IV DOMINGO ORDINARIO (CICLO A)
Todas las personas queremos ser felices, todos buscamos la felicidad y todo lo que hacemos, directa o indirectamente, es tratar de logar esa felicidad. Pero, a veces, nos olvidamos que no todos los caminos nos llevan a la felicidad. La Palabra de Dios nos dice hoy que Dios es feliz y que quiere comunicarnos esa felicidad.
La 1ª lectura del profeta Sofonías nos dice que sólo encontrarán la salvación y la felicidad las personas que vuelven los ojos a Dios en actitud de verdadera humildad, reconociendo su infidelidad a Dios.
Dios no ofrece su salvación a quien se siente seguro de sí mismo y satisfecho de lo que tiene; sino que ofrece su salvación a quien se reconoce pobre. El hombre no puede poner su confianza en lo que tiene, sino que tiene que confiar en Dios. La salvación es para quien se siente necesitado y busca a Dios con humildad y confianza.
No todos los bautizados sienten la necesidad de Dios, al igual que en Israel sólo “un resto” del pueblo, nos decía hoy Sofonías, pusieron su confianza en el Señor y por eso practicaban la justicia y Dios estaba con ellos, así hoy son pocos los cristianos que viven y se mantienen fieles a la voluntad de Dios.
El amor de Dios que se manifiesta a todas las personas es acogido y respondido con fidelidad por pocas personas. Son muchos más los que viven al margen de Dios que los que viven fieles y necesitados de Dios. Hoy también podemos hablar del “resto fiel a Dios”, es decir de aquellos que se siente necesitados de Dios.
La 2ª lectura de San Pablo a los Corintios nos dice quienes son los elegidos de Dios y dónde podemos encontrar la verdadera fuerza y la verdadera riqueza.
Que diferente es la forma de actuar Dios a la manera de actuar de nosotros. Mientras nosotros buscamos lo grande, lo importante, lo que nos da éxito y eficacia, Dios prefiere lo pequeño, lo pobre, lo insignificante.
Todos tenemos necesidad de Dios. Todos necesitamos unos de otros. Hay personas que son despreciados por su condición social o personal. Pero Dios ama a todos y todos tenemos la misma dignidad de ser Hijos de Dios.
La gracia de Dios no es fruto de la inteligencia humana ni del saber de los hombres. Dios nos elige por pura gracia suya y no por nuestros méritos o sabiduría humana. Por eso si de algo nos tenemos que vanagloriar que sea de Cristo.
El Evangelio de San Mateo nos presenta la Bienaventuranzas. Las Bienaventuranzas son disposiciones del corazón que se nos invita a tener, si queremos seguir Jesús. En ellas se contiene la máxima expresión de lo que significa ser cristiano.
La Bienaventuranzas nos presenta el camino para alcanzar la felicidad.
Dichosos los pobres de espíritu, los que son sencillos y humildes; los que, por no tener, es más fácil que confíen en Dios que los que tienen, que confían en sus bienes.
Dichosos los sufridos, los que tiene capacidad de aguante ante las adversidades y no responden con violencia a los contratiempos de la vida y de la convivencia. Se puede ser más feliz renunciando a los propios derechos por amor, que estando continuamente reclamando los derechos que uno tiene.
Dichosos los que lloran. En nuestra vida se da la cruz y la gloria, el dolor y la alegría. Llegaremos a la gloria del cielo, pero hay que pasar por la cruz.
Dichosos los que afrontan con valor el dolor y las lágrimas, porque después de llorar con todas las lágrimas podrán reír con todas las risas. Se puede ser más feliz asumiendo el dolor y las lágrimas que huyendo de ellos.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, dichosos los que quieren que la voluntad de Dios se cumpla; la justicia es lo que se ajusta a la voluntad de Dios y la voluntad de Dios es nuestra felicidad.
Dichosos los misericordiosos, los que confían en la misericordia de Dios, los que reconocen sus miserias, los que experimentan cuánto los ama Dios. Se puede ser más feliz siendo comprensivo, siempre, con los pecados y miserias de los demás que “llevando la cuenta del mal”, porque el amor no lleva cuenta del mal, olvida las ofensas.
Dichosos los limpios de corazón. Esta Bienaventuranza es una condena hacia aquellas personas que se dedican a ser buenos pero no tienen tiempo de hacer el bien.
Dichosos los que trabajan por la paz, los que se dedican a la reconciliación más que a la división. Se puede ser más feliz viviendo reconciliado con Dios, con uno mismo y con los demás, que viviendo enemistados y divididos.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia. Dichosos los que, por ser fieles a la voluntad de Dios, encuentran dificultades en su vida. Se puede ser más feliz siendo coherente con lo que se cree, con nuestra fe, aunque esto nos complique la vida.
Que el Señor nos ayude a vivir el espíritu de las bienaventuranzas y nos haga encontrar la auténtica felicidad.
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