Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta SANTISÍMA TRINIDAD. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta SANTISÍMA TRINIDAD. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de junio de 2025

 

SANTÍSIMA TRINIDAD (CICLO C)


Hoy celebramos la festividad de la Santísima Trinidad.  La fiesta de la Santísima Trinidad, es un misterio difícil de comprender.  Imposible, si no es por la fe.  Este misterio es uno de los más importantes de nuestra fe cristiana.  Esta celebración es, en esencia, la fiesta de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Toda celebración cristiana la hacemos en nombre de la Trinidad. El cristiano que viene a Misa, y trata de vivirla, observará que desde el comienzo, cuando nos santiguamos diciendo, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, hasta que el sacerdote nos da la bendición trinitaria final, constantemente invocamos a la Santísima Trinidad.

Hemos sido bautizados en su nombre y empezamos el día invocándola con la señal de la Cruz; todo lo hacemos en su nombre y por su gloria.

Decir Trinidad es decir amor. Si no existiese la Trinidad, no existiría el amor.  Creemos que el mundo y los hombres se han desentendido de Dios, porque no creen en un Dios amor. Tal vez creemos en un Dios aislado de nosotros, en un Dios casi como que se desentiende de nuestras angustias y de nuestras tribulaciones. Pero, gracias a Dios, Cristo nos muestra a un Dios que vive con nosotros, un Dios vivo, un Dios que está implicado en la historia de los hombres.  Un Dios que va con nuestra historia.

La fiesta de la Santísima Trinidad nos habla de comunicación, de comunión, de comunidad. El cristianismo no es una religión que se pueda vivir a solas, encerrándose en uno mismo; el cristianismo, porque es Amor, es una fuerza, un espíritu, que necesita expandirse, concelebrarse, vivirlo en familia, en Iglesia, en comunidad fraterna y universal. El que quiera vivir desentendido de los demás, preocupado sólo de sí mismo, que lo haga, pero que no se llame cristiano, seguidor de una Persona Amor, hijo de un Dios Padre Amor, lleno de un Espíritu Santo Amor.

La Iglesia católica o es una Iglesia capaz de amar a todos, de servir a todos, de incluir a todos, o no será la Iglesia de Cristo. Se puede y se debe evangelizar con la palabra, pero no se puede renunciar nunca a evangelizar con el ejemplo y el principal ejemplo será el amor. Es el mismo amor de Jesús con su Padre y el Espíritu, hecho carne y relación con sus hermanos.

El parecernos a Dios Uno y Trino sería el culmen de todos nuestros anhelos. Pero tendremos que tener muy en cuenta que la Trinidad surge de una experiencia de vida y de entrega, y no de ideas o doctrinas que se quedan en los libros. Dios Padre se da, dando vida; Dios Hijo da su vida y el Espíritu se derrama en amor de vida. Siempre experiencia de amor y de vida. La Trinidad muestra el sorprendente y gratuito interés de Dios por nosotros. Dios sale de Sí y se vacía en la Encarnación del Hijo y, el Espíritu Santo, vive permanentemente con nosotros y en nosotros.

Contemplar a la Trinidad quiere decir ver a un Dios en relación amorosa, en locura de amor que se manifiesta tanto al interior, hacia sus Tres Personas, como al exterior, hacia nosotros. Dios es Amor, Solidaridad, Gratuidad, Comunidad, es decir, Dios es Trinidad. Y nosotros estamos llamados a ser como nuestro Dios: “Sed como vuestro Dios”.

La gran misión de Jesús ha sido hacernos partícipes de ese Dios que es amor y comunidad, y nos invita a conocerlo, a amarlo y a ser parte de su misma vida. Al discípulo se le ha concedido la gracia de poder entrar en la intimidad de Dios. Entonces todo cambia: no estamos frente a un dios lejano sino frente a un Dios que nos ama y que quiere que compartamos con Él nuestra vida.

Dios nos cuenta, nos habla de Sí mismo. Nos comunica que es Padre creador, Hijo comunicador, Espíritu santificador. Y brota la segura convicción de que Dios es Amor. El hombre entonces se atreve a contarle sus anhelos, a manifestarle sus necesidades, a arroparse en Él en busca de protección, a participar de su misma vida. Entra en el ámbito de la Trinidad al que ha sido convocado y desde el cual ha sido formado. Encuentra sentido a su vida, a su ansia de amor y a su deseo de comunicación.

Creer en la Trinidad es creer que el origen, el modelo y el destino último de toda vida es el amor compartido en fraternidad. Si estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, no descansaremos hasta que podamos disfrutar de ese amor compartido y encontrarnos todos en esa “familia”, en la que cada uno pueda ser él mismo en plenitud, feliz en la entrega y en la solidaridad total con el otro.

Celebramos a la Trinidad cuando descubrimos con gozo que la fuente de nuestra vida es un Dios-familia, Dios-comunidad, y cuando nos sentimos llamados desde lo más íntimo de nuestro ser, a buscar nuestra verdadera felicidad en el compartir, en el amar, en la fraternidad.

Abramos nuestro corazón y nuestros ojos para experimentar y hacer experimentar este Dios amor.

lunes, 20 de mayo de 2024

 

SANTÍSIMA TRINIDAD (CICLO B)


Después de haber celebrado los misterios de Cristo, en su pasión, muerte y resurrección, y también celebrado la efusión del Espíritu Santo en la Iglesia, celebramos hoy el Misterio de la Santísima Trinidad.

El misterio de la Santísima Trinidad es un gran misterio: un solo Dios en tres Personas, misterio grande pues se refiere a la esencia misma de Dios, y grande también por lo imposible de entender y de captar cabalmente, menos aún de explicar, pues es una verdad que sobrepasa infinitamente las capacidades intelectuales del ser humano. 

Creemos y profesamos nuestra fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. En un solo Dios y tres personas distintas.

En las Sagradas Escrituras, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, encontramos muchísimas referencias a este ser único de Dios.  Uno y Trino. 

La 1ª lectura del libro del Deuteronomio nos presenta a la primera persona de la Trinidad: a  Dios Padre como el único Dios verdadero. 

Es Dios quien crea el mundo, quien crea al hombre.  Es Dios el que vive con el hombre de todos los tiempos una verdadera historia de Salvación, una verdadera historia de amor.  Es Dios quien salva a su pueblo de la esclavitud y le entrega la Tierra Prometida.  El pueblo escogido tiene muy claro que Dios es solamente Uno.

La 2ª lectura de San Pablo a los Romanos nos presenta a Dios Espíritu Santo.  San Pablo nos recuerda que es el Espíritu Santo quien guía, sostiene, alienta, fortalece e inspira al Pueblo de Dios.

El Evangelio de San Mateo nos recuerda la grandeza de Jesucristo, la segunda persona de la Trinidad que se encarnó, se hizo hombre para salvarnos.

Jesús siempre nos habla de la Santísima Trinidad: habla siempre del Padre, de Él que es el Hijo y del Espíritu Santo, que nos ha enviado.

Son muchos los momentos importantes en la vida de Cristo en los que aparece la acción de la Santísima Trinidad: La Anunciación: El ángel habla a María de parte de Dios Padre, le dice que por obra y Gracia del Espíritu Santo, concebirá en su seno a Jesús el Hijo bendito de Dios.  El Bautismo del Señor: Jesús recibe de manos de Juan el bautismo en el Jordán, se oye una voz del cielo, del Padre, que dice: “este es mi Hijo…” y descienda sobre Él el Espíritu Santo. La Ascensión: Jesús dice a sus apóstoles: “Id por todos los pueblo bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

Lo importante de este misterio central de nuestra fe no es explicarlo, sino vivirlo. Y aquí en la tierra somos llamados a participar de la vida de Dios Trinitario. Ciertamente, mientras estemos aquí en la tierra, podremos vivir este misterio de una manera oscura,  incompleta.  Sin embargo, en el Cielo podremos vivirlo a plenitud, porque veremos a Dios tal cual es.

La Santísima Trinidad es, entonces, uno de los misterios escondidos de Dios, que no puede ser conocido a menos de que Dios nos lo dé a conocer. Y Dios nos lo ha dado a conocer revelándose como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo: Tres Personas distintas, pero un mismo Dios. 

Muchas veces recordamos nuestra pertenencia gozosa a Dios Trino.

Al principio de nuestra vida cristiana ya fuimos bautizados “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”; ¿Cuántas veces trazamos sobre nosotros mismos la señal de la cruz, invocando a las tres Personas? ¿Cuántas veces decimos el “Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo”, expresándole nuestra alabanza y gratitud?

Al inicio de cada Eucaristía, el sacerdote nos saluda deseándonos la gracia y la paz de Dios Padre y del Hijo y del Espíritu, y al final nos despide bendiciéndonos en el mismo santo nombre.

Cuando profesamos nuestra fe, decimos creer en Dios Padre, en Cristo Jesús que murió y resucitó, y en el Espíritu Santo, que anima a la Iglesia y la lleva a la unidad.

Nuestra vida es claramente trinitaria.

No todo en la vida es demostrable, medible. Esto no significa que no exista. ¿Quién puede medir la cantidad de amor de una madre a un hijo? ¿Quién puede medir y pesar el amor verdadero entre dos personas? El que no podamos medir el amor, no quiere decir que no exista. 

Así es el misterio de la Santísima Trinidad, el que no podamos explicarlo no quiere decir que no exista. 

lunes, 6 de junio de 2022

 

SANTÍSIMA TRINIDAD (CICLO C)


En este primer domingo después de Pentecostés celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad. Es una fiesta muy especial.  La fiesta de la Santísima Trinidad, es un misterio difícil de comprender.  Imposible, si no es por la fe.  Este misterio es uno de los más importantes de nuestra fe cristiana.  Esta celebración es, en esencia, la fiesta de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Es bueno dedicar un día a admirar el misterio divino, que, por otra parte, está muy presente en toda nuestra vida. Toda celebración cristiana la hacemos en nombre de la Trinidad. El cristiano que viene a Misa, y trata de vivirla, observará que desde el comienzo, cuando nos santiguamos diciendo, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, hasta que el sacerdote nos da la bendición trinitaria final, constantemente invocamos a la Santísima Trinidad.

Hemos sido bautizados en su nombre y empezamos el día invocándola con la señal de la Cruz; todo lo hacemos en su nombre y por su gloria.

Decir Trinidad es decir amor. Si no existiese la Trinidad, no existiría el amor.  Creemos que el mundo y los hombres se han desentendido de Dios, porque no creen en un Dios amor. Tal vez creemos en un Dios aislado de nosotros, en un Dios casi como que se desentiende de nuestras angustias y de nuestras tribulaciones. Pero, gracias a Dios, Cristo nos muestra a un Dios que vive con nosotros, un Dios vivo, un Dios que está implicado en la historia de los hombres.  Un Dios que va con nuestra historia.

Un Dios que se preocupa de la esclavitud de los hombres para hacerlos libres. Un Dios que vive con los pueblos subdesarrollados para que se desarrollen en la verdadera imagen que Él quiso hacer de cada rostro humano. Un Dios que se preocupa de nosotros.

Dios no es un ser aislado, solitario. Cristo nos ha revelado que Dios es comunión, que Dios es tres personas. 

Dios es Padre y Creador: la creación es la obra amorosa de Dios.  El hombre es la criatura más perfecta por Dios creada, pero a su vez pequeña ante la inmensidad de la creación.

El Padre, el Dios amor es el que da origen a todo lo que vive. Él es la fuente de todo y del que nace todo lo bueno, lo bello y misericordioso. En Él comienza todo lo que es vida y amor. El Padre no sabe sino darse y dar gratuitamente y sin condiciones.

Creer en un Dios Padre es saberse acogido. Dios me acepta como soy. Sólo quiere mi vida y mi felicidad eterna. Puedo vivir con confianza y sin temor. No conoceré la experiencia más terrible e insoportable para un ser humano: sentirse rechazado por todos, no ser aceptado por nadie. Dios es mi Padre. Nunca seré un extraño para Dios, sino un hijo.

Dios es Hijo, que nos ama hasta el extremo de dar su vida por nosotros, que se hizo hombre para enseñarnos  a querernos como hermanos. Nos muestra que sólo es feliz aquél que es capaz de darse al otro, de perdonar una y otra vez como Él nos perdona.

El Hijo es acogida, respuesta perfecta al Padre, reflejo fiel de su amor.  El Hijo es nuestro hermano mayor, el que nos revela el rostro verdadero del Padre y nos enseña el camino hacia Él.

Creer en un Dios Hijo es saberse acompañado. No estamos solos ante Dios, perdidos y desorientados, sin saber cómo situarnos ante su misterio. El Hijo de Dios hecho hombre nos enseña a vivir acogiendo y difundiendo el amor del Padre. Injertados en Cristo no conoceremos la experiencia destructora de la soledad. Quien no sabe recibir amor, no sabe lo que es vivir. Quien no sabe dar amor, se muere.

Dios es Espíritu que nos fortalece y nos da su aliento. Ahora es el tiempo del Espíritu. Con Él viviremos nuestra fe, porque no es cuestión de doctrina, sino de vivencia. Decía San Juan que “sólo el que ama conoce a Dios”.  El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones, no lo echemos en saco roto, aprovechemos el regalo que se nos hace en abundancia.

Dios es comunidad: Dios es amor y amor entre personas.  El Espíritu Santo es comunión del Padre y el Hijo, amor compartido, entendimiento mutuo. El Espíritu Santo es comunicación de amor, fuerza creadora y renovadora, energía amorosa que lo transforma todo.

Creer en Dios Espíritu Santo es saberse habitado por el amor. No estamos vacíos e indefensos ante nuestro propio egoísmo. Nos habita el Espíritu del amor. El Espíritu nos mantiene en comunión con el Padre y con el Hijo. Él nos consuela, nos renueva y mantiene vivo en nosotros el deseo de Dios reinando en un mundo más humano y fraterno.

Celebramos a la Trinidad siempre que los hombres nos esforzamos, mucho o poco, por construir una sociedad en la que las personas vayamos aprendiendo a convivir, compartir y dialogar.