Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta IV domingo de pascua. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta IV domingo de pascua. Mostrar todas las entradas

lunes, 20 de abril de 2026

 



En este domingo IV del tiempo pascual celebramos el domingo del Buen Pastor. Jesucristo es el Buen Pastor porque nos conoce, nos ama y da la vida por nosotros.  Él es también la puerta.  A través de Él entramos en la Iglesia; a través de Él accedemos a la salvación; a través de Él conocemos y llegamos a Dios.

La 1ª lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles es una invitación a la conversión, es decir, a un cambio importante de rumbo en lo que sentimos, pensamos y hacemos.

A lo largo de la historia siempre se ha considerado al niño como un sujeto infatigable de preguntas: ¿Por qué…? ¿Qué hago mamá, papá?  Dependiendo de las respuestas a esas preguntas, hemos dado al niño amor, paz, tranquilidad, sobre todo a esa temprana edad que comienza el desarrollo de su personalidad.

Los jóvenes como están formando su propia personalidad, no quieren que nadie influya en ellos y por eso casi no preguntan nada y rechazan cualquier tipo de orientación sobre la sociedad y sobre Dios. Los ancianos no preguntan sino que se preguntan a ellos mismos: ¿Qué he hecho con mi vida?

Hoy ni los niños ni los adultos preguntan, pues no existe un diálogo profundo entre las personas. Se tiene mucha información a través de la televisión y de Internet y son estos medios los que establecen lo que tenemos que pensar sobre las cosas y las personas.  Pero estos medios que configuran nuestra manera de pensar y de vivir hacen que no  seamos críticos a lo que nos dicen y todo lo que nos dicen nos lo creamos.

Hoy nos decía la 1ª lectura que le preguntaron a Pedro: “¿Qué tenemos que hacer?”  No tengamos miedo de preguntar sobre los temas fundamentales para vivir y morir como auténticos cristianos.  No tengamos miedo de preguntarle al Señor: ¿Qué me pides que hagas Jesús?  No tengamos miedo a la respuesta que nos dé el Señor.

La 2ª lectura de la primera carta de San Pedro nos dice que Cristo nos ha dejado un ejemplo para que sigamos sus huellas y aceptemos el sufrimiento.

Siempre, tarde o temprano, aparece en la vida del hombre el tema del sufrimiento físico o psíquico y, ante ese mal surge la angustiosa pregunta: ¿Qué sentido tiene el sufrir injustamente? Cristo no intentó darnos unas enseñanzas sobre el mal en sus diversas formas, sino que lo asumió, Él inocente, hasta morir una muerte de cruz.

Cuando nuestras fuerzas flaqueen, ante el sufrimiento personal o de nuestros hermanos, miremos la “cruz” y allí encontraremos la respuesta. Amemos la cruz, y en ella tendrás la experiencia suave y dolorosa de poder compartir tu sufrimiento y el de tus hermanos con el de Cristo.

El Evangelio de san Juan nos ha hablado de Cristo Pastor y de nosotros sus ovejas.

Mucha gente vive inundada de sonidos. Mucha gente no tiene la oportunidad de disfrutar de un minuto de silencio. La televisión, el radio, el ruido de los coches que van y vienen, los gritos de los niños que juegan o de las mamás que regañan a los hijos que no les obedecen, todo ello sin parar, desde el amanecer hasta el anochecer.

Pero esos no son los únicos ruidos que nos rodean. De hecho, hay ruidos que son aún más dañinos: el ruido del egoísmo que nos llama a olvidarnos de los demás; el ruido de la soberbia que nos empuja a creernos mejores que otros; el ruido de la inseguridad que nos empuja a devaluarnos y a dejar que nos abusen y lastimen y el ruido de la rutina que nos impide reconocer la belleza de la vida, la alegría de vivir, el regalo de nuestra existencia.

Sin embargo, el evangelio de hoy nos da la oportunidad de distinguir un sonido especial de entre los ruidos que nos rodean.  Hay una canción que dice: Cuánto he esperado este momento, cuánto he esperado que estuvieras así; cuánto he esperado que me hablaras, cuánto he esperado que vinieras a mí. Yo sé bien lo que has sufrido, yo sé bien lo que has llorado, yo sé bien lo que has vivido, pues de tu lado no me he ido… Pues nadie te ama como yo, pues nadie te ama como yo; mira la cruz: esa es mi más grande prueba. Nadie te ama como yo.

El Pastor nos llama a escuchar su voz en medio de nuestra soledad o del amor que compartimos. El Pastor nos llama a escuchar su voz en medio de nuestras alegrías y tristezas. El Pastor nos llama a escuchar su voz en la voz de los que sufren.  El Pastor nos llama a escuchar su voz en la voz de los que aclaman y cantan.

El Pastor nos llama a escuchar su voz, su voz que es la voz del amigo que nos ama; su voz es la voz del que conforta y calma; su voz es la voz del que acompaña nuestras penas; su voz es la voz del que defiende causas justas; su voz se dibuja en las estrellas; su voz es silencio lleno de esperanza; su voz que susurra día con día: “¡cuánto he esperado que me hablaras!”

Unamos, pues, nuestras voces y dejemos que se vuelvan una sola. Y que esa sola voz le cante al mundo: “Pues nadie te ama como yo, pues nadie te ama como yo; mira la Cruz: esa es mi más grande prueba. Nadie te ama como yo”.

lunes, 5 de mayo de 2025

 

IV DOMINGO DE PASCUA (CICLO C)


Estamos en el cuarto domingo de Pascua.  Este domingo es el domingo del Buen Pastor.  El Buen Pastor es una imagen que emplea el Señor para referirse a sí mismo. 

La 1ª lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles nos presenta a Pablo y a Bernabé en su actividad evangelizadora.  Son enviados por Jesús, para salvar no sólo a los judíos, sino a todos los que quieren recibir el mensaje del Señor.

Dios ha enviado a su Hijo para salvar a todos aquellos que acepten en libertad esta oferta de salvación de parte de Dios.  La Iglesia naciente, empieza a abrir sus puertas a la universalidad.  Los apóstoles no se quedan encerrados en predicar sólo a los judíos sino a todos los hombres, a todos los pueblos.  Esto crea envidias y celos por parte de los dirigentes religiosos judíos.

La Iglesia tiene la misión de cumplir con el mandato del Señor: “Id por todas partes y predicad el Evangelio”.   Hay que anunciar la salvación a todos los hombres a todos los pueblos.  Pero la misión de la Iglesia no es ganar seguidores sea como sea, para aumentar el número de sus fieles, ni para presumir de ser más que otros, ni para imponerse sobre otras religiones o culturas. La Iglesia tampoco busca hacer propaganda barata para aumentar su influencia en la sociedad, para controlar las creencias de las personas o para obtener mayores beneficios económicos.

La Iglesia católica se define, como su nombre indica, por su universalidad y ésta es la gran misión de la Iglesia, para esto existe para ser universal, porque esto es lo que Cristo le pidió a sus apóstoles: que todos los hombres de todo tiempo y lugar sepan del amor con que Dios los ama; sepan que Dios es su Padre y que quiere la felicidad de todos sus hijos; sepan que han sido elegidos por Dios para la vida eterna, de modo que la muerte no será una realidad definitiva sino el paso hacia la vida eterna, hacia la vida sin fin.

La 2ª lectura del libro del Apocalipsis nos hablaba hoy del cielo al que todos esperamos ir un día. San Juan ve una muchedumbre inmensa que nadie puede contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie, delante de Dios.  Es decir, la salvación de Cristo es para todos, para todos los que deseen ser salvados y se sientan necesitados de salvación.

San Juan nos dice también que nadie pasará hambre ni sed, que el mal ha sido vencido y erradicado definitivamente, y Dios en medio de todos, secando las lágrimas.  ¡Qué imagen tan sencilla, tan maternal, tan cariñosa, para expresar todo el amor que tendremos y que saciará nuestro corazón por completo, porque veremos a Dios cara a cara!

Sin embargo nosotros no olvidamos que seguimos aún en este mundo, en medio de las luchas y los problemas de cada día.  Pero es bueno detenernos de vez en cuando y elevar nuestros ojos hacia la patria definitiva.

En el Evangelio de san Juan, Jesús se nos presenta como el Buen Pastor, el único Pastor, y nosotros –todos—somos parte de su Rebaño.

Como cristianos, tenemos que reconocer la voz de Dios, y Jesús es esa voz que nos da vida. Hay muchas formas de apagar una voz: la violencia, un ruido más fuerte, cambiarla por otras voces, taparnos los oídos. San Juan nos ofrece una de las señales de que pertenecemos a Jesús, de que somos de Él: si somos capaces de conocer su voz.  “Discípulo es el que sabe escuchar la voz de Jesús”.

Sería importante que recordáramos cuales voces influyen en nuestra vida diaria si las voces del mundo o la voz de Jesús.  La voz de Jesús es una voz que se presenta como la gran noticia de salvación, pero es una voz que nos pide también una verdadera conversión.

La voz de Jesús es una voz misericordiosa que transforma a las personas, pero también es una voz llena de autoridad para exigir verdad y coherencia entre nuestra fe  y nuestra vida, no es primero sí y luego no.

Hay que tener el oído y el corazón muy atentos porque hay muchas voces que quieren ahogar la voz de Jesús, como si Él no tuviera nada que decir a nuestro mundo de hoy.  Nuestro gran reto hoy es saber reconocer esa voz amorosa entre tantas voces que quieren ahogarla y que llegan a nosotros diariamente para confundirnos y ensordecernos.

Si Jesús pide el reconocimiento de su voz, lo que Él ofrece es mucho más importante: Él nos conoce. Conoce nuestro interior y, lo más importante, ¡conociéndonos nos ama! Nosotros vamos por la vida y, aunque no lo queramos, llevamos como especie de máscaras. Algunas personas nos conocen superficialmente, otras conocen un aspecto nuestro, otras solamente nuestro nombre, el cargo o situación que ocupamos dentro de un grupo, de una familia o de una sociedad. Y así nos tratan y así nos respetan o nos ignoran. Pero Jesús conoce  nuestro interior. Así dirige su voz a cada uno de nosotros. Su voz es una voz amiga.

Jesús no se deja engañar por nuestras expresiones y máscaras porque descubre las razones de nuestras alegrías, de nuestros complejos y de nuestros temores. Sabe descubrir nuestro lado positivo y lo mejor de nuestro corazón.  La voz del Señor nos lanza a la esperanza, nos levanta de nuestros fracasos, nos mantiene alertas en nuestras luchas.

Reconocer a Jesús como pastor nos obliga a seguirlo. No nos podemos quedar en la romántica figura de un pastor cargando a su oveja, sino que implica un seguimiento incondicional.

Preguntémonos hoy: ¿estoy siguiendo la voz de Jesús, que da vida o la voz del mundo que es una voz de ambiciones y egoísmo?

lunes, 15 de abril de 2024

 

IV DOMINGO DE PASCUA (CICLO B)


Hoy, nosotros que somos la Iglesia, celebramos a Cristo-resucitado Buen Pastor. 

La 1ª lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles nos presenta a Jesucristo como el único salvador: “ningún otro puede salvarnos”. No nos dejemos engañar por otras personas, por otros caminos que nos presentan propuestas falsas de salvación. 

A veces el camino de salvación que Jesús nos propone está totalmente en contradicción con los caminos de supuesta salvación que nos proponen los líderes políticos, o las modas o la opinión pública; y nosotros tenemos que elegir coherentemente de acuerdo a nuestra fe y a nuestro compromiso cristiano.

A la hora de elegir entre lo que nos propone Jesús y lo que nos proponen otros líderes, no nos olvidemos que la propuesta de Jesús tiene el sello de garantía de Dios, y no olvidemos que el camino que nos conduce al encuentro con Dios, es sólo el camino de Jesús.

Para nosotros los cristianos, Cristo ha de ser “la piedra angular” sobre la cual construimos nuestra vida y la historia de nuestro tiempo.  ¿Es Cristo, para nosotros, el punto de referencia de todo lo que hacemos?

La 2ª lectura, de la primera carta de san Juan, nos recuerda que Dios nos ama con un amor sin límites y por eso somos hijos de Dios.  Ser hijos de Dios significa que todos los hombres tenemos la misma “categoría”, el derecho al mismo respeto y podemos exigir ser tratados todos de la misma manera porque nadie es más hijo de Dios que otro, todos podemos decir: “¡soy hijo de Dios!”

¿Cómo debemos responder los hijos de Dios al amor que Él nos tiene?  El hijo de Dios es aquel que responde al amor de Dios viviendo coherentemente su fe, esto quiere decir, respetando y cumpliendo los mandamientos de Dios; viviendo el amor al prójimo, a ejemplo de Jesucristo.

Vivir como hijos de Dios implica que muchas veces hemos de tomar opciones y hay que desechar aquellas opciones que están en contradicción con los valores de Dios aunque esto suponga que nos desprecien, se rían o no nos tomen en cuenta.  No olvidemos que Jesús también fue rechazado por eso mismo.  Los cristianos no debemos tener miedo de ser coherentes con nuestra fe.

El Evangelio de san Juan nos decía que Jesús es el Buen Pastor que da la vida por las ovejas. Jesús, el Buen Pastor, conoce a sus ovejas. Conocer a los demás es un medio – modo – para amar, pues cuanto más se conoce más se ama y, sobre todo, cuanto más se ama mucho mejor se conoce a una persona. A los humanos si algo nos impresiona es sentirnos queridos, amados profundamente y con generosidad por alguien; sentirnos amados por alguien a quien apreciamos.

Jesús nos asegura que nos conoce uno a uno, Él, que ha dado la vida por nosotros, nos ama, nos llama a vivir unidos íntimamente con Él y espera que respondamos a esa relación.

Es importante que caigamos en la cuenta de lo que Cristo nos repite hoy una vez más: Él nos ama gratuitamente y nos llama a sentirnos amados por Él. Sentirse amado es el fundamento de la vida interior. Nos llama a vivir en trato íntimo con Él.

Jesús el Buen Pastor sabe que tiene otras ovejas que están alejadas, a las que también tiene que llegar. Su rebaño es un rebaño abierto a todos, no es un grupo cerrado y selecto, la Iglesia no es una sociedad cerrada, sus puertas están siempre abiertas para todos.

En este domingo se nos invita, pues: A ser “ovejas” del rebaño de Jesús; es decir a, escuchar su voz y a seguirlo. Hay que escuchar con el corazón a Jesús y llevar a la práctica lo que Él nos dice. Seguir a Jesucristo es querer identificarse con Él, asemejarse a Él. Jesús se ofrece a ser nuestro verdadero guía, a enseñarnos, para que aprendamos de Él la manera más humana de vivir. Pero también nos invita a ser “pastores”.

¿Quiénes estamos llamados a ser pastores? Todos los que pertenecemos al rebaño de Jesús, todos los cristianos, por nuestra entrega a los demás, estamos llamados a ser pastores. Pero hoy, en concreto, se recuerda a quienes han consagrado su vida de un modo especial a Dios: religiosos y sacerdotes. Todos ellos quieren continuar el “pastoreo” de Jesús en la Iglesia. Se nos invita a pedir hoy por las vocaciones sacerdotales que el Espíritu suscite vocaciones en su Iglesia para que siga creciendo el reino de Dios.

Preguntémonos este domingo: ¿Realmente Cristo es nuestro Pastor? ¿Qué voces escuchamos más seguido en nuestro caminar como cristianos? ¿Será la voz de Cristo? Jesús es y debe ser nuestro Pastor.

Que el Espíritu Santo conceda vocaciones sacerdotales a su Iglesia, suscitando respuestas generosas a todas las llamadas que hace a la juventud. Que nos conceda escuchar la voz de nuestro Pastor y seguirlo, identificándonos poco a poco con Él.

lunes, 24 de abril de 2023

 

IV DOMINO DE PASCUA (CICLO A)


En este 4° domingo de Pascua la Iglesia celebra el domingo de Cristo el Buen Pastor y la única puerta para llegar a Dios.

La 1ª lectura, del libro de los Hechos de los Apóstoles, vemos a Pedro predicando a Cristo resucitado como enviado por Dios para la salvación de todos los hombres.

Al oír a Pedro, sus oyentes preguntan: “¿Qué tenemos que hacer, hermanos?”

Nosotros también debemos hacernos esta pregunta.  Hacerse esta pregunta es ponerse en actitud de tomar conciencia de que vamos muchas veces en la vida por caminos equivocados; que tomamos ciertas opciones, comportamientos y valores que no son los que nos propone Cristo, ni son auténticamente cristianos.  Hacernos esta pregunta es reconocer que ponemos nuestras seguridades y certezas en cosas equivocadas y que lo que debemos hacer es aceptar el desafío de Dios, la propuesta que Dios tiene para nuestra vida.

Hemos de aceptar nuestras limitaciones, buscar humildemente el camino verdadero y no tener una actitud prepotente de pensar que nunca me equivoco o no poner en duda nunca nuestras acciones.

Pedro pedía conversión a los que lo escuchaban.  Convertirse es optar por Jesús y aprender de Él a amar, a servir, a dar la vida.

Hemos de preguntarnos hoy qué es lo que en mi vida más necesita ser cambiando, qué ideas, valores, comportamientos, etc., necesito cambiar para acomodar mi vida a los ideales cristianos.  Hemos de realizar en nuestra vida una verdadera conversión a Jesús resucitado y su Evangelio.

La 2ª lectura de la primera carta de San Pedro nos dice que Cristo nos ha dejado un ejemplo para que sigamos sus huellas y aceptemos el sufrimiento.

Siempre, tarde o temprano, aparece en la vida del hombre el tema del sufrimiento físico o psíquico y, ante ese mal surge la angustiosa pregunta: ¿Qué sentido tiene el sufrir injustamente? Cristo no intentó darnos unas enseñanzas sobre el mal en sus diversas formas, sino que lo asumió, Él inocente, hasta morir una muerte de cruz.

Cuando nuestras fuerzas flaqueen, ante el sufrimiento personal o de nuestros hermanos, miremos la “cruz” y allí encontraremos la respuesta. Amemos la cruz, y en ella tendrás la experiencia suave y dolorosa de poder compartir tu sufrimiento y el de tus hermanos con el de Cristo.

El evangelio de San Juan,  nos presentaba a Cristo como el Buen Pastor.

Evidentemente, no solamente nosotros los sacerdotes somos pastores. También los padres de familia han de ser los pastores de cada uno de los que integran su familia. Y allí es donde necesitamos también buenos pastores.

Las familias son la base de las comunidades. Las familias son los semilleros de las vocaciones. Si las familias viven y actúan de acuerdo al corazón de Cristo, nuestras comunidades serán verdaderamente cristianas. 

Las autoridades también son pastores de la comunidad. Por eso es necesario que actúen como Cristo, buscando el bien de todos. Tristemente, muchas personas que tienen puestos de autoridad lo único que buscan es su propio beneficio y se olvidan del bien de los más pobres y necesitados.

Hay muchas autoridades que no buscan el bien de las comunidades ni tienen actitud de servicio. Son simplemente bandidos.

Da mucha tristeza ver que muchos solamente buscan enriquecerse utilizando los recursos públicos para sí mismos. Son malos pastores a los que Dios pedirá cuentas de su administración.

Ojalá podamos tener autoridades que actúen con rectitud de conciencia y con honestidad.

Son pastores también los maestros, quienes tienen en sus manos la formación de las nuevas generaciones. Porque no se trata solamente de llenar las cabezas de conocimientos, sino de formar a personas enteras, haciendo que cada uno desarrolle los dones que ha recibido de Dios.

Ojalá que podamos ver de nuevo a aquellos maestros que realmente tenían vocación de maestros y que eran un vivo ejemplo para sus alumnos. La vocación magisterial debe acercar a los maestros a Cristo que también fue llamado “Maestro” y que se presentó a sí mismo como el Buen Pastor.

Ojalá que Jesús el Buen Pastor nos ayude a todos los que de una manera o de otra tenemos la misión de ser pastores en la comunidad. Ojalá que desempeñemos con fidelidad la misión que se nos ha encomendado

Y ojalá también que todos los que somos ovejas, sepamos escuchar la voz de los buenos pastores, para que podamos seguir el camino que nos lleva al encuentro de Cristo que es el Pastor de los Pastores y el modelo que todos nosotros debemos imitar.

lunes, 2 de mayo de 2022

 

IV DOMINGO DE PASCUA (CICLO C)

Estamos en el cuarto domingo de Pascua.  Este domingo es el domingo del Buen Pastor.  El Buen Pastor es una imagen que emplea el Señor para referirse a sí mismo. 

La 1ª lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles nos presenta a Pablo y a Bernabé en su actividad evangelizadora.  Son enviados por Jesús, para salvar no sólo a los judíos, sino a todos los que quieren recibir el mensaje del Señor.

Dios ha enviado a su Hijo para salvar a todos aquellos que acepten en libertad esta oferta de salvación de parte de Dios.  La Iglesia naciente, empieza a abrir sus puertas a la universalidad.  Los apóstoles no se quedan encerrados en predicar sólo a los judíos sino a todos los hombres, a todos los pueblos.  Esto crea envidias y celos por parte de los dirigentes religiosos judíos.

La Iglesia tiene la misión de cumplir con el mandato del Señor: “Id por todas partes y predicad el Evangelio”.   Hay que anunciar la salvación a todos los hombres a todos los pueblos.  Pero la misión de la Iglesia no es ganar seguidores sea como sea, para aumentar el número de sus fieles, ni para presumir de ser más que otros, ni para imponerse sobre otras religiones o culturas. La Iglesia tampoco busca hacer propaganda barata para aumentar su influencia en la sociedad, para controlar las creencias de las personas o para obtener mayores beneficios económicos.

La Iglesia católica se define, como su nombre indica, por su universalidad y ésta es la gran misión de la Iglesia, para esto existe para ser universal, porque esto es lo que Cristo le pidió a sus apóstoles: que todos los hombres de todo tiempo y lugar sepan del amor con que Dios los ama; sepan que Dios es su Padre y que quiere la felicidad de todos sus hijos; sepan que han sido elegidos por Dios para la vida eterna, de modo que la muerte no será una realidad definitiva sino el paso hacia la vida eterna, hacia la vida sin fin.

La 2ª lectura del libro del Apocalipsis de san Juan nos presenta la imagen del final de los tiempos con una nueva humanidad, formada por una muchedumbre inmensa que nadie podía contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, presididos por su Pastor. Todos nosotros somos llamados a formar parte de esa nueva humanidad.

Cada día, tenemos la experiencia de la alegría y de la esperanza, pero también del dolor, de la incomprensión, del miedo, del sufrimiento, de la desesperación.  Caemos en el pesimismo que nos ata y nos limita, nos esclaviza y nos impide saborear el don de la vida.

Por ello, esta lectura nos dice que hay esperanza y que no estamos condenados al fracaso, sino destinados a formar parte de esa nueva humanidad; estamos destinados a esa vida nueva y plena; a la libertad auténtica, a la felicidad total. 

Lo que necesitamos para formar parte de esa nueva humanidad es acoger la salvación que Dios nos ofrece; acoger el mensaje de Jesús y seguirlo por el camino del amor, de la entrega, para que obtengamos la felicidad plena.

El Evangelio de san Juan nos habla de Cristo, el Buen Pastor que nos da la vida eterna.

En nuestro mundo hay mucha gente que “viven sin vivir”, llenos de sufrimientos, sin norte en la vida, en definitiva, como ovejas sin pastor.  El creyente, a pesar de los problemas de la vida, se siente salvado, porque tenemos la seguridad de que nada, ni nadie, puede acabar con nosotros. Tenemos la seguridad de la victoria final.  Claro, que vamos a tener dificultades en el camino de la vida, pero, como cristianos, sabemos que no podemos hacer como muchos hacen: “viviendo sin ilusiones ni esperanzas”, porque tenemos un camino que recorrer con Cristo.

A veces, porque somos un “rebaño débil”, nos cuesta seguir al Pastor, porque seguir a Cristo Pastor no es sabernos algunas cosas de nuestra fe.  Es aceptar a Jesús, como la verdad última de la vida, como el criterio de actuación y como la única esperanza de salvación definitiva.

Tenemos que escuchar y seguir a Cristo, nuestro Buen Pastor.  “Mis ovejas escuchan mi voz”.  Hay que escuchar a Cristo que nos llama en medio de tantas voces que oímos, porque sólo Él tiene palabras de vida eterna.  A veces, en nuestra vida, nos despistamos y nos dejamos seducir por voces de falsos pastores, o por pastos que no nos alimentan.  No nos dejemos engañar.  Escuchemos la voz de Cristo, una voz que sabemos que no nos miente nunca, una voz en la que podemos confiar.

Recordemos también hoy, que hay muchas personas que no pertenecen al rebaño del Señor y que hay que ayudarlas para que formen parte del único rebaño que Cristo quiere: un solo rebaño y un solo Pastor.

Hoy, la Iglesia nos pide que pidamos de una manera especial a Dios por las vocaciones sacerdotales y religiosas.  Personas que dedican su vida exclusivamente a anunciar el Evangelio.

Pidamos, pues, a Dios, que el Buen Pastor, nos guíe a la patria de la felicidad y la alegría eternas.

lunes, 27 de abril de 2020

IV DOMINGO DE PASCUA (CICLO A)

En este 4° domingo de Pascua la Iglesia celebra el domingo de Cristo el Buen Pastor y la única puerta para llegar a Dios.

La 1ª lectura, del libro de los Hechos de los Apóstoles, vemos a Pedro predicando a Cristo resucitado como enviado por Dios para la salvación de todos los hombres.

Al oír a Pedro, sus oyentes preguntan: “¿Qué tenemos que hacer, hermanos?”

Nosotros también debemos hacernos esta pregunta.  Hacerse esta pregunta es ponerse en actitud de tomar conciencia de que vamos muchas veces en la vida por caminos equivocados; que tomamos ciertas opciones, comportamientos y valores que no son los que nos propone Cristo, ni son auténticamente cristianos.  Hacernos esta pregunta es reconocer que ponemos nuestras seguridades y certezas en cosas equivocadas y que lo que debemos hacer es aceptar el desafío de Dios, la propuesta que Dios tiene para nuestra vida.

Hemos de aceptar nuestras limitaciones, buscar humildemente el camino verdadero y no tener una actitud prepotente de pensar que nunca me equivoco o no poner en duda nunca nuestras acciones.

Pedro pedía conversión a los que lo escuchaban.  Convertirse es optar por Jesús y aprender de Él a amar, a servir, a dar la vida.

Hemos de preguntarnos hoy qué es lo que en mi vida más necesita ser cambiando, qué ideas, valores, comportamientos, etc., necesito cambiar para acomodar mi vida a los ideales cristianos.  Hemos de realizar en nuestra vida una verdadera conversión a Jesús resucitado y su Evangelio.

En la 2ª lectura, san Pedro nos decía: “Que aguantéis cuando sufrís por hacer el bien, eso es una gracia de parte de Dios”.  

Para esto hemos sido llamados nos dice san Pedro en su epístola, para portarnos bien, aunque tengamos que sufrir por ser buenos.  Ser fiel a la doctrina de Cristo, ser honrados y generosos, ser comprensivos y humildes, es motivo a veces de que los demás se aprovechen de los que son buenos, los desprecien o los maltraten.

Ante esta situación podemos caer en la tentación de dejar de ser buenos y preocuparnos sólo por nuestros intereses.  Si cedemos a esta tentación de cansancio, traicionaremos nuestra vocación de cristianos, no seremos fieles al mandato de Cristo, a lo que Él nos ha enseñado con su propio ejemplo para que sigamos sus pasos.

Ciertamente que no tenemos que soportar las injusticias pero hemos de aprender a confiar más en la justicia de Dios que en la justicia de los hombres.  Somos cristianos, luego vivamos como Cristo vivió.

El evangelio de San Juan, nos presentaba a Cristo como el Buen Pastor.  Jesús es la puerta para que nosotros podamos alcanzar la salvación y llegar a Dios Padre.  Jesús denuncia a todos esos falsos mesías y pastores que sólo buscan su interés personal; que sólo se acercan a los fieles para aprovecharse de ellos, para sacar de ellos algún beneficio propio.  

Hoy encontramos en nuestro mundo muchos falsos líderes, muchos falsos fundadores de religiones y de sectas, muchos líderes políticos que lo único que buscan es enriquecerse a costa de los pobres a los que engañan.  Jesús no busca su interés personal, busca el interés de cada uno de nosotros.

Jesús no se aprovecha de nosotros, Jesús no nos quita sino que nos da; Él nos comunica su vida.  Los líderes que se aprovechan de los pobres hay que rechazarlos, porque sólo pueden ser ladrones y bandidos.  Ningún seguidor de Jesús debe seguir a esos falsos líderes.

Sin embargo, muchas veces hemos abandonado este rebaño que es la Iglesia y hemos ido detrás de líderes que buscaban su interés y no nuestra felicidad.  Hemos ido detrás de la publicidad, de la moda, de lo que se lleva; hemos ido detrás de líderes que nos han sacado la sangre y nos han dejado vacíos.  Hemos abandonado a nuestro Pastor, hemos dejado de reconocer su voz, pero Jesús, el Buen Pastor, no nos abandona nunca.

En este día del Buen Pastor, se nos recuerda que todos los cristianos estamos llamados a evangelizar, pero de un modo especial hoy debemos tener presentes a las vocaciones sacerdotales, a todos los hombres que han consagrado su vida a Dios.  

Os invito a pedir a Dios para que continúe habiendo vocaciones en su Iglesia, que el Señor siga enviando las vocaciones que Él considere necesarias para este mundo.