Vistas de página en total

lunes, 24 de agosto de 2026

 

XXII DOMINGO DELTIEMPO ORDINARIO (CICLO A)




Las lecturas de este domingo nos dicen que a veces es difícil ser cristiano por las incomprensiones que lleva consigo y porque si queremos ser seguidores de Dios al cien por cien, el camino es difícil porque hay que tomar la cruz para seguir a Cristo.

 La 1ª lectura del profeta Jeremías nos hace ver que ser profeta no es una vocación fácil, cómoda y tranquila.  La historia de Jeremías, es la historia de todos aquellos a los que Dios llama a ser profetas.

 Ser profeta significa ser signo de Dios y de sus valores en este mundo y por lo tanto, el profeta tiene que enfrentarse a la injusticia, a la opresión, al pecado y cuestionar los intereses egoístas de los poderosos de este mundo; por eso el camino del profeta es un camino de críticas, calumnias, amenazas y mucho sufrimiento por ser fiel al encargo de Dios.

 El que halaga a la gente dice a la gente lo que la gente quiere y les gusta escuchar aunque no sea verdad. Por eso este tipo de personas son bien acogidos y recibidos.  El profeta no puede halagar a un pueblo que se aparta de Dios.

 Qué difícil es nadar contra corriente.  De igual forma, es arriesgado predicar lo que la gente no quiere oír, como también es una empresa difícil corregir los comportamientos o costumbres equivocadas de las personas.  Y esta es la misión ingrata, incómoda y llena de amargura del profeta.

 Por ello, anunciar la Palabra de Dios, muchas veces, es ocasión de incomodidad hasta de sufrimiento.  Y sin embargo el profeta no puede callarse porque está seducido por Dios y por su proyecto de amor que no se puede silenciar.  Por eso Jeremías decía: “Me sedujiste Señor, y me dejé seducir”.  Que bella declaración de entrega y de fe hecha a un Dios que es amor y que al amor nos invita.

 La 2ª lectura de San Pablo a los romanos nos dice que el culto que Dios quiere es el de nuestra vida, una vida vivida en amor, en servicio, en donación y en entrega a Dios y a los hermanos.

 El cristiano es alguien que no pacta con un mundo que se construye al margen o contra los valores de Dios.  Como cristianos no podemos estar de acuerdo con la violencia como medio para resolver los problemas, ni con la mentalidad materialista de conseguir las cosas a cualquier precio, ni con las leyes neoliberales que crean cada vez más pobres, ni con una globalización que favorece a unos pocos y aumenta la miseria.

 Por eso, San Pablo, nos dice que nuestra vida ha de ser “limpia y ejemplar”, ajustándonos a lo que agrada a Dios.

 El Evangelio de san Mateo pone frente a frente la manera de pensar de los hombres y la manera de pensar Dios.

 Pedro no acepta que seguir a Jesús signifique sufrimiento, tampoco quiere que Jesús sufra y por eso el Señor le llama la atención: “¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios”.

 Jesús no quiere el sufrimiento ni lo busca para Él ni para los demás.  La primera predicción de Jesús fue una invitación a ser felices.  Entonces, ¿Qué nos quiere decir Jesús hoy al decirnos que hemos de tomar nuestra cruz?

 ¿Por qué sufrir?  Hay sufrimientos que salen de las entrañas de nuestro ser.  En lo más profundo de nuestro ser hay un deseo ilimitado de felicidad y cuando no la alcanzamos, nos llenamos de sufrimientos.  Por eso es importante que nos demos cuenta que los seres humanos somos limitados, es decir, somos finitos, nos enfermamos, sufrimos y morimos.  Si aceptamos que somos seres limitados, hemos de aceptar que el sufrimiento ha de llegar. Es algo natural a nuestro ser el enfermarnos, envejecer, morir y tantos otros límites.

 Pero en nuestra vida encontramos también otros sufrimientos que creamos nosotros para nosotros mismos y para los demás.   Son los sufrimientos que son fruto de nuestros egoísmos e injusticias: el reparto injusto de los bienes, el hambre, la violencia, etc.  Nosotros generamos dolor y sufrimiento al apoderarnos de lo que no nos pertenece; generamos dolor con el terrorismo y las guerras.  Estos sufrimientos son malos y los podemos y debemos evitar.

 Dios nos pide que de ningún modo nosotros provoquemos sufrimiento a los demás, sino que nos ayudemos a vivir dignamente.  Cuando se ama y se vive intensamente la vida, no se puede ser indiferente al dolor de los demás.  ¿Cómo podemos disfrutar sabiendo que se sufre a nuestro lado?

 Jesús buscó aliviar los sufrimientos de la gente, buscó la felicidad para todos.  Y esto lo llevó a la cruz porque sus enemigos no aceptaron lo que Jesús hacía y decía y Jesús no huyó, fue consecuente y aceptó la cruz por fidelidad y amor.

 Convenzámonos, “llevar la cruz” siguiendo a Jesús no significa añadir y buscar para nuestra vida nuevos sufrimientos, nuevas mortificaciones y nuevas cargas, como si esto nos identificara más con el crucificado. Quien de verdad quiere seguir a Jesús no se pone a buscar sufrimientos, se dispone a seguir el camino de Jesús que es desvivirse por los demás.

No hay comentarios:

Publicar un comentario