en un año.

¡Qué caro es matar y qué barato es ayudar a vivir!  No sigamos discriminando a la pobreza a una gran parte de la humanidad, acojamos a todos, no discriminemos a nadie.


MONICIONES PARA EL VI DOMINGO ORDINARIO

MONICION DE ENTRADA:

La Iglesia siempre cercana a todos los hombres, trae hoy ante el altar a los que nosotros descartamos; a esos que no les hacemos sitio en nuestras eucaristías, a esos a los que se les impide levantar la voz para que no reclamen justicia. Pero a este egoísmo que llevamos tan dentro se opone a la lógica de Jesús que no le dice al leproso: ten paciencia, aguanta un poco, debes aceptar, soporta la situación. Le responde sin rodeos: “Quiero, queda limpio”. Después de ver este hecho ¿Qué diremos hoy a estos que nos tienden la mano? ¿Somos conscientes de que los bienes de la tierra son de todos?. El Señor, siempre paciente, espera la respuesta.

 MONICION A LA PRIMERA LECTURA:

El Levítico da una serie de normas para aquellos que, de una u otra forma, contraigan una impureza legal.   El que contrajera alguna de esas dolencias, en su mayoría contagiosas, tenía que ser presentado al sacerdote para que viese si realmente existía aquella enfermedad y, en su caso, tomar una serie de medidas de tipo terapéutico y preventivo. De ese modo se evitaba, dentro de lo posible, que la enfermedad se extendiera.

MONICION A LA SEGUNDA LECTURA:

Pablo orienta a los cristianos de Corinto para que procedan en la cuestión de los alimentos conforme a su recta conciencia, buscando la gloria de Dios y la edificación de la Iglesia. 
 
ANTES DEL ALELUYA:

Otro leproso aparece de nuevo en las páginas bíblicas, donde se recoge la vida misma, tan llena a menudo de dolor y de calamidades Un leproso que acude confiado y audaz a Jesús, que tanto poder tiene y tanta compasión muestra ante las penas del hombre. Y el Señor atiende su petición y lo cura.

Oración Universal: Imploremos hermanos, al Dios de misericordia y pidámosle su ayuda para poder invocar su nombre con sentimientos que le agraden.

Responderán diciendo: Escúchanos, Padre.

 -Por la paz de todo el mundo, por la prosperidad de la Santa Iglesia y por la unión de todos los hombres.  Oremos.

-Por nuestros gobernantes, para que bajo su dirección tengamos una vida feliz y pacífica.  Oremos.

-Por la conservación de la naturaleza, por la abundancia de las cosechas y por el progreso del mundo.  Oremos.

-Por nuestros familiares y amigos que han muerto en la esperanza de la resurrección, para que Dios les conceda el reposo eterno.  Oremos.

-Por los débiles que se ven oprimidos y por los justos que sufren persecución.  Oremos.

-Por la Iglesia, para que, atenta a las necesidades de los que más sufren, sea la voz de los sin voz, la denuncia de todo lo injusto que deshumaniza a las personas. Oremos.

Padre de todos, con humildad te dirigimos estas oraciones.  Realiza esto que esperamos y danos valentía para comprometernos en lo mismo que te hemos pedido.  Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

martes, 30 de enero de 2018


V DOMINGO ORDINARIO

Las lecturas de este domingo nos hablan del problema del mal y el dolor.
La 1ª lectura, del libro de Job, nos presenta lo inútil que puede ser esa lucha diaria por vivir una vida vacía y llena de sufrimientos.  Job representa a todas esas personas que sufren y no son felices.
Hay muchas personas que en algún momento de su vida pasan por la misma experiencia de Job.  En el mundo hay muchas personas que sufren las consecuencias del hambre; otras muchas sufren las consecuencias de las guerras; otras sufren las consecuencias de las catástrofes naturales; hay muchos niños que viven en la calle en condiciones infrahumanas; no podemos desconocer que hay muchos jóvenes desorientados por no encontrar un lugar en la sociedad; muchos indígenas que viven marginados y en situaciones inhumanas; hay muchos trabajadores que son explotados en sus puestos de trabajo; hay explotación sexual; hay muchos enfermos de sida, cáncer; hay muchos sin trabajo, pobres; hay tantos ancianos abandonados y mal cuidados; hay tanta gente que ha perdido la esperanza y el rumbo de su vida y no saben para qué vivir así.
Ante tanto sufrimiento y desgracias podríamos llegar a preguntarnos: ¿Por qué Dios no hace algo para solucionar todo esto?  Y Dios nos responde: “Ya he hecho algo, te he hecho a ti para solucionar y no aumentar más el sufrimiento humano”.  Como cristianos no podemos ser indiferentes ante tanto sufrimiento y no hacer nada.
Sin Dios, efectivamente, no hay respuestas al dolor y al sufrimiento del hombre y la vida carece de sentido.  Hemos de confiar en Dios y desde nuestra oración pedirle a Dios que no nos desampare en esos momentos de dolor o sufrimiento.
La 2ª lectura, de San Pablo a los Corintios, nos decía: “¡Ay de mi, si no anuncio el Evangelio!”.
Esta es la misión del cristiano, anunciar el Evangelio.  Pero llevar el Evangelio a los demás no es sólo contarles lo que Jesús ha hecho por nosotros, sino dar pan a quien tiene hambre, enseñar a quien lo necesita, cuidar a los ancianos, visitar al que se encuentra solo.  Anunciar el Evangelio es liberar del mal a quien vive esclavo del pecado.
La misión de evangelizar debemos realizarla cada día de la semana.  No podemos ser evangelizadores solo un ratito a la semana.  Muchos de los males que existen en nuestra sociedad, mucha de la maldad que existen en algunas personas es porque muchos cristianos, por miedo o porque se avergüenza de su fe, han dejado de dar testimonio, han dejado de evangelizar y creen que con venir a misa el domingo y portarse bien aquí en la Iglesia ya es más que suficiente. 
Evangelizar puede traernos problemas, dificultades.  San Pablo los tuvo, pero a pesar de los problemas, él supo seguir a Cristo y cumplir la misión que le fue encomendada.  Actuemos como lo hizo san Pablo, sigamos su ejemplo.  Recordemos: “¡Ay de mí, si no anuncio el Evangelio!”
El Evangelio de San Marcos, nos presenta lo que hacía el Señor en un día normal en su vida. 
Jesús comienza el día haciendo oración, es el momento de poner ante Dios Padre todos los proyectos e ilusiones, es el momento de pedir la ayuda de Dios para el día que comienza.  Luego, el Señor, con sus discípulos, anuncia la Buena Nueva, comienza a evangelizar.  Más tarde cura a la suegra de Pedro y cuando llega la noche, Jesús busca otro rato de soledad para encontrarse con su Padre, para darle gracias por todos los acontecimientos del día, para renovar su confianza en Dios.
Pero veamos como son nuestros días, esos días que pasan entre el trabajo, el cuidado de la casa, la atención a los hijos, etc.  Cada uno de nuestros días debe ser una oportunidad para realizarnos como personas, para ganarnos la eternidad.  Un día que podemos, como Jesús, comenzar al levantarnos por hacer oración para que todos nuestros pensamientos y acciones del día los pongamos en las manos de Dios y para que aquello que no podamos solucionar nos dé fuerza y ayuda para encontrar una salida justa y cristiana.
Luego viene el trabajo, la casa, la escuela, los vecinos, la compra, el cuidado de los hijos, la visita a los amigos y familiares, todos estos momentos son ocasiones para que anunciemos con nuestro testimonio que creemos en Jesús, es decir son momentos para evangelizar.
Y por la noche, buscar de nuevo un rato de soledad y silencio para dar gracias a Dios por todo lo vivido en el día.  Cada día, Dios nos invita a dar lo mejor de nosotros, a vivir con confianza, a que pase lo que pase, Él está con nosotros porque somos sus hijos.
Ojalá que salgamos de la misa con una ilusión renovada por vivir, por vivir cada día con toda ilusión porque estamos llevando a cabo el proyecto de Dios y estamos trabajando por nuestra salvación.

MONICIONES PARA EL V DOMINGO ORDINARIO (CICLO B)
MONICION DE ENTRADA:
Jesús, en los comienzos de su predicación, crea a su alrededor un clima de alegría, de esperanza, de entusiasmo.  En aquel país deprimido, entre aquella gente marcada por el descontento y por la tristeza, enciende una luz nueva: curando enfermos, anunciando el Reino de Dios, transmite nuevo impulso y nuevas ansias de vida.
Que nuestro encuentro dominical sea también hoy un encuentro con ese Jesús que nos llama a seguir adelante a pesar de nuestras dificultades y tristezas.
MONICION A LA PRIMERA LECTURA:
¿Qué es la vida?  ¿Merece la pena vivirla?  Probablemente muchas veces nos sentimos agobiados, desconcertados.  Y esa experiencia no es sólo nuestra: es una experiencia común entre los hombres.  Escuchémoslo en las palabras de un hombre del Antiguo Testamento.
MONICION A LA SEGUNDA LECTURA:
¿Cuál es la misión del apóstol?  ¿Cómo se planteaban su misión los primeros seguidores de Jesucristo?  Escuchémoslo en las palabras de san Pablo.
ANTES DEL ALELUYA:
Cristo nos lo presenta san Marcos como el médico que sana las dolencias de todo tipo del género humano. Es por tanto la respuesta de Dios al mal que padece la humanidad.  Cura las enfermedades del cuerpo y del alma, como las que tenemos nosotros también en nuestra generación.
Oración universal: Jesús vino para curar las enfermedades y las tristezas de los hombres.  Sintiéndonos solidarios de los anhelos de nuestro mundo, presentemos al Padre nuestra oración.
Responderán diciendo: Escúchanos, Padre nuestro.
 
1.    -Para que entre nosotros todos los hombres y mujeres crezca el amor y la solidaridad.  Oremos.
2.    -Para que los países ricos dejen su egoísmo y responda a la llamada de los pobres.  Oremos.
3.    -Para que los que entre nosotros sufren la pobreza, la enfermedad y la soledad reciban la ayuda de los hermanos.  Oremos-
4.    -Para que toda la Iglesia se renueve en su seguimiento de Cristo.  Oremos.
5.    Para que las instituciones que en todo el mundo trabajan por vencer el hambre, especialmente en los países más pobres, tengan nuestra ayuda más generosa.  Oremos.
6.    Para que el Señor, con la intercesión de la Santísima Virgen, sane nuestras enfermedades, nos fortalezca en la fe, nos revele toda la verdad y su Sabiduría y así podamos glorificarlo a Él y ayudar a nuestros hermanos.  Oremos.
 
Acoge, Padre, nuestras esperanzas y anhelos.  Que tu Espíritu de amor y fortaleza renueve el corazón de todos los hombres, para que el mundo entero reciba la Buena Noticia que vino a realizar entre nosotros tu Hijo, Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina por los siglos.

martes, 23 de enero de 2018


IV DOMINGO ORDINARIO

 
Las lecturas de este domingo nos hacen una invitación a escuchar la Palabra de Dios y a evangelizar nuestro mundo.

En la 1ª lectura, del libro del Deuteronomio, hemos escuchado la promesa de Dios de enviar profetas que hablaran en su nombre.

Antes de que surgieran los profetas las personas que querían conocer la voluntad de Dios recurrían a la hechicería, los adivinos y a la magia.  Por eso Moisés prohíbe recurrir a esto tipo de cosas para conocer la voluntad de Dios y les promete de parte de Dios un profeta que hable en nombre de Dios.

La Iglesia tiene el deber de proclamar la Palabra de Dios, esta es su misión y es también la misión de cada cristiano; proclamar la Palabra de Dios no es si quiero o no, no es un capricho es un deber.  Pero hemos de ser fieles a la Palabra de Dios; no podemos atribuir a Dios lo que son sólo nuestras palabras o nuestras ideologías, o nuestros gustos o nuestras opiniones.

Hoy día, vivimos inundados de palabras.  Cada día nos despertamos con las palabras que oímos en la radio o en la televisión o que leemos en los periódicos.  Todo el día oímos palabras y más palabras.  Sufrimos una inundación verbal.  Por eso la palabra ha perdido su valor, ya no se valora la palabra como antes.  Antes alguien decía “te doy mi palabra” y sabíamos que podíamos confiar en esa persona.  Hoy no, porque hay muchos que usan la palabra para prometer cambios sociales, prosperidad, trabajo, etc., pero no es verdad, no cumple esa palabra.

La Palabra de Dios siempre se cumple, por ello el verdadero profeta es aquel que anuncia y denuncia, desde la Palabra de Dios, las situaciones contrarias al Reino de Dios.  Por ello el verdadero profeta corre el riesgo de no ser escuchado e incluso ser perseguido.  El seguidor de Jesús sabe que muchas veces no será escuchado, incluso será puesto en ridículo o perseguido por ser coherente con su fe.

Hemos de preguntarnos: ¿hacemos caso a la Palabra de Dios que se nos hace presente en nuestra vida de muchas maneras?  ¿Dejamos que nuestra vida se transforme y se libere por esa Palabra de Dios?

La 2ª lectura, de la primera carta de San Pablo a los Corintios,  es toda una catequesis sobre los diferentes estados de vida en los que un cristiano puede vivir plenamente su fe.

Todos estamos llamados a seguir a Jesús, cada uno desde su estado de vida: casado o célibe y desde su vocación.

Los cristianos de Corinto vivían en una sociedad muy parecida a la nuestra, donde la inmoralidad sexual se consideraba como algo natural.  Incluso había personas que estaban convencidas que no mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio era algo anormal.  Atacaban a los que habían decidido ser fieles a sus cónyuges y también a los que habían decidido permanecer solteros.  Lo que trataba San Pablo de enseñar a la comunidad de Corintio, no con su propia autoridad, sino con la autoridad del mismo Cristo, era que los hombres y las mujeres tienen pleno derecho de elegir libremente entre ambos estados de vida: matrimonio ó celibato.  Ambos son, igualmente, dones de Dios.

El Evangelio de san Marcos, Jesús libera a un hombre de un espíritu inmundo.

El mal existe, el espíritu del mal sigue actuando en nuestro mundo y en nuestra persona.    El demonio existe, si no ¿cómo  explicar que tres cuartas partes del mundo muera de hambre?, ¿Cómo explicar el aumento de fabricación de armas para que los hombres se maten unos a otros?, ¿Cómo explicar que existan narcotraficantes que venden drogas y se enriquecen con la ayuda de políticos, gobernantes y policías?, ¿Cómo explicar tantas infidelidades de tantos hombres y mujeres?, ¿Cómo explicar que existan tantos gobernantes corrompidos?,  ¿Cómo explicar que los educadores en vez de enseñar a compartir enseñen a competir?

Jesús ha venido para liberarnos de los espíritus malignos que nos rodean y que están en nuestro interior, pero nosotros hemos de colaborar con Cristo en esta lucha.  Una lucha que se desarrolla primero en nuestro interior cuando las fuerzas del mal nos acosan, nos envuelven, nos ciegan y hasta nos derriban.  Pero no hemos de olvidarnos que Dios está a nuestro favor, luchando con nosotros.  Si nosotros queremos, el mal será vencido en nuestro interior si escuchamos la voz del Señor y no endurecemos nuestro corazón.

Pero también tenemos que luchar contra las tuerzas del mal solidarizándonos con todos aquellos que se esfuerzan por crear unas condiciones de vida más justas y fraternas. No basta con hacer el bien individualmente, hay que unirse a todas aquellas iniciativas que hacen posible la construcción del reino de Dios.

MONICIONES PARA EL 4º DOMINGO ORDINARIO

 
MONICION DE ENTRADA:

Estos primeros domingos del año nos van presentando, poco a poco, quién es Jesús de Nazaret.  En el Evangelio de hoy escucharemos cómo se extendía su fama.  Ante Jesús y su Evangelio la gente reaccionaba, no quedaba impasible.

Nosotros, ahora, nos disponemos a encontrarnos con Él, escuchando su palabra y acogiéndolo en su entrega por nosotros y por todos los hombres.  Ojalá este encuentro con el Señor no nos deje impasibles.  Ojalá mueva nuestros corazones hacia la comunión con Él, hacia la práctica del amor.

MONICION A LA PRIMERA LECTURA:

La Palabra de Dios se dirige a su pueblo, y se vale de un instrumento: el profeta.  La debilidad del profeta contrasta a menudo con la fuerza poderosa de la Palabra que lleva y cae sobre la historia.  El profeta no puede ser portavoz de sus propias opiniones y de los intereses de otras divinidades.

MONICION A LA SEGUNDA LECTURA:

Pablo tiene muy claro que, en ningún caso, la legítima autoridad que tiene para aconsejar debe ser en detrimento de la libertad que tienen los cristianos para escoger lo que parezca mejor.  Los carismas, si no son practicados libremente, pueden convertirse en una carga pesada, en un verdadero contrasigno.

ANTES DEL ALELUYA:

El Jesús ungido por el Espíritu, señalado por Juan como el Cordero de Dios, que predica la llegada del Reino y la necesidad de conversión, es el Jesús que habla y actúa con autoridad: la autoridad que es de Dios.  Él es el Santo de Dios, Él es nuestro camino.

Oración Universal: Oremos juntos a Dios para que no deje nunca de estar presente en la Iglesia, en el mundo, en cada uno de nosotros.

Responderán diciendo: Te lo pedimos, Señor.

-Por la Iglesia, para que escuche y predique con fidelidad y fuerza la palabra de Dios que Jesús le ha entregado.  Oremos.

-Por los jóvenes y niños de todo el mundo, para que cada día puedan vivir más según la dignidad querida por Dios.  Oremos.

-Por los más pobres, por los que más sufren, para que encuentren en nosotros ayuda sincera, y así descubran la mano amorosa de Dios.  Oremos.

-Por los que están de viaje, por los enfermos y prisioneros, por los pobres y todos los que sufren.  Oremos.

-Por los padres de familia: para que a través de su autoridad en el hogar, se dediquen más a amar y ser amados que a crear un ambiente de temor. Oremos.

Padre bueno, que escuchas siempre la súplica de quien espera en ti, haz que vivamos en la gozosa libertad de los hijos de Dios y sostenidos por la Madre de Cristo, nuestro Salvador, podamos difundir por el mundo la alegre noticia de la redención.  Por Jesucristo, nuestro Señor.

martes, 16 de enero de 2018


III DOMINGO ORDINARIO (CICLO B)
Las lecturas de hoy nos recuerda, una vez más, que Dios ama a cada hombre y nos llama a vivir una vida en plenitud. Dios nos da una guía que puede servimos para ir por un camino de conversión personal para poder encontramos con el Señor.
La 1ª lectura, del profeta Jonás, nos recuerda la importancia de la conversión. Dios amenazaba con destruir la ciudad de Nínive por los pecados de sus habitantes. Pero Nínive escuchó la predicación de Jonás y sus habitantes creyeron en Dios y se convirtieron.
Si vemos nuestra sociedad, nuestro mundo actual, pareciera que no hay muchas esperanzas. Vivimos en un mundo donde cada día le damos menos importancia a los valores morales. Un mundo donde hay demasiado egoísmo, hipocresía, odio. Lo que el mundo ofrece hoy al cristiano no es agradable.
Preguntémonos adónde va nuestro mundo. No nos contentemos con escuchar las noticias: despenalización del aborto, aprobación del "matrimonio" homosexual, manipulación genética e intentos de clonación humana, eutanasia que se extiende como vergonzosa plaga por el mundo. ¿Adónde va un mundo que va aprobando cada una de estas cosas? A la destrucción. Es misión, aunque amarga, del profeta mostrar, hacer visible esa destrucción, y eso es lo que hace Jonás.
Dios no quiere la muerte de ninguno de sus hijos, Dios no quiere la destrucción de este mundo; lo que quiere es que nos convirtamos y recorramos, con Él, el camino que conduce a la vida, a la felicidad sin fin.
Necesitamos redimir, salvar a nuestro mundo aunque creamos que ésta es una misión imposible como lo creía Jonás con Nínive. Ante este mundo cruel, dormido ante los auténticos valores, desmoralizado, hemos de tener esperanza y confiar en la misericordia de Dios.
La 2ª lectura, de la primera carta de San Pablo a los Corintios, nos invitaba a no poner nuestro corazón en las cosas temporales, pasajeras, pues aunque puedan deslumbramos hemos de saber que todo eso es pasajero. Sólo Dios permanece.
Sin embargo, no por eso vamos a descuidar nuestras labores diarias. Especialmente quienes creemos en Cristo debemos esforzamos por construir un mundo más justo, más humano, más fraterno, más solidario.
Dios puso la vida en nuestras manos; y la vida no sólo merece respeto. Es necesario desarrollarla y no destruirla con actitudes contrarias a la misma como podrían ser las guerras intrafamiliares o las guerras a nivel de naciones.
No podemos quedamos en conquistas temporales; es necesario dejamos conquistar por Dios.
Somos peregrinos, caminantes, hacia el Reino de Dios. Y Dios es nuestra meta definitiva que está por encima de todo problema y preocupación. Los bienes de este mundo los debemos buscar y también disfrutar: pero, de tal manera, que no nos aparten de Dios.
El evangelio de san Marcos, nos decía: “se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”.
Como cristianos hemos de construir un mundo mejor, esa es nuestra principal misión. Hemos de construir un mundo nuevo desde los valores del Evangelio: la justicia, la paz, la vida, el amor, la unidad, la verdad.
Para construir ese mundo mejor quizá todos cambiaríamos las cosas que consideramos que están mal; pero pocos pensaríamos que quienes tenemos que cambiar primero somos nosotros mismos. No podemos construir un mundo desde los valores de Dios si nosotros no vivimos esos valores.
Hay que convertirse, porque en el Reino de Dios no hay lugar para la ambición que genera guerras fratricidas. Hay que convertirse, porque en el Reino de Dios no hay lugar para la infidelidad conyugal, ni para los negocios sucios, ni para la intolerancia. Hay que convertirse porque en el Reino de Dios todos somos hermanos, iguales en dignidad ante Dios.
Hay que creer en la Buena Noticia, creer que existe un Padre bueno, a pesar del mal que nos acecha. Creer que es posible ser más feliz compartiendo que atesorando, creer que la fraternidad es posible si estamos dispuestos a ceder de lo nuestro en favor de los demás.
Jesús nos invita a ir con Él, a dejar nuestras preocupaciones en sus manos. Jesús nos enseña que para ser feliz lo único que hace falta es amar sin descanso y sin medida.