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lunes, 19 de enero de 2026

 

III DOMINGO ORDINARIO (CICLO A)



La liturgia de este domingo, nos hace ver que Jesús es la luz que quiere brillar en nosotros y en nuestro mundo, para ello, debemos dejar a un lado las divisiones y trabajar todos unidos por el proyecto del Reino de Dios.

La 1ª lectura del profeta Isaías es un canto de esperanza para el pueblo de Israel que está desalentado, dominado y desesperanzado.  Un pueblo que ha sido obligado a emigrar hacia la esclavitud, pero que regresa fortalecido y unido porque Dios está con este pueblo, porque Dios es la luz que los guía.

¡Cuántas veces, no hemos deseado que surja una gran luz que quite las tinieblas que se han apoderado de nuestro mundo!

Echando una mirada al mundo, nos encontramos con guerras, con egoísmos en el corazón de muchas personas, que sólo buscan la satisfacción de sus propios deseos e intereses, a costa de pisotear los derechos de los demás; cuántas desgracias hay actualmente en nuestro mundo, y muchas veces lo único que hacemos es quejarnos pero no somos capaces de manifestar una amor solidario por los que sufren.

Muchas personas viven una vida sin sentido y esto hace que perdamos las ilusiones, las esperanzas de cambiar nuestro futuro por uno más prometedor para todos.

En medio de todas estas angustias y tristezas, en medio de una vida que ha perdido el rumbo del amor, la alegría y la paz, el Señor se hace presente en medio de nosotros para iluminar nuestra vida y darle un sentido nuevo a nuestra existencia, para hacernos solidarios, para trabajar en la solución de los males que aquejan a nuestro mundo.  Sólo Dios es la luz que nos puede guiar a mejorar nuestra situación, a mejorar nuestro mundo.

La 2ª lectura de San Pablo a los Corintios es una exhortación a eliminar las divisiones dentro de la comunidad cristiana. 

San Pablo pide, en nombre de Jesucristo, que nos pongamos de acuerdo y no andemos divididos.  Es lamentable las discordias y las divisiones dentro de una comunidad porque le damos más importancia a los servidores del Evangelio que al Evangelio mismo.

Por eso, hay que preguntarnos: ¿Qué es más importante para mí, el mensajero o el mensaje del Señor? Hay personas que vienen a la Iglesia no a escuchar el mensaje de Cristo, sino a ver a la persona que presenta el mensaje del Señor; hay personas que no les importa el mensaje del Señor, sino que son seguidoras, no del Señor, sino del que presenta el mensaje.

No podemos seguir a nadie, a ninguna persona, sino sólo a Jesús, sólo el Señor es quien tiene que ser nuestro guía y maestro.  No puede ser que vengamos a la Iglesia por simpatía o no con las personas que nos presentan el mensaje del señor.

Como miembros del Cuerpo de Cristo, nuestra unión es la cruz de Cristo.  Tenemos que ser personas que hagan equipo con todos, que seamos lazos de unión.  Hemos de buscar siempre la unidad, hemos de seguir a Cristo y hemos de ser de Cristo y de nadie más.

El Evangelio de san Mateo nos presenta el programa de lo que va a ser la misión de Jesús.

Jesús comienza su vida pública y viene a implantar el Reino de Dios, pero Jesús no quiere trabajar sólo, busca y llama colaboradores.  Los escoge de entre la gente del pueblo.  Los llama uno a uno, para colaborar en su misión y convivir con Él.

Jesús también hoy, busca personas que quieran colaborar con Él, en su misión, que lo sigan.  Cuántas veces no nos habrán invitado a colaborar en algún apostolado en la Iglesia y, ¿Cuál ha sido nuestra respuesta?  ¿Cuántos se desentienden de la llamada que el Señor les hace?  ¿Cuántos hacen oídos sordos a la llamada del Señor?

Ser cristiano no es sólo venir a misa y escuchar la Palabra de Dios cada domingo.  Para eso no envió Dios a su Hijo al mundo.  Nuestra misión de cristianos requiere algo más.  El domingo venimos a misa para reunirnos como comunidad cristiana y encontrarnos con el Señor que nos da su luz y su fuerza para vivir el resto de la semana.  Por eso, hemos de interiorizar el mensaje que el Señor nos da y hacerlo vida el resto de la semana.

Vosotros vivís  en el mundo, tenéis familia, un trabajo o estudiáis, negocios, amigos, vecinos, etc., Dios quiere estar presente en todos esos lugares.  El Reino de Dios ha de llegar a todos esos lugares, Jesús nos llama hoy a dar en todas partes nuestro testimonio, a manifestar que somos cristianos, que tenemos un estilo de vida, esto es seguir a Jesús.

Jesús llamó a Pedro, Juan, Mateo, pero también te llama a ti, porque todos necesitan de Dios.  ¿Por qué nos cuesta tanto responder al llamado del Señor?

Hoy Jesús nos invitaba también a la conversión.  Hay que convertirse.  Jesús sigue presente en nuestra vida, a pesar de nuestros pecados, Él es la gran luz que ilumina nuestra vida, dejémonos iluminar por Él y seamos también nosotros luz en este mundo en que vivimos.

lunes, 20 de enero de 2025

 

III DOMINGO ORDINARIO (CICLO C)


Las lecturas que acabamos de proclamar nos hablan hoy de la importancia que debe tener la Palabra de Dios en nuestra vida.  La Palabra de Dios que proclamamos cada domingo no es sólo para escucharla sino para hacerla vida.

La 1ª lectura de Nehemías nos cuenta cómo, cuando Israel pasaba por unos momentos difíciles dentro de su historia, a la vuelta del destierro, tenían un desconocimiento total de la Palabra de Dios, sobre todo aquellas generaciones que habían crecido en el destierro. Esdras, el sacerdote, hizo una celebración solemne para ayudar a todos a redescubrir la fuerza salvadora de la Palabra de Dios.

A diferencia de la palabra humana, la Palabra de Dios es importante en la vida de los creyentes, es el medio de comunicación que Dios tiene con nosotros.  A través de la predicación y la catequesis hemos conocido las cosas de Dios. La mejor comunicación es su propio Hijo Jesucristo, que es la Palabra. En su Palabra, en el Evangelio y en Jesucristo, podemos encontrar la verdadera vida, las claves de nuestra felicidad, los valores que nos hagan más humanos. Tenemos que descubrir la importancia de la Palabra.

La Palabra de Dios siempre era escuchada por el pueblo con gran atención, como vemos en la primera lectura. Escuchamos como el pueblo de Israel se reunía para escuchar la Palabra de Dios.

Realmente ¿La Palabra de Dios es de verdad algo significativo para nuestra vida?, ¿Leemos la Palabra de Dios, leemos los evangelios? La palabra es algo importante para el cristiano.

La forma en que proclamamos o leemos la Palabra de Dios, contrasta fuertemente con el modo de hacerlo aquellos creyentes en el Señor, tal como nos narra la primera lectura de hoy.

Las distracciones que sufrimos; la falta de interés (por parte de algunos) en llegar al principio de la Misa, son actitudes muy distintas a las que muestra el Pueblo creyente ante la proclamación que se va a hacer de la Palabra de Dios. Ellos lloraban de alegría al escuchar que Dios les hablaba y nosotros nos llenamos de impaciencia y lamentamos el tiempo empleado en las lecturas de la Palabra de Dios. ¡Dios nos habla! ¡Hay que escuchar con atención y acoger lo que nos dice Dios!

La 2ª lectura de San Pablo a los Corintios sigue insistiendo, como el domingo pasado, en la unidad de la Iglesia y la comunicación y solidaridad que debe existir entre todos los miembros que formamos la Iglesia.

Cuando hablamos de Iglesia, muchos la entienden como el Papa, los obispos y los sacerdotes, sin embargo, la Iglesia somos todos los bautizados.  Al igual que en un cuerpo humano, cada miembro tiene una función, así en la Iglesia todos y cada uno tiene una función que desempeñar por muy pequeña que sea. En un cuerpo toda parte es importante, pero cada una tiene su función. En la Iglesia todos somos necesarios.

El Evangelio de San Lucas  nos dice que Jesús llega a la sinagoga, abre la Escritura y lee el sueño de un mundo nuevo. Un mundo de libertad. Un mundo de claridad, luz y verdad. Y Jesús después de leer el texto, dice solemnemente. “Hoy se cumple está Escritura que acabáis de oír”.

La palabra Evangelio significa “Buena Noticia”.  Jesús es la “Buena Noticia” porque Dios lo ha enviado para anunciar que es posible la libertad para todos aquellos que se sienten esclavos del mal.  Dios lo ha enviado para devolver a los ciegos por el pesimismo y el cansancio la visión y la esperanza en un mundo nuevo y mejor.  Dios lo ha enviado para ofrecernos su amor y su amistad.  Esta es la gran noticia que Dios nos ha dado.

A Dios no le agrada el sufrimiento, no le gusta que en este mundo unos hombres hagan sufrir a otros.

No habremos entendido el mensaje de Jesús, si no nos damos cuenta que habiendo riquezas en abundancia en este mundo y medios para que todos tengan lo necesario para vivir con dignidad, haya tantas personas olvidadas, injustamente tratados, viviendo en la miseria, sin tener lo necesario para vivir una vida digna.

No podemos organizar nuestra vida como si estas personas no existieran, como si este mundo no pudiera mejorar.  Por ello, Jesús nos llama a quitar el sufrimiento de los pobres.  Ser pobre, ser oprimido, no es bueno, va contra la dignidad de la persona humana.

Dicen los analistas mundiales que estamos viviendo, a escala mundial, una falta de ética y solidaridad en los dirigentes mundiales porque no hay avances en materia de justicia y cada día hay más personas que pasan hambre y son analfabetas. 

Vivimos rodeados de muchos a quienes importa muy poco el sufrimiento de los demás.

Hagamos hoy nosotros, como nuestro, el programa de Jesús y trabajemos por construir una sociedad más justa y humana basada en las Palabras de Jesús.

lunes, 16 de enero de 2023

 

III DOMINGO ORDINARIO (CICLO A)

La liturgia de este domingo, nos hace ver que Jesús es la luz que quiere brillar en nosotros y en nuestro mundo, para ello, debemos dejar a un lado las divisiones y trabajar todos unidos por el proyecto del Reino de Dios.

La 1ª lectura del profeta Isaías es un canto de esperanza para el pueblo de Israel que está desalentado, dominado y desesperanzado.  Un pueblo que ha sido obligado a emigrar hacia la esclavitud, pero que regresa fortalecido y unido porque Dios está con este pueblo, porque Dios es la luz que los guía.

¡Cuántas veces, no hemos deseado que surja una gran luz que quite las tinieblas que se han apoderado de nuestro mundo!

Echando una mirada al mundo, nos encontramos con guerras, con egoísmos en el corazón de muchas personas, que sólo buscan la satisfacción de sus propios deseos e intereses, a costa de pisotear los derechos de los demás; cuántas desgracias hay actualmente en nuestro mundo, y muchas veces lo único que hacemos es quejarnos pero no somos capaces de manifestar una amor solidario por los que sufren.

Muchas personas viven una vida sin sentido y esto hace que perdamos las ilusiones, las esperanzas de cambiar nuestro futuro por uno más prometedor para todos.

En medio de todas estas angustias y tristezas, en medio de una vida que ha perdido el rumbo del amor, la alegría y la paz, el Señor se hace presente en medio de nosotros para iluminar nuestra vida y darle un sentido nuevo a nuestra existencia, para hacernos solidarios, para trabajar en la solución de los males que aquejan a nuestro mundo.  Sólo Dios es la luz que nos puede guiar a mejorar nuestra situación, a mejorar nuestro mundo.

La 2ª lectura de San Pablo a los Corintios es una exhortación a eliminar las divisiones dentro de la comunidad cristiana. 

San Pablo pide, en nombre de Jesucristo, que nos pongamos de acuerdo y no andemos divididos.  Es lamentable las discordias y las divisiones dentro de una comunidad porque le damos más importancia a los servidores del Evangelio que al Evangelio mismo.

Por eso, hay que preguntarnos: ¿Qué es más importante para mí, el mensajero o el mensaje del Señor? Hay personas que vienen a la Iglesia no a escuchar el mensaje de Cristo, sino a ver a la persona que presenta el mensaje del Señor; hay personas que no les importa el mensaje del Señor, sino que son seguidoras, no del Señor, sino del que presenta el mensaje.

No podemos seguir a nadie, a ninguna persona, sino sólo a Jesús, sólo el Señor es quien tiene que ser nuestro guía y maestro.  No puede ser que vengamos a la Iglesia por simpatía o no con las personas que nos presentan el mensaje del señor.

Como miembros del Cuerpo de Cristo, nuestra unión es la cruz de Cristo.  Tenemos que ser personas que hagan equipo con todos, que seamos lazos de unión.  Hemos de buscar siempre la unidad, hemos de seguir a Cristo y hemos de ser de Cristo y de nadie más.

El evangelio de San Mateo, nos ha presentado los comienzos de la vida pública de Jesús. 

“Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”, nos decía hoy Jesús.  La conversión comienza por reconocer esa presencia de un Padre amoroso en nuestra vida. No es cuestión sólo de intentar hacerlo mejor, sino de sabernos envueltos y acogidos por esa misericordia grande de Dios en todos los momentos de nuestra vida. Si reconocemos este amor entonces las tinieblas se trasformarán en verdadera luz que nos permitirá caminar en justicia y en verdad.

Convertirse implica cambio, pero no un cambio superficial y puramente exterior, se trata de poner a Dios en el corazón, de dejarnos amar por Dios; entonces comenzaremos a limpiar nuestro egoísmo y nuestros intereses mezquinos y dejaremos de someternos al dinero y al poder.

Convertirse es descubrir que nuestro origen y nuestro destino es Dios, que nuestra misión es el amor y nuestra tarea el servicio alegre y entusiasta. Todos necesitamos conversión y nunca es tarde para hacerla actual.

Jesús viene a traer luz y a darnos esperanza para nuestra vida. Inicia así la construcción del Reino de los Cielos. Pero no lo hará  solo, inmediatamente se pone a buscar a sus colaboradores: Pedro y Andrés; Santiago y Juan, tú y yo… No nos parecerían los mejores candidatos, pero a todos llama Jesús y en todos confía. También en nosotros pequeños e inadecuados. Ciertamente andamos “enredados” en mil negocios, pero ahí está la invitación entusiasta de Jesús para ir a construir su Reino. Se requiere dejar nuestras redes y enredos, nuestros egoísmos y vacilaciones, para lanzarnos a seguir a Jesús.

No es fácil, ¡pero es una tarea importantísima! ¡Es Jesús quien lo pide! Jesús no es selectivo, no pone requisitos, invita a todos, solamente pide disposición, corazón abierto, coherencia y ¡amor!

lunes, 17 de enero de 2022

 

III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

Las lecturas que acabamos de proclamar nos hablan hoy de la importancia que debe tener la Palabra de Dios en nuestra vida.  La Palabra de Dios que proclamamos cada domingo no es sólo para escucharla sino para hacerla vida.

La 1ª lectura de Nehemías nos dice cómo el pueblo de Israel había perdido el libro de la Palabra de Dios.  Cuando el Libro fue encontrado, se reunió el Pueblo, escuchó la Palabra de Dios,  y se emocionaron ante la lectura y los comentarios a la Palabra de Dios que hacía el sacerdote Esdras.

La Palabra de Dios es la fuente de comunicación de Dios con nosotros.  Cuando se proclama la Palabra de Dios hemos de estar atentos, escuchándola, para recibir lo que Dios quiere comunicarnos y no estar distraídos o con falta de interés por llegar al principio de la Misa donde se proclama esa Palabra de Dios.

Hay que estudiar y conocer la Biblia para que la Palabra contenida en ella se convierta en norma de conducta en nuestra vida, y hay que venerar la Biblia para darnos cuenta que en ella está contenida la mismísima voz de Dios, que se hace presente en su lectura y proclamación.

Nosotros, como cristianos, no podemos dejar de conocer las Sagradas Escrituras, no podemos no estudiarla, no podemos no rezar con ella, no podemos ignorarla, porque las Sagradas Escrituras son la norma de nuestro comportamiento.  Quien no conoce las Escrituras no puede decir que conoce a Dios.

Hay muchas personas que no conocen la Palabra de Dios, para otros la Biblia es sólo un libro más para ocupar nuestras librerías.  Su lectura no nos dice nada y, a veces, ni nos interesa.

Dios habla, habla a través de la Biblia, habla en la Misa.  Por eso, quienes no vienen a Misa se están perdiendo escuchar más intensa y eficazmente la Palabra de Dios.

Dios nos habla.  Hay que escucharlo con atención y poner en práctica lo que nos dice.

La 2ª lectura de San Pablo a los Corintios sigue insistiendo, como el domingo pasado, en la unidad de la Iglesia y la comunicación y solidaridad que debe existir entre todos los miembros que formamos la Iglesia.

Cuando hablamos de Iglesia, muchos la entienden como el Papa, los obispos y los sacerdotes, sin embargo, la Iglesia somos todos los bautizados.  Al igual que en un cuerpo humano, cada miembro tiene una función, así en la Iglesia todos y cada uno tiene una función que desempeñar por muy pequeña que sea. En un cuerpo toda parte es importante, pero cada una tiene su función. En la Iglesia todos somos necesarios.

El Evangelio de San Lucas  nos dice que Jesús llega a la sinagoga, abre la Escritura y lee el sueño de un mundo nuevo. Un mundo de libertad. Un mundo de claridad, luz y verdad. Y Jesús después de leer el texto, dice solemnemente. “Hoy se cumple está Escritura que acabáis de oír”.

A nosotros, que no creemos ya en grandes palabras y nos hemos olvidado de los grandes sueños Jesús nos dice que hoy, ahora, en estos momentos, se nos da la posibilidad de un mundo nuevo. La posibilidad de la libertad y de la verdad.

Si queremos cambiar el mundo tenemos que recomponer al ser humano.  Jesús no viene a solucionar mágicamente los problemas del mundo. Viene a cambiar el mundo, cambiando la vida del ser humano. Hoy se cumple esta palabra, porque el ser humano puede cambiar su vida.  El tiempo se ha cumplido, dice Jesús. Es hora de comenzar un mundo nuevo viviendo y actuando de forma diferente. En esta tarea,  Dios está cerca y está ahí para ayudarnos. 

A Dios no le agrada el sufrimiento, no le agrada este mundo en el que unos hombres hacen sufrir a otros. El corazón de Dios siente ante todo el dolor, el sufrimiento de los oprimidos.

Hoy día sigue habiendo cautivos, muchas personas esclavas de la droga, el alcohol, el dinero, el sexo, personas atadas a múltiples dependencias materiales o personales. Jesús viene a anunciarnos la liberación de toda dependencia u opresiones que humillan la naturaleza humana y provocan el vacío y la desesperanza. La peor ceguera no es la física, sino la mental, el no ver claro el sentido de la vida, la intolerancia y la falta de diálogo, la terquedad en el propio error, la cerrazón a todo lo que no convenga a mi propio egoísmo o autosatisfacción.

Hoy también para nosotros puede ser ese gran día para ti y para mí si la Palabra de Dios que has escuchado comienza a ser “viva y eficaz”.

lunes, 18 de enero de 2021

 

III DOMINGO ORDINARIO (CICLO B)

La liturgia de este domingo nos recuerda que Dios ama a todos los seres humanos por igual.  Por eso Dios nos invita a la conversión, al arrepentimiento para poder vivir una vida en plenitud.

La 1ª lectura del profeta Jonás nos dice que Dios tiene misericordia de todos los pueblos de la tierra.  Dios es el Dios de todos los pueblos y por lo tanto Él puede pedirnos cuentas de todo lo que hacemos.

Hay pueblos, al igual que pasa con las personas, que están como marcados por el signo del mal. Los juzgamos como mal pueblo, gente poco tratable, de ellos se espera cualquier traición, cualquier cosa.   

Si vemos también nuestra sociedad, nuestro mundo actual, pareciera que no hay muchas esperanzas. Vivimos en un mundo donde cada día le damos menos importancia a los valores morales. Un mundo donde hay demasiado egoísmo, hipocresía, odio. Lo que el mundo ofrece hoy al cristiano no es agradable.

Nuestro mundo de hoy, cada vez se aparta más de Dios, no escucha a Dios, se deja dominar por el pecado.  A veces, hemos podido llegar a preguntarnos: “¿a dónde va nuestro mundo?” Algunos, incluso, desearían que Dios destruyese este mundo y comenzara otro nuevo.  Sin embargo, Dios no quiere la muerte de ninguno de sus hijos, Dios no quiere la destrucción de este mundo; lo que quiere es que nos convirtamos y recorramos, con Él, el camino que conduce a la vida, a la felicidad sin fin.

Necesitamos redimir, salvar a nuestro mundo aunque creamos que ésta es una misión imposible como lo creía Jonás con Nínive. Y esta es una labor de todos los que somos y nos llamamos cristianos: salvar a nuestro mundo.

La 2ª lectura de san Pablo a los Corintios, nos quiere hacer ver que la vida es corta, unos cuantos años, o días que pasan rápidamente. Los cristianos tenemos que vivir pensando que el tiempo es breve.  Debemos vivir como si Dios nos fuera a pedir cuentas de un momento a otro.

Los valores de este mundo, las cosas de este mundo, por muy importantes que sean, no deben ser lo prioritario de nuestra vida.  Esto no quiere decir que despreciemos las cosas buenas que el mundo pone a nuestra disposición, sino que se trata de no poner en las cosas de este mundo nuestras esperanzas, nuestras seguridades o el objetivo de nuestra vida.

Por eso debemos vivir de cara a esa vida que nunca termina, la única por la que vale la pena luchar, esa vida eterna para la que hemos sido creados.  Por eso es necesario darse prisa porque el tiempo que tenemos es muy poco, menos quizás de lo que nosotros nos imaginamos.

Los días de un cristiano han de estar, por tanto, llenos de buenas obras. Cada instante ha de ser una ocasión bien aprovechada de amar y de servir a Dios, y por Él, a todos los hombres.  No corramos el peligro de llegar al final con las manos vacías, avergonzados de presentarnos ante el tribunal divino con la triste historia de una vida muerta y sin sentido.

El Evangelio de san Marcos nos hace una doble llamada: a la conversión y a seguir a Jesús.

Todos los líderes presentan su mensaje social o político como un programa de felicidad humana.  Todos nos hablan de bienestar y progreso.  Todos prometen la felicidad sobre la tierra.  Pero todos los líderes evitan pronunciar en sus campañas palabras negativas que puedan desanimar a sus seguidores.  Por eso todos los proyectos humanos son imperfectos.  Hablan de derechos, pero no de deberes.  Jesús, sin embargo, comienza el anuncio del Reino, la predicación de su Evangelio, diciéndonos: “Convertíos”, cambiad el rumbo, arrepentíos.  Cambiad no el exterior de vuestras vidas, sino el corazón y la mente.

“Convertirse” significa “ponerse a pensar”, “revisar el enfoque de nuestra vida” Ver lo que tenemos que cambiar para que se cumpla en nosotros los sueños de Dios. Convertirse es “liberar la vida” eliminando miedos, egoísmos, tensiones y esclavitudes que nos impiden crecer de manera sana y armoniosa. 

Hay que convertirse, porque en el Reino de Dios no hay lugar para la ambición que genera guerras fratricidas. Hay que convertirse, porque en el Reino de Dios no hay lugar para la infidelidad conyugal, ni para los negocios sucios, ni para la intolerancia. Hay que convertirse, porque en el Reino de Dios todos somos hermanos, iguales en dignidad ante Dios. Hay que convertirse, para poder creer que es posible ser más feliz compartiendo que atesorando, creer que la fraternidad es posible si estamos dispuestos a ceder de lo nuestro en favor de los demás.

“Convertíos porque está cerca el Reino de Dios”, nos decía hoy Jesús.  Aprovechemos esta invitación del Señor para cambiar, ahora o nunca.

martes, 21 de enero de 2020

III DOMINGO ORDINARIO (CICLO A)

La liturgia de este domingo, nos hace ver que Jesús es la luz que quiere brillar en nosotros y en nuestro mundo, para ello, debemos dejar a un lado las divisiones y trabajar todos unidos por el proyecto del Reino de Dios.
              
La 1ª lectura del profeta Isaías es un canto de esperanza para el pueblo de Israel que está desalentado, dominado y desesperanzado.  Un pueblo que ha sido obligado a emigrar hacia la esclavitud, pero que regresa fortalecido y unido porque Dios está con este pueblo, porque Dios es la luz que los guía.
 
¡Cuántas veces, no hemos deseado que surja una gran luz que quite las tinieblas que se han apoderado de nuestro mundo!
 
Echando una mirada al mundo, nos encontramos con guerras, con egoísmos en el corazón de muchas personas, que sólo buscan la satisfacción de sus propios deseos e intereses, a costa de pisotear los derechos de los demás; cuántas desgracias hay actualmente en nuestro mundo, y muchas veces lo único que hacemos es quejarnos pero no somos capaces de manifestar una amor solidario por los que sufren.
 
Muchas personas viven una vida sin sentido y esto hace que perdamos las ilusiones, las esperanzas de cambiar nuestro futuro por uno más prometedor para todos.
 
En medio de todas estas angustias y tristezas, en medio de una vida que ha perdido el rumbo del amor, la alegría y la paz, el Señor se hace presente en medio de nosotros para iluminar nuestra vida y darle un sentido nuevo a nuestra existencia, para hacernos solidarios, para trabajar en la solución de los males que aquejan a nuestro mundo.  Sólo Dios es la luz que nos puede guiar a mejorar nuestra situación, a mejorar nuestro mundo.
 
La 2ª lectura de San Pablo a los Corintios es una exhortación a eliminar las divisiones dentro de la comunidad cristiana. 
 
San Pablo pide, en nombre de Jesucristo, que nos pongamos de acuerdo y no andemos divididos.  Es lamentable las discordias y las divisiones dentro de una comunidad porque le damos más importancia a los servidores del Evangelio que al Evangelio mismo.
 
Por eso, hay que preguntarnos: ¿Qué es más importante para mí, el mensajero o el mensaje del Señor? Hay personas que vienen a la Iglesia no a escuchar el mensaje de Cristo, sino a ver a la persona que presenta el mensaje del Señor; hay personas que no les importa el mensaje del Señor, sino que son seguidoras, no del Señor, sino del que presenta el mensaje.
 
No podemos seguir a nadie, a ninguna persona, sino sólo a Jesús, sólo el Señor es quien tiene que ser nuestro guía y maestro.  No puede ser que vengamos a la Iglesia por simpatía o no con las personas que nos presentan el mensaje del señor.
 
Como miembros del Cuerpo de Cristo, nuestra unión es la cruz de Cristo.  Tenemos que ser personas que hagan equipo con todos, que seamos lazos de unión.  Hemos de buscar siempre la unidad, hemos de seguir a Cristo y hemos de ser de Cristo y de nadie más.
 
El Evangelio de san Mateo nos presenta el programa de lo que va a ser la misión de Jesús.
 
Jesús comienza su vida pública y viene a implantar el Reino de Dios, pero Jesús no quiere trabajar sólo, busca y llama colaboradores.  Los escoge de entre la gente del pueblo.  Los llama uno a uno, para colaborar en su misión y convivir con Él.
 
Jesús también hoy, busca personas que quieran colaborar con Él, en su misión, que lo sigan.  Cuántas veces no nos habrán invitado a colaborar en algún apostolado en la Iglesia y, ¿Cuál ha sido nuestra respuesta?  ¿Cuántos se desentienden de la llamada que el Señor les hace?  ¿Cuántos hacen oídos sordos a la llamada del Señor?
 
Ser cristiano no es sólo venir a misa y escuchar la Palabra de Dios cada domingo.  Para eso no envió Dios a su Hijo al mundo.  Nuestra misión de cristianos requiere algo más.  El domingo venimos a misa para reunirnos como comunidad cristiana y encontrarnos con el Señor que nos da su luz y su fuerza para vivir el resto de la semana.  Por eso, hemos de interiorizar el mensaje que el Señor nos da y hacerlo vida el resto de la semana. 
 
Vosotros vivís  en el mundo, tenéis familia, un trabajo o estudiáis, negocios, amigos, vecinos, etc., Dios quiere estar presente en todos esos lugares.  El Reino de Dios ha de llegar a todos esos lugares, Jesús nos llama hoy a dar en todas partes nuestro testimonio, a manifestar que somos cristianos, que tenemos un estilo de vida, esto es seguir a Jesús.
 
Jesús llamó a Pedro, Juan, Mateo, pero también te llama a ti, porque todos necesitan de Dios.  ¿Por qué nos cuesta tanto responder al llamado del Señor?
 
Hoy Jesús nos invitaba también a la conversión.  Hay que convertirse.  Jesús sigue presente en nuestra vida, a pesar de nuestros pecados, Él es la gran luz que ilumina nuestra vida, dejémonos iluminar por Él y seamos también nosotros luz en este mundo en que vivimos.