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lunes, 23 de marzo de 2026

 

DOMINGO DE RAMOS (CICLO A)



Iniciamos hoy, con el recuerdo de la entrada de Jesús a Jerusalén en un burro, la Semana Santa.

La lectura de la Pasión nos recuerda los últimos momentos vividos intensamente por Jesús.  La Pasión y la muerte de Jesús nos introducen en la contemplación de un Dios que es amor.  Por amor, vino a nuestro encuentro, asumió nuestras limitaciones y fragilidades, experimentó el hambre, el sueño, el cansancio, la tentación, sudó sangre antes de aceptar la voluntad del Padre.  Por amor es arrojado en tierra, aplastado contra la tierra, traicionado, abandonado e incomprendido.

La lectura de la Pasión debe ayudarnos para descubrir el drama que hoy vive la humanidad y nuestra actitud ante esta situación.

Abramos nuestros oídos y también nuestros ojos, nuestra mente y nuestro corazón, para descubrir, en la lectura de la pasión, nuestra realidad.  Hoy, sigue habiendo personas que traicionan y venden a su amigo, a su familia, o a su pueblo por dinero.

El miedo de los discípulos ante el peligro sigue siendo también nuestro miedo de que nos vean vivir auténticamente nuestra fe.  La falsa promesa de Pedro de acompañar a Jesús y estar dispuesto a morir con Él, y la negación posterior, sigue siendo nuestras falsas promesas de cumplir con nuestros apostolados, con nuestra entrega generosa a las cosas de Dios, para luego olvidarnos de nuestros compromisos y negar nuestra participación.  La debilidad en la oración por parte de los discípulos, el sueño que no los deja ver la realidad y la invitación a estar siempre vigilantes y orantes porque no es fácil asumir la cruz de cada día, es también nuestro sueño de las pocas ganas que le ponemos a participar cada domingo en misa, a asistir a misa, a la formación cristiana, a ser ciudadanos comprometidos con nuestra sociedad y con la Iglesia.

Hoy también seguimos viendo a personas al servicio de la opresión y de la corrupción.  Hay soldados que trabajan por un sueldo sin importarles la desgracia de la gente.  Hay sumos sacerdotes y senadores que viven más interesados en eliminar a aquellos que son oposición, que en trabajar por el país.  Nos encontramos con personas que buscan la justicia por medios violentos, como lo que quiso hacer Pedro que sacó la espada para defender a Jesús.  Existen también hoy juicios como el que le hicieron a Jesús.  Recordemos que el juicio a Jesús no fue otra cosa sino una falsa de los poderosos de aquella época, ya que antes de ser enjuiciado ya estaba condenado a muerte.

Hoy también existen “testigos” dispuestos a declarar lo que les digan y hay también sumos sacerdotes que se escandalizan y se rasgan sus vestiduras por la blasfemia de Jesús, pero tranquilamente buscan su muerte sin importarles nada esa muerte.  Hoy también encontramos a personas que se “lavan las manos” para esconder su complicidad en los males de este mundo, pero están también los que reconocen a Jesús como verdaderamente el Hijo de Dios.

¿Dónde o con qué personaje nos queremos nosotros identificar esta Semana Santa?  ¿Cómo vas a vivir esta Semana Santa?

Participemos en las celebraciones litúrgicas de la Semana Santa.  En estos días vamos a renovar los misterios centrales de nuestra fe.

Ojala que estos días los vivamos con autenticidad, que nos sirvan para renovar y enraizar más nuestra vida cristiana personal y comunitaria.  Ojala que estos días sirvan para que nos encontremos personalmente con Cristo, para que transforme nuestras vidas.  Ojala que quien resucita para la Iglesia y para el mundo en el domingo de resurrección, resucite sobre todo en nuestros corazones y en nuestras vidas.

Celebra la Semana Santa con sentido cristiano.  Participa en las celebraciones litúrgicas y vive en tu vida lo que celebramos.

lunes, 7 de abril de 2025

 

DOMINGO DE RAMOS (CICLO C)

Con la celebración del Domingo de Ramos damos comienzo a la Semana Santa, la gran semana cristiana.  Semana que dio origen a nuestra fe y a nuestras comunidades cristianas.  Semana en la que vamos a acompañar al Señor en los últimos días de su vida.  Semana de la pasión, muerte y resurrección del Señor.

Celebrar la  Semana Santa es descubrir en toda su hondura el drama del hombre ante Dios. Drama de vida y de muerte, de traición y de eterna felicidad.

Nosotros, como los discípulos y los judíos, unas veces hemos aclamado a Cristo con entusiasmo como Rey y después lo hemos traicionado y abandonamos tantas veces, nos convertimos, por nuestra debilidad y por nuestro pecado en protagonistas de la Pasión, tal como la hemos escuchado en el Evangelio.  Ante la Pasión de Jesús no podemos ser meros espectadores pasivos. Cada uno de nosotros estábamos allí, entre aquellos judíos o aquellos discípulos, porque Jesús ofrecía su vida también por cada uno de nosotros. Y es que, para cada uno de nosotros es el relato de cuando nuestro mejor amigo entregó y perdió la vida por todos, por mí, por ti.

¡Cuántos sufrimientos físicos padeció Jesús por cada uno de nosotros para salvarnos, para pagar nuestro rescate! Y, como hemos leído en la 1ª. Lectura de Isaías, los sufrió sin quejarse en ningún momento. “No he opuesto resistencia ni me he echado para atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No respondí a insultos y salivazos”.

Comencemos la Semana Santa con un nuevo ardor y dispongámonos a ponernos al servicio de Jesús. Tratemos de mantenernos con coherencia entre la fe y la vida. Que nuestro grito de júbilo de hoy, no se convierta en el “crucifíquenlo” del Viernes. Que nuestro ramos, no se marchiten en la manos y se conviertan en ramas secas.

Por eso esta semana, vivamos la Semana Santa.

Vivir la semana Santa es acompañar a Jesús desde la entrada a Jerusalén hasta la resurrección.

Vivir la semana Santa es descubrir qué pecados hay en mi vida y buscar el perdón generoso de Dios en el Sacramento de la Reconciliación.

Vivir la Semana Santa es afirmar que Cristo está presente en la eucaristía y recibirlo en la comunión.

Vivir la Semana Santa es aceptar decididamente que Jesús está presente también en cada ser humano que convive y se cruza con nosotros.

Vivir la Semana Santa es proponerse seguir junto a Jesús todos los días del año, practicando la oración, los sacramentos, la caridad.

Semana Santa, es la gran oportunidad para detenernos un poco. Para pensar en serio. Para preguntarse en qué se está gastando nuestra vida. Para darle un rumbo nuevo al trabajo y a la vida de cada día. Para abrirle el corazón a Dios, que sigue esperando. Para abrirle el corazón a los hermanos, especialmente a los más necesitados.

Semana Santa, es la gran oportunidad para morir con Cristo y resucitar con Cristo, para morir a nuestro egoísmo y resucitar al amor.

Qué vivamos unos días santos.

lunes, 18 de marzo de 2024

 

DOMINGO DE RAMOS (CICLO B)


Empezamos hoy la Semana Santa con el domingo de Ramos en que celebramos la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén.

Las lecturas de hoy nos ayudan a entender la profundidad del misterio que vamos a celebrar.

El profeta Isaías nos hablaba del Siervo de Yahvé, éste es el que se ofrece a sí mismo, inocente, por los pecadores, para salvar a todos.  “Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos”.

Este siervo del que nos habla Isaías es Cristo, que voluntariamente ha cargado con las culpas de todos.

San Pablo, en la 2a. lectura, nos decía: “Cristo Jesús, siendo de condición divina… se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres… se humilló a sí mismo,
hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz”.

San Marcos nos ha narrado la Pasión de Jesús.

La pasión de Cristo no es sólo una página del pasado. Es también una página del presente, en la que seguimos teniendo responsabilidad. La pasión de Cristo no ha terminado. Cristo sigue hoy sufriendo en el hombre con el que Jesús se ha identificado.

Hoy sigue Cristo sufriendo la pasión cuando no sabemos acompañar a nuestros hermanos que sufren, que sienten angustia y se sienten solos, como hicieron los discípulos predilectos en el huerto de Getsemaní.

Hoy sigue Cristo sufriendo la pasión cuando vendemos nuestra vida por treinta monedas de plata; cuando nuestro deseo de prosperar nos lleva a hacer negocios no limpios a renunciar a nuestros valores más sagrados: familia, amigos, honradez, sinceridad, cuando vendemos nuestros mejores ideales por causas que no merecen la pena.

Hoy Cristo sigue sufriendo la pasión cuando buscamos en la violencia la solución de nuestros problemas, como aquellos que apresaron a Jesús con palos y espadas; cuando dejamos que cualquier tipo de violencia se apodere de nuestro corazón.

Hoy Cristo sigue sufriendo la pasión cuando acusamos injustamente a los hombres, como lo hicieron los líderes religiosos de Jerusalén; cuando no respetamos a los hombres y los acusamos sin verdad, cuando descalificamos injustamente.

Hoy Cristo sigue sufriendo la pasión cuando lo negamos por vergüenza y cobardía, como hizo Pedro; cuando no confesamos con valentía y sinceridad nuestra fe; cuando no defendemos la justicia por miedo a problemas y dificultades o al qué dirán…

Hoy Cristo sigue sufriendo la pasión cuando nos lavamos las manos como Pilato; cuando no vivimos comprometidos con la causa de los que sufren, cuando nos encogemos de hombros ante las injusticias, por miedo a las consecuencias.

Hoy Cristo sigue sufriendo la pasión cuando nos burlamos de los que sufren, de los marginados de la sociedad, como hicieron los soldados: cuando nos reímos del dolor ajeno, especialmente de los débiles.

No acusemos solamente a los judíos porque todos nosotros seguimos siendo responsables de la pasión de Cristo que aún no ha acabado.

Celebremos muy de verdad estos días santos.  En ellos se hace presente todo lo más grande y profundo que tenemos.  Que nuestra participación en las celebraciones de esta semana santa sea una participación activa, ya que para vivir esta semana, nos hemos estado preparando durante toda la Cuaresma.  Que estos días nos lleven a un renovador despertar de nuestra fe, de nuestra esperanza, de nuestro amor.

lunes, 27 de marzo de 2023

 

DOMINGO DE RAMOS (CICLO A)


Con la celebración del Domingo de Ramos abre la liturgia los días de la Semana Santa. En ella, hasta la Pascua, todo es dolor, sufrimiento y muerte. Y es, también, fidelidad al designio de Dios sobre el mundo para bien de los hombres.

Esta semana comienza con una procesión festiva con ramas de olivo: todo el pueblo acoge a Jesús. Los niños y los jóvenes cantan, alaban a Jesús.

Hemos escuchado la Pasión del Señor. Nos hará bien preguntarnos ¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo ante mi Señor? ¿Quién soy yo, delante de Jesús entrando en Jerusalén en este día de fiesta? ¿Soy capaz de expresar mi alegría, de alabarlo? ¿O tomo distancia ante Jesús? ¿Quién soy yo, delante de Jesús que sufre? Hemos oído muchos nombres: tantos nombres.

El grupo de líderes religiosos, algunos sacerdotes, algunos fariseos, algunos maestros de la ley que había decidido matarlo. Estaban esperando la oportunidad de apresarlo ¿Soy yo como uno de ellos? Incluso hemos oído otro nombre: Judas, que vende a Jesús por 30 monedas. ¿Yo soy como Judas?

Hemos escuchado otros nombres: los discípulos que no entendían nada, que se quedaron dormidos mientras el Señor sufría.

¿Mi vida está dormida? ¿O soy como los discípulos, que no entendían lo que era traicionar a Jesús? ¿O como aquel otro discípulo que quería resolver todo con la espada: soy yo como ellos? ¿Yo soy como Judas, que finge amar y besa al Maestro para entregarlo, para traicionarlo? ¿Soy yo, un traidor? ¿Soy como aquellos líderes religiosos que tienen prisa en organizar un tribunal y buscan falsos testigos? ¿Soy yo como ellos?

¿Soy yo como Pilato que cuando veo que la situación es difícil, me lavo las manos y no sé asumir mi responsabilidad y dejo condenar – o condeno yo – a las personas? ¿Soy yo como aquella muchedumbre que no sabía bien si estaba en una reunión religiosa, en un juicio o en un circo, y elije a Barrabás?  Para ellos es lo mismo: era más divertido, humillar a Jesús.

¿Soy yo como los soldados que golpean al Señor, le escupen, lo insultan, se divierten con la humillación del Señor? ¿Soy yo como el Cireneo que regresaba del trabajo, fatigado, pero que tuvo la buena voluntad de ayudar al Señor a llevar la cruz? ¿Soy yo como aquellos que pasaban delante de la Cruz y se burlaban de Jesús?

¿Soy yo como aquellas mujeres valientes, y como la madre de Jesús, que estaba allí, y sufrían en silencio? ¿Soy yo como José, el discípulo escondido, que lleva el cuerpo de Jesús con amor, para darle sepultura? ¿Soy yo como estas dos Marías, que permanecen en la puerta del Sepulcro, llorando, rezando? ¿Soy yo como estos dirigentes que al día siguiente fueron ante Pilato para decir: “Pero, mira que éste decía que habría de resucitar; pero que no venga otro engaño”, y frenan la vida, bloquean el sepulcro para defender la doctrina, para que la vida no salga afuera?

¿Dónde está mi corazón? ¿A cuál de éstas personas yo me parezco?

Que estas preguntas nos acompañe durante toda la semana.

lunes, 4 de abril de 2022

 

DOMINGO DE RAMOS (CICLO C)

Comenzamos, con la celebración de este domingo, la semana grande del cristianismo; semana en la que vamos a celebrar la pasión, muerte y resurrección de Jesús, aspectos fundamentales para nuestra fe. 

Celebrar la  Semana Santa es descubrir en toda su hondura el drama del hombre ante Dios. Drama de vida y de muerte, de traición y de eterna felicidad.

Nosotros, como los discípulos y los judíos, unas veces hemos aclamado a Cristo con entusiasmo como Rey y después lo hemos traicionado y abandonamos tantas veces, nos convertimos, por nuestra debilidad y por nuestro pecado en protagonistas de la Pasión, tal como la hemos escuchado en el Evangelio.  Ante la Pasión de Jesús no podemos ser meros espectadores pasivos. Cada uno de nosotros estábamos allí, entre aquellos judíos o aquellos discípulos, porque Jesús ofrecía su vida también por cada uno de nosotros. Y es que, para cada uno de nosotros es el relato de cuando nuestro mejor amigo entregó y perdió la vida por todos, por mí, por ti.

¡Cuántos sufrimientos físicos padeció Jesús por cada uno de nosotros para salvarnos, para pagar nuestro rescate! Y, como hemos leído en la 1ª. Lectura de Isaías, los sufrió sin quejarse en ningún momento. “No he opuesto resistencia ni me he echado para atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No respondí a insultos y salivazos”.

Comencemos la Semana Santa con un nuevo ardor y dispongámonos a ponernos al servicio de Jesús. Tratemos de mantenernos con coherencia entre la fe y la vida. Que nuestro grito de júbilo de hoy, no se convierta en el “crucifíquenlo” del Viernes. Que nuestro ramos, no se marchiten en la manos y se conviertan en ramas secas.

Por eso esta semana, vivamos la Semana Santa.

Vivir la semana Santa es acompañar a Jesús desde la entrada a Jerusalén hasta la resurrección.

Vivir la semana Santa es descubrir qué pecados hay en mi vida y buscar el perdón generoso de Dios en el Sacramento de la Reconciliación.

Vivir la Semana Santa es afirmar que Cristo está presente en la eucaristía y recibirlo en la comunión.

Vivir la Semana Santa es aceptar decididamente que Jesús está presente también en cada ser humano que convive y se cruza con nosotros.

Vivir la Semana Santa es proponerse seguir junto a Jesús todos los días del año, practicando la oración, los sacramentos, la caridad.

Semana Santa, es la gran oportunidad para detenernos un poco. Para pensar en serio. Para preguntarse en qué se está gastando nuestra vida. Para darle un rumbo nuevo al trabajo y a la vida de cada día. Para abrirle el corazón a Dios, que sigue esperando. Para abrirle el corazón a los hermanos, especialmente a los más necesitados.

Semana Santa, es la gran oportunidad para morir con Cristo y resucitar con Cristo, para morir a nuestro egoísmo y resucitar al amor.

Qué vivamos unos días santos.

lunes, 22 de marzo de 2021

 

DOMINGO DE RAMOS (CICLO B)

Empezamos hoy la Semana Santa.  Un tiempo especial para contemplar los misterios de la Pasión, muerte y resurrección de Cristo.  Y empezamos la Semana Santo con el domingo de Ramos en el que celebramos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén.


La Pasión de San Marcos nos ha presentado las conspiraciones de los fariseos y sacerdotes; el juicio contra Jesús, lleno de calumnias y mentiras; la negación de Pedro y el miedo de los discípulos; el horror de la tortura, la angustia y el sufrimiento de Jesús.


Cuando vemos todo esto que sucedió, uno se pregunta: ¿Cómo es posible que todo esto sucediera en unos pocos días?  ¿Cómo es posible que nadie saliese en defensa de Jesús?  ¿Dónde estaba toda aquella gente que lo aclamaba y vitoreaba a la entrada de Jerusalén? Esa misma multitud que hoy lo vitorea es la que a los pocos días pedía a gritos su crucifixión.  ¿Cómo pudieron olvidar tan pronto todo el bien que Jesús había hecho?


Pero el problema de la Pasión de Jesús es que se sigue repitiendo hoy día.  Todo lo que sucedió entonces, sigue sucediendo hoy.  Aquellos protagonistas somos hoy nosotros.  También hoy, como aquella multitud de entonces, somos capaces de vitorear a Jesús, pero sólo cuando nos conviene: cuando nos viene una enfermedad o ante un problema grave, entonces buscamos el milagro fácil.  Pero con mucha facilidad somos capaces de negar a Jesús, de rechazarlo cuando nos damos cuenta que lo que Él quieres es servicio y no poder ni privilegios; coherencia y no apariencia; solidaridad y no egoísmo.  También nosotros hoy, nos podemos convertir en fariseos cuando con la excusa de defender la ley, humillamos y despreciamos a los demás.


La negación de Pedro se repite hoy, cuando no queremos complicarnos la vida con compromisos con la Iglesia; y el miedo de los discípulos está presente en nosotros cuando huimos del compromiso con la justicia y con los más necesitados de nuestro mundo y permitimos que se siga hoy crucificando a todos aquellos que pide justicia y compasión.


La Cruz nos recuerda que este mundo sigue rechazando a Dios.  Pero la Cruz también nos recuerda cómo es Dios.  Y el Dios que muere en la Cruz es el Dios que nos ama, es el Dios que abre sus brazos en la Cruz para reconciliarnos con nosotros mismos y con Dios.


Dios sigue cargando sobre sus espaldas todo el horror y la maldad que los seres humanos somos capaces de hacer y sin embargo sigue apostando por nosotros.  Jesús ha dejado en este mundo una esperanza para todos los pobres y desheredados de este mundo, nos ha dicho que hay que seguir trabajando por la dignidad humana para que nadie más sea crucificado en este mundo.


El relato de la Pasión acababa con el testimonio de un centurión, un pagano, un testimonio proveniente del que menos cabía esperarlo: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”.   Este sí es el verdadero personaje con el que tenemos que identificarnos.  Después de haber colaborado en dar muerte al Señor, desde nuestra miseria y pecado, todavía podemos reconocerle a Él como el verdadero Hijo de Dios. Y desde este reconocimiento, volver nuestro corazón hacia todos los crucificados de la tierra para evitar que se levanten nunca más nuevas cruces.


Celebremos muy de verdad estos días santos.  Que nuestra participación en las celebraciones de esta semana santa sea una participación activa, ya que para vivir esta semana, nos hemos estado preparando durante toda la Cuaresma.  


martes, 31 de marzo de 2020

Domingo de Ramos (Ciclo A)


Con el domingo de Ramos comienza la “semana mayor” de todo el año: la Semana Santa. Para mucha gente son unos simples días de vacaciones. Para los cristianos es el momento de celebrar los misterios centrales de nuestra fe: Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.  Para estos misterios de nuestra salvación, nos hemos ido preparando durante el tiempo de Cuaresma.
Jesús, hoy, entra solemnemente en Jerusalén, que es el centro religioso y político de Israel.  Para entrar a Jerusalén, Jesús escogió el momento más importante, que era la celebración de la Pascua judía. 
Jesús entró a Jerusalén como Mesías –Rey montado en un burrito.  A medida que Jesús recorría en su modesto burrito las estrechas calles de la ciudad, la gente lo fue reconociendo y comenzó a extender sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calle. Y la gente que iba delante y detrás gritaba: ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
El día que Jesús entró en Jerusalén, las multitudes, al reconocerlo, lo acogieron como si fuera una estrella musical: las multitudes se agolparon, gritaron, se atropellaron; seguramente hubo algunas personas desmayadas…
Sin embargo, el Viernes Santo constatamos, con dolor, que muchos de los que lo habían proclamado como el Mesías–Rey gritaron: “¡crucifícalo, crucifícalo!”
Los seres humanos somos volubles, pasamos bruscamente del amor al odio. Esta inestabilidad se hace mucho más fuerte cuando los individuos entramos a formar parte de una multitud; allí nos masificamos, renunciamos a nuestra autonomía, nos dejamos manipular. Jesús fue una víctima más del humor cambiante de las multitudes.
En la proclamación de la Pasión de San Mateo hemos escuchado, paso a paso, la entrega de Jesús, el beso de la traición, la negación de Pedro, las burlas y las aclamaciones irónicas de los soldados: “¡Viva el rey de los Judíos!”, los gritos de “¡Crucifícalo!”, hasta la última exclamación en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, para que Jesús dando un fuerte grito, expire. 
Es la dolorosa realidad que cada día se hace presente en nuestras vidas. Por una parte se exalta al hombre, se le alaba y por otra se le desprecia, se le tortura y se le aniquila. Escuchamos la proclamación de los derechos humanos, la exaltación al respeto y a la igualdad de la mujer, se defiende apasionadamente a los niños y a los pobres, y los telediarios dan cuenta de abusos, de drogas, de violaciones, de secuestros y de la trata de personas. Es la pasión de Jesús vivida cada día en la persona de cada hombre y cada mujer.
Aquello que sucedió en aquel día, lo que pasó en esa semana, no es historia del pasado, se trata de una especie de profecía anticipada de todo lo que ocurre siempre en el mundo y en nuestra historia.
Hoy seguimos encontrando personas que son víctimas de la injusticia, de la soledad, de la traición, de la indiferencia, de la ausencia de amor. Y siempre los actores serán los mismos, quizás con alguna pequeña diferencia, el Herodes que condena, Pilato lavándose las manos, el Pedro que niega al amigo por temor al compromiso, la huida, el beso de la traición… la muchedumbre que igual en un momento alaba y exalta y en otro, se burla, condena e insulta.
Domingo de Ramos, Semana Santa… es la historia de Cristo encarnada en la humanidad, con la posibilidad de que nosotros cambiemos las situaciones y nos unamos a Jesús, Hijo de David, en su misión de paz y de amor.
La semana santa debe vivirse en este clima del gran amor de Jesús, pero al mismo tiempo debe vivirse como un fuerte reclamo ante las agresiones a la dignidad del hombre. No podemos vivir una semana santa sin compromisos, sin atención al hermano.
Quiero exhortaros para que estos días santos sean en verdad santos, dedicados a la vida de familia y al fomento de la espiritualidad que tanta falta nos hace. Participemos activamente en las ceremonias litúrgicas de esta Semana.
Cada cosa tiene su tiempo en la vida. Y la Semana Santa es tiempo de encuentro con nosotros mismos, con nuestra familia y con ese Dios que tanto nos ama. La fiesta tiene otro momento.